Ataraxia

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(…) y se dio la vuelta, era él, sí tú. Cuatro años nos distanciaban. El paso de una guerra en los Balcanes destrozó las vidas de los muchos que allí dimos un paso al frente. Pero ahora lo tenía delante de mí, con el señuelo de las arrugas que surcan los rostros recluidos en la soledad (que no la de los números primos), esto tenía algo más que ver con la física cuántica o con esa química resultante en tu lágrima que cayó segura, por los renglones de las ojeras del Orfidal. No podías ser otro, aunque te advierto que solo me dejaron vagar por ese lugar… Vagar, no deducir, pero sí adivinar. Y sobraron, sobraron maletas y cepillos, alfombras y velas, muñecas rotas y uniformes anclados en el asfalto como el símbolo de una victoria aliviada por esa ataraxia que ahora me transmites… Sólo mirar…

(D.M.)

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