Fred Cabeza de Vaca o la posibilidad del héroe moderno

fred cabeza de vaca vicente luis mora

Antes de empezar, antes de la obra, antes de Fred…

Todos confusos. Todos nosotros. Los miedosos. De momento inmóviles. Expectantes…

Ahora, se abren las páginas. Comienza la lectura, el suspense, la creación, la obra, la aventura, el misterio, el descubrimiento, el diario, los apuntes, las mujeres, el sexo, el arte desdibujado, el arte desmedido, lo involuntario, el poder desgarrador de la palabra, el placer de la falsificación como la invención de un género literario, sí, los esquejes, la materia, el miedo, la provocación, el proyecto, el camino: Fred Cabeza de Vaca.

Se notan los 4 años que Vicente Luis Mora (Córdoba, España, 1970) ha invertido en la creación de «Fred Cabeza de Vaca» (Sexto Piso, Madrid, 2017). [De ahora en adelante, y no por cuestiones de abreviar, sino por la confianza que uno le llega a tomar a Fred Cabeza de Vaca, lo llamaremos Fred, para los amigos].

Digo que se notan porque estamos ante un trabajo narrativo, una novela, un manual de vida / supervivencia / humanidad perfecto en todos sus aspectos. Y me atrevo sí, afirmo y digo que estamos ante una obra maestra se mire por donde se mire. Fred es una de las celebraciones más gloriosas que conozco del arte de narrar y crear y, por ende, una de las ejecuciones más brillantes que he conocido en la nueva narrativa española, lejos de estereotipos post-modernistas. En fin, estamos ante un proyecto culminado en la cumbre más alta de la creación y que bien le ha valido el XXVIII PREMIO TORRENTE BALLESTER. Mientras escribo estas líneas, el autor, seguro que acompañado de un buen reparto del equipo de Sexto Piso, presenta la novela en A Coruña. Casualidad no más. Era por contarlo.

La novela, se caracteriza porque integra en un discurso textual una serie de voces procedentes de varios elementos, perfectamente entrelazados, a través de los cuales, el autor nos va introduciendo en la vida del protagonista en esa suerte de meta-ficción que es la biografía de su vida, la de Fred, que elabora Natalia, ya la conocerán. Cada uno de esos elementos [anotaciones, esquejes, entrevistas, diario, apuntes, números, etc.] expone un modo de ver las cosas y el mundo en general, pero además, cada uno de esos discursos / elementos son el resultado de un plurilingüismo generado por la concurrencia lógica, artística, biográfica y ficcional de la historia y vida de Fred, y por tanto, del espacio o espacios geográficos y sociales donde se produce el discurso que pretende ser desde la primera página un pulso enigmático de pasión y emoción, intriga y descubrimiento de la vida de Fred.

Nos encontraremos con el nacimiento del personaje, con su infancia freudiana, con sus días de formación [permítanme, pero hay también en este personaje una reinvención paralela de la metamorfosis kafkiana] Fred tiene ese componente de insecto y libélula. Pero no voy a dar detalles. Se van al libro y lo descubren. ¿Por dónde iba? Por la formación. Eso. Por su llegada a la capital, por sus idas y venidas, sus miedos, sus vanidades, sus excentricidades, sus amores, pasiones, fobias, filias, creaciones, exposiciones, amigos, amigas, y por ese lenguaje mordaz, desgarrador y acertado con el que construye y define la sociedad distópica o no que le ha tocado vivir. Porque Fred comenta lo que observa, y lo que observa está proyectado, envuelto en arte, el arte social del fraude y el engaño, el arte del contrato social, donde la parte contratante (1) el Estado y la parte contratante (2) el pueblo, elevan a público el desengaño vital del presente y ese futuro más próximo que a todos nos explotará en la cara, como a Fred.

