Agosto, frío en el rostro (y otros lugares malditos de Malasaña)

esperanza-aguirre

Fuente: El periodista digital

Esperanza Aguirre pone boca de niña tonta, de niña boba maleducada en un colegio de monjas porque este fin de curso los “profes”, oigan, han hecho la vista gorda, y cómo suelen decir han pegado carpetazo a sus notas, a sus expedientes, hasta le han subido la nota a la niña rubia que dicen por los mentideros le gusta aquello de las persecuciones a lo Steve McQueen. Que dicha ella, que dichosa la pobre niña rica que este curso lo ha aprobado todo. ¿Papá ha extendido un cheque? Y hablando de rubias, la otra de turno, la Infanta doña Cristina o lo que quiera que sea, le han pegado las rebajas del año, joder, tijeretazo al estilo billete de avión. Así, como quien no quiere la cosa ha visto reducida su fianza, sanción, multa o cómo quiera que se llama en más de 2 millones de euros. ¿Otro maletín? ¿Otro cheque? ¿O que de pronto al hermano le ha dado la vena sentimental? De aquí para arriba, y por no seguir, ya saben ustedes, cualquier ventana de ordenador les puede contar todo esto y más, pero es que uno abre la otra ventana, la de casa, sí esa que tiene asideros,  la que todos o casi todos tenemos, porque lo de una vivienda digna por derecho constitucional en este país a muchos se la suda, y por la que , de vez en cuando, emocional ejercicio, dicen los terapeutas : O bien por la mañana o bien por la tarde o por la noche o al ocaso o al amanecer saca la cabeza y:

—Veo golpes, cadena perpetua, pena de muerte, para los chorizos, los conductores borrachos, los cantantes de serenatas nocturnas, los porreros, los secuestradores de niñas y los malatratadores de esposas, los maleantes, los terroristas, los sin papeles, los políticos corruptos, las adúlteras, los morosos, los niños que hacen novillos, los yonquis, los ladrones, las mujeres que matan a sus bebés en picadoras de carne, los atracadores, los asesinos, los violadores de vírgenes, los suicidas, los sindicalistas, los profesores pusilánimes, los que se exceden en cualquier cosa, los que no llegan, los negros de la manta, los esquizofrénicos que clavan a sus madres un cuchillo en el esternón, los que fuman en las escaleras de incendio de los sanatorios, los chinos de la mafia, los paparazzi, los pirómanos y los travestis que ejercen la prostitución y las putas bielorrusas y los vendedores de pañuelos de papel, para los moñas que hacen botellón y se cagan en la escalera… —me va diciendo la señora que llevo sentada a mi lado en el autobús.

—Perdone, señora, me deja pasar, yo me bajo aquí, si sigue comiéndome la oreja de esta forma y a ese ritmo me da un no sé qué que va usted a citar a los poetas malditos, y yo lo soy, así, que, si no le importa, nos vemos en el Infierno. Maldita, poeta, infierno… La canícula licúa las mentes (mascullo entre dientes esto último, vaya a sacar la vieja una katana y rebanarme los huevitos).

Próxima parada: (Mala)saña. (Voz en off del autobús)

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Acto final

piano madera blog
El piano estaba, me acuerdo, al final del salón. Dejó caer su abrigo en la entrada del apartamento y con la mirada fija en la penumbra, que reflectada del exterior, rodeaba la majestuosa obra de madera, se acercó hasta él. Me pidió permiso para sentarse. Sin mirarme a los ojos siquiera. Sí. La tapa estaba abierta. Rozó las teclas como la caricia que nunca inventaría. Me acerqué a ella, sigilosamente, musitando sonidos corporales por debajo de los tonos del piano, los que ella arrojaba como armas inofensivas. Buscando la protección del silencio musitado me aproximé a la figura de la pianista pensando en la muerte, en la vida, en la música, en el dolor, en el final, en que el crimen ya estaba en otra pintura, o en otro lugar o desvaneciéndose ya en lo inacabado de sus movimientos. Tan solo me quité la corbata, y antes de atársela al cuello, la convertí en un puñado de cenizas, de polvo, que alguien limpiaría a la mañana siguiente, después de recoger los restos de una partitura casi quemada… Tan solo pude adivinar los siguientes compases. Pero ella, todavía, me saluda cada mañana, a la misma hora y con el mismo ritmo, al salir del conservatorio, (o me saludaba).

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Ataraxia

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(…) y se dio la vuelta, era él, sí tú. Cuatro años nos distanciaban. El paso de una guerra en los Balcanes destrozó las vidas de los muchos que allí dimos un paso al frente. Pero ahora lo tenía delante de mí, con el señuelo de las arrugas que surcan los rostros recluidos en la soledad (que no la de los números primos), esto tenía algo más que ver con la física cuántica o con esa química resultante en tu lágrima que cayó segura, por los renglones de las ojeras del Orfidal. No podías ser otro, aunque te advierto que solo me dejaron vagar por ese lugar… Vagar, no deducir, pero sí adivinar. Y sobraron, sobraron maletas y cepillos, alfombras y velas, muñecas rotas y uniformes anclados en el asfalto como el símbolo de una victoria aliviada por esa ataraxia que ahora me transmites… Sólo mirar…

(D.M.)

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Debió ver 1,6 metros, el hombre

autobus siniestrado francia

Fuente: Agencia EFE

accidente autobus francia 02

Fuente: Agencia EFE

accidente autobus francia 03

Fuente: Agencia EFE

El conductor del autobús ha declarado que creía que la mole que (conducía) (pese a las advertencias de altura limitada del túnel), pasaba holgadamente. ¿Le han hecho la prueba de estupefacientes y/o alucinógenos? Yo creo que éste se metió una seta en un descansillo antes de llegar al “túnelillo”.

—Si alucinas, no conduzcas; y menos un trolebús de dos plantas, tío.

 

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Hágase tu voluntad, agente Morey

garcia-margallo--644x362—Perdonen que no me levante, pero con esa cara no se puede ser ministro de exteriores, oiga. Este señor ha conseguido que se me atragante la tostada del desayuno mientras leía su declaración en la portada del diario «El País» de hoy domingo: «En la Unión Europea preocupa más Podemos que Cataluña», dice el berenjenas éste. Caballero, déjese de uniones y poderes y échele cojones al asunto, y mueva lo que le quede o le dejen de CNI (Centro Nacional de ¿Inteligencia?) y rescate a los tres periodistas españoles secuestrados en Siria. Eso es lo que tiene que hacer y de lo que tiene que hablar, pero a ver qué espía después de ver esa cara de amargado carpetovetónico, le quedan ganas de ir a un operativo. Qué hostias. (Y dicho sea de paso, aprenda algo de diplomacia y educación, porque lo del dedito, no, no caballero, ay, que no espabilamos, señor Margallo). Se me ocurre una idea, y mire que yo no estoy hoy muy inspirado: —¿Y si (What if?) llamamos al Agente Morey?

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