colores inventados

 

Para A.

 

ventanas de colores
canciones virtuales
espejos de paso
globos que estallan en silencio
intercambio de horas
regalo de vidas
verdades en la cara
verdades como ojos
—regalo imposibles mientras te enfoco con mi cámara de la timidez
invento estas palabras mientras se vela una foto en blanco y negro
donde nunca nos reconoceremos, donde nadie verá la fugacidad de lo quieto,
porque somos verdad y hoy, por el tiempo y los días…
… te regalo estas falsas o quizá ciertas (¿quién sabe?) palabras entre teclados….

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«Mañana, otra vez», por Diego Moya en Amazon.com

Mi libro «Mañana, otra vez», publicado por El Quid Ediciones, ya a la venta en Amazon.com

Se puede comprar en todo el mundo mundial en este enlace:

http://www.amazon.com/Ma%C3%B1ana-Otra-Vez-Spanish-Edition/dp/8493732737

mañana otra vez diego moya

Comprar libro relatos «Mañana, otra vez», por Diego Moya

Muchas gracias a todos los que habéis hecho realidad este humilde proyecto.

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«Para acabar con Eddy Bellegueule», por Édouard Louis, Salamandra.

para_acabar_con_eddy_bellegueule_300_rgbSegún iba creciendo, notaba más clavada en mí la mirada de mi padre, el terror que lo iba invadiendo, su impotencia ante el monstruo que había creado y cuya anormalidad se iba afirmando de día en día. A mi madre parecía tenerla desbordada la situación y tardó muy poco en tirar la toalla. Muchas veces pensé que llegaría el momento en que se marcharía dejando una simple nota encima de la mesa donde explicara que ya no podía más, que ella no había pedido un hijo como yo, que no estaba dispuesta a vivir aquella vida y reivindicaba su derecho a dejarla atrás. En otras ocasiones creí que mis padres me iban a llevar al arcén de una carretera o a lo hondo de un bosque para abandonarme allí, como se hace con los animales (y sabía que no lo iban a hacer, que era imposible, que no llegarían a eso; pero se me ocurría esa idea).

Fragmento seleccionado de la novela «Para acabar con Eddy Bellegueule», de Édouard Luis. Publica Ediciones Salamandra.

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Leopoldo María Panero, Poesía completa (1970-2000), Visor de Poesía

In memoriam

LEOPOLDO MARÍA PANERO

JUICIO FINAL

No sé si fuego o luz,
o cadáver en la sombra
o estantigua de sueños
donde muere el hombre
y se convierte, muerto, en artista del hambre
para saciar los gritos de su cuerpo
y llegar a la playa
donde muere el hombre.

               * * *

Ah este hombre, cercado de ponientes
este poema
cercado por los hombres
como una bandera azul para insultar al viento
y a la nada —y al ciervo—
vagando donde ya no hay hombre
sino una flor nacida
de la blanca floración de la nada.

               * * *

A ti, lector, te ofrezco
las serpientes de mi boca
la amarilla floración de mi boca
la amarilla y oscura
floración del odio.

                * * *

Oh el brazo cercenado
cuyo doble es el poema, ah la nada
que al poema por doble tiene
ah la palabra impura que todo sabe de rimas
y no de vida.

                * * *

Nada hay ya turbio
nada hay ya
parecido a la vida
ni un muslo de mujer, ya ni una duda
nada hay ya
sino el poema como un pus, como una ortiga
cercenando mi mano.

Poema “Juicio Final” seleccionado del libro «Poesía completa (1970-2000)», de Leopoldo María Panero, Colección Visor de Poesía, Edición de Túa Blesa.

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«Un millón de gotas», por Víctor del Árbol, Destino editorial.

un millon de gotas victro del arbolCecilia era tan ingenua para creer que los hombres necesitan ser escuchados, que si les muestras amor se enamoran. Que la justicia está por encima de los actos que cometemos y que tarde o temprano se acaba imponiendo. No es que fuera tonta o idealista, veía lo que sucedía, pero decidía cambiarle el color. Quizá eso fue lo que le llamó la atención de ella la primera vez. Su optimismo y su confianza en el género humano, pese a que cada noche la mitad de ese género se la follaba sin muchas contemplaciones.

Él no la rescató a ella. Fue Cecilia la que le sacó del infierno. La que le prometió que se harían viejos juntos, que tendrían muchos hijos que cuidarían de ellos, viendo como año tras año se convertían en abuelos. Pero llegó el cáncer, esa burla cabrona de la vida, que juega al trilero: ¿dónde está la bolita? Y la bolita es la felicidad, que nunca se está quieta, que siempre es mentira, que desaparece entre los dedos del genio embustero. Diez años, eso le regaló la vida. Y el resto de su existencia para echarla de menos.

Fragmento seleccionado de la novela «Un millón de gotas», por Víctor del Árbol, Destino Editorial.

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