La narrativa de Vicente Luis Mora, la que lleva muchos años trabajando y demostrando [como Lecto-espectador], y que ha alcanzado su cumbre en Fred es una escritura que posee recursos sociológicos insospechados. Su expresión escrita acude a atender las necesidades de esta nueva sociedad y el nuevo tipo de hombre y/o mujer. No busca la poesía transmisora del mito vivo, se adhiere a una prosa que describe y desnuda ferozmente la realidad revestida de un ropaje idealizado y pleno de fantasía.

El hombre de la calle no recuerda los grandes héroes del mito y del pasado, sino que se siente vinculado a estos protagonistas de novelas, hombres como él, que van a recorrer una serie de aventuras sociales exóticas y maravillosas para desdoblarse como un yo disociativo de sí mismo, donde al final la bondad del dios de cada uno les procurará una suerte de destino dichoso para siempre.

Fred admite la variedad de la forma en toda su expresión: el relato del autor y el de los personajes y testigos e indagadores; incluye descripciones del país, de la naturaleza, de las ciudades, pinta las curiosidades y las obras de arte [destrozándolas, alabándolas, odiándolas]; reflexiona sobre temas científicos, filosóficos, históricos, religiosos, intercala relatos breves y discursos retóricos y eróticos, cartas, entrevistas y diálogos, etc, consiguiendo así un todo, un relato, una historia, una vida, que podría ser universal o acotada en los extremos de una sociedad recubierta de arte, propaganda y un pizca de nihilismo sobrenatural, que a todos, en mayor o menor medida, nos salpica.

Esta novela es un exuberante manual existencialista sobre la capacidad del ser humano para manejar la peor de sus pesadillas. Fobias encadenadas por esposas sin una llave aparente con la que abrir y conseguir la más preciada de todas las libertades. Son las fobias de Fred, pero también lo son sus arrogancias.

Esta obra maestra es un ejemplo de lo que el ser humano puede hacer cuando ve materializadas todas sus fobias. Ver, sentir, tocar, follar… sencillos actos que más allá de lo cotidiano se alían en una atmósfera ataviada con la mejor de las fábulas posibles para llevarnos al fantástico viaje del humano poder contra todo.

Fred deambula por simples y llanas escenas que convierte en (parábolas) cargadas de simbología urbana para diseccionar una sociedad dominada por los temores más fácticos posibles.

Un complejo de personajes difuminados en el rostro del (monstruo) cruzan una peligrosa y mágica linea donde el equilibrio entre la voluntad y el azar juegan una arriesgada (batalla) anclada en nuestras siempre resbaladizas acciones.

Tan sencillo es temer como vivir, ¿verdad, amigo Fred?

Aunque morir aquí es lo de menos. La muerte es tan segura que nos da toda una vida de ventaja. No nos exige nada, tan sólo estar. Lo demás, no. Todo muere. Todo, hasta la más inmensa obra de arte. Todo es efímero. Claro que sí, Fred.

Vivir con miedo es doloroso, nos invade y paraliza.

Pero si alguien lo comprime, y nos lo sirve en pequeñas dosis, es la mejor de las curas posibles. Y ese alguien, por si todavía no se han dado cuenta es Fred Cabeza de Vaca, Fred para los amigos. Pero insisto, para hacerse amigo de Fred, hay que leérselo. Es como el cortejo de los enamorados. Los preliminares para llegar al orgasmo cósmico de su natural paradigma / vida / ficción, de Fred.

Por eso Fred es un héroe, y como todo héroe debe ser conocido. Y en este caso, mejor dicho: deber ser leído. Seguro, que acabarán haciéndose amigos de él. Inténtenlo. Merece la pena, y mucho.

Porque tiene esta obra mucho de dignidad, de valentía, de coraje y originalidad. Porque hay un antes y un después en la narrativa española con Fred Cabeza de Vaca. Porque hay un vitalismo existencial y exponencial en cada elemento fragmentario que subyace en la parábola final, en el resultado de una ficción que solo es posible como consecuencia genial del trabajo y dedicación de cuatro intensos años de exploración para demostrarnos que otra narrativa es posible, y, por lo tanto: la posibilidad de ese héroe [moderno].

Fred Cabeza de Vaca es un manual de vida, un compendio filosófico y psico-analítico, una novela [súmmun], un elemento artístico contra el arte contemporáneo, un libro de auto-vida, y también, por qué no de auto-salvación, que no confundir con auto-ayuda.

Fred es también un héroe, y si me apuran un anti-héroe. Pero es en esa disparidad, en ese conjunto acotado que les doy donde reside el apego con el lector, donde uno, de alguna forma u otra, se ve reflejado, porque Fred tiene mucho del hombre moderno y / o contemporáneo. Fred es la estrella que da luz a nuestras miserias más oscuras, a nuestros deseos y vicios menos inconfesables, y a los cuartos más oscuros de nuestra consciencia. Fred es lo más. Fred es república y reino, anarquía y cohesión. Fred demuestra que todo cinismo es posible. 

Fred demuestra que puede ejemplificar las cosas de la vida, generar momentos para compartir. La mayoría de novelas caen en el olvido, pero la buena narrativa tiene una fuerza arrolladora, se queda atrapada en nuestras vidas para siempre.

Fred, a pesar de lo malo, nunca abandona la mirada propia. Los peligros son otros: te puedes volver estéril, ser solo manierismo. Puedes, como les ocurre a muchos, perder el contacto con la realidad, volverte inadecuado a tu tiempo y refugiarte en lamentos y rencores hacia el presente, cualquier cosa, sí, cualquiera menos perder la capacidad analítica y crítica, para así montarnos la escena creativa de su personalidad y abrir en canal un país para psicoanalizarlo en la mesa de operaciones, como si de un lienzo se tratara, un lienzo atomizado por el color, la materia, y una suerte de escala de grises…

Durante su lectura nos haremos muchas preguntas, nos cuestionaremos como seres bípedos que somos, nos psicoanalizaremos, pero lo más importante, la pregunta estrella será esa que recorre el texto como un fantasma blanco: ¿Qué es el arte? ¿Lo que vemos o lo que quieren que veamos? ¿Se crea por dinero o el dinero crea el arte? ¿Se puede vivir por amor al arte? ¿Se puede cuantificar el arte? ¿Se puede humanizar el arte? ¿O fue todo aquello un fraude?

Hallarán muchas respuestas. Y se divertirán. Claro que sí.

Les doy mi palabra.

[Reseña / crítica de la novela «Fred Cabeza de Vaca», Vicente Luis Mora, Ed. Sexto Piso, 2017]

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El milagro de «Devoradores de flores»

Sí, en literatura también existen los milagros. Son posibles y palpables. En narrativa lo que supera al texto ignoto es «per se» un verdadero milagro, un descenso hacía las profundidades del abismo imaginativo, una cascada de sensaciones sensoriales que te provocan ese estallido de adrenalina y explosión química / orgásmica —plenitud absoluta del trance de la lectura y el cruce entre comprensión y percepción— que roza el escalofrío. Roza la perfección. Y en este caso puedo dar fe de que el milagro está, es cierto, ha llegado, el milagro es y lo alcanza la novela, el libro, la obra, el descubrimiento, el canto, el mosaico, el lienzo, el escenario, el drama, la escena, el país, la revolución, la guerra, el amor, el deseo, la pasión, los colores, los aromas, los húngaros, la magia, la soberbia, la mirada, los vivos que parecen muertos, los muertos que parecen vivos, la canción, la brizna, los tulipanes, el río, los revolucionarios, los gitanos, los espacios, la sinceridad, la perfección, el summun y los personajes más exquisitos e inimaginables que hayas podido imaginar y que es «Devoradores de flores», novela publicada por la editorial Sexto Piso este año, 2017, escrita por László Darvasi, considerado