«Hermanos de sangre», por Ernst Haffner

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El tren tiene vía libre y corre que se las pela. Willi tan sólo siente leves sacudidas, que son más bien un constante balanceo. Las manos agarradas a las tiras oscilantes, las piernas bien sujetas a las barras. Willi nota cada vez con mayor intensidad el viento cortante, el afilado viento que pasa silbando. Un polvo espeso le entra en los ojos por los agujeros del morral. Ahora está ciego. ¿Para qué necesita ver? Su intuición le sugiere cómo ha de mantenerse bien agarrado. Otra cosa no puede hacer. Acurrucarse en calma y esperar, esperar, esperar, diciéndose a cada instante: mañana estarás en Berlín. No parar de decirse cosas, lo que sea, los números del uno al diez mil. O recitar un poema. Todo menos adormecerse; de lo contrario, en cualquier momento podría llegarle el final. Una inclinación ni siquiera grande del cuerpo a la izquierda o a la derecha y adiós muy buenas.

Fragmento seleccionado de «Hermanos de sangre. Una novela berlinesa», por Ernst Haffner, Seix Barral.

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Reflexiones y/o fragmentos y/o frases desde el monasterio 03

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Día 9: —> 12:53 p.m. Hoy aprovecho el día y salgo del monasterio para dejarme ver un poco. Almorzado, voy ya, pues. Conmigo llevo el único libro que me traje para lectura. Cuando me aburra me sentaré en algún banco de tantos parques o senderos o bosques que por estos lares abundan para terminar de leerlo. Se trata de la novela «No está solo», de Sandrone Dazieri, publicada por Alfaguara. Dicho sea de paso: es una lectura apasionante, un increíble descubrimiento del género negro, que te deja sin respiración desde la primera frase. Vamos, que le da mil vueltas a la trilogía Millenium de Steig Larson. Y dicho sea de paso, os aseguro que leí la trilogía, y me resulto fascinante y me gustó y no le quito mérito, y que fue un gran descubrimiento; pero le cogí manía, se me atragantó desde que empecé a cruzarme con amigas “snobs” de mi familia y vecinas algo “sobreactuadas”, que ya una vez pasado el boom literario, me acechaban y me contaban que se estaban leyendo una novela de un tal sueco, como si les fuera la vida en ello o se estuvieran leyendo la segunda parte de «El Quijote», vamos. En fin, mamarrachadas aparte y pensamientos para(lelos y lelas) por otro lado, y dejando al señor Larsson, que en paz descanse, vayamos a lo casual, a lo inesperado. ¿Qué? Un fragmento de la novela que cito en el siguiente post. No quiero daros más la brasa hoy. Gracias a todos. Ah, aviso para navegantes e incondicionales del señor Larsson. El 27 de agosto sale a la venta la cuarta entrega de la serie. No está escrita por Larsson, quien falleció tristemente después de entregar su tercer texto. Vecinas y petardas, si llegasteis al tercero, el cuarto está «chupao», ¿no? Pero prefiero que no me contéis nada ni quiero veros con el libro a cuestas por el ascensor o cuando venís del gym o de hacer lo que sea que hacéis en vuestros clubs de padel.

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Reflexiones y/o fragmentos y/o frases desde el monasterio 02

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Día 10: —> 06:26 a.m. Ya os comenté que la única lectura que me traje al monasterio de Santo Domingo de Silos había sido la novela «No está solo», de Sandrone Dazieri. La escogí un poco por el título en sí, un poco también por el gran éxito que había cosechado entre la crítica literaria italiana más exquisita y por la trama, supongo. Pero a lo que voy: La mayoría de las tardes las paso leyendo en la biblioteca del monasterio, cuál fue mi sorpresa cuando en la página 271, con el silencio más sepulcral del respeto y algunos casi inaudibles cánticos que venían de la sala de oración, me encuentro con el siguiente párrafo: «A pesar de que sus padres habían sido fervientes católicos, Rovere había crecido con la duda, la misma constante y la misma voluntad de comprender que lo habían ayudado a crecer en su carrera de policía. Aunque, ¿cómo se puede aplicar el pensamiento racional a lo incognoscible, a lo trascendente? Demasiado escéptico para creer y demasiado ligado a la tradición para rechazar la idea de Dios, Rovere se había quedado en vilo. No iba a misa, pero no se definía como ateo, ni tampoco como agnóstico. Dios probablemente existía, pero estaba tan lejos del mundo y de los hombres que creer en Él o no creer daba lo mismo». (fin del fragmento). Cerré el libro, me levanté, puse la silla en su sitio, y dejando todas mis cosas allí, sin preocuparme por más, salí al exterior a buscar qué, ¿una respuesta? Ni siquiera yo lo sé. Espero que mis vecinas tampoco.
—Conexión via Skype con Pumuki… [Ey, Pumuki, ¿cómo va todo? Antes de cortar la conexión, ¿tú leíste la edición original en italiano de esta novela «Uccidi il padre»? Cierto. Eres un crack. ¿No crees que Dante toma demasiado Xanax*? Qué va, el Xanax es maravilloso, sobre todo si lo mezclas con alcohol. Joder, tío, tú que entiendes tanto de paz interior y me preguntas estas cosas] (…) Fin de la conexión.

*Xanax: principio activo de la familia de las benzodiazepinas conocido como Alprazolam. En nuestro país se comercializa como Trankimazin.

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Reflexiones y/o fragmentos y/o frases desde el monasterio 01

carmen-rigalt

Siempre me ha fascinado CARMEN RIGALT. No solo por su belleza, sino también por su inteligencia y elegancia reflejada en cada uno de sus textos. Ni que decir tengo que soy un incondicional de su columna semanal en la contraportada del diario EL MUNDO. El pasado domingo me desayuné, he aquí un REPUBLICANO ACÉRRIMO, con una crónica suya en la que se despachaba bien a gusto con la Reina Letizia. Y claro, sólo la Rigalt puede decir cosas como que: «tiene aire de mujer nerviosa, nariz de pájaro y cierta velocidad verbal, aunque si voy más atrás diré que en el telediario daba perfecta. Luego, su rostro empezó a cambiar, primero la nariz, luego el mentón, los botox, esos arreglos que los cirujanos desvelaban (…) sus ramalazos neuróticos, como la obsesión por proteger constantemente a las niñas (…) utiliza la excusa de las niñas para dar plantones o huir de los actos a medias». Siempre Rigalt, siempre nos quedará Carmen.

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«Hablemos de langostas», David Foster Wallace, Mondadori

david_foster_wallace-langostasAntes de continuar, reconozcamos que los interrogantes acerca de si y cómo diferentes especies de animales sienten dolor, y de si y por qué uno podría justificar el hecho de infligir dolor a un animal con el propósito de comérselo, resultan sumamente complejos y enrevesados. Y que conste que la neuroanatomía comparativa no es más que una parte del problema. Dado que el dolor es una experiencia mental totalmente subjetiva, no tenemos acceso directo al dolor de nada o nadie más que el nuestro propio; e incluso los principios mediante los cuales podemos inferir que otros seres humanos experimentan dolor o tienen un interés legítimo en no sentir dolor implican adentrarse en temas de filosofía avanzada —metafísica, epistemología, axiología, ética—.

Fragmento seleccionado del ensayo «Hablemos de langostas», por David Foster Wallace, Literatura Mondadori.

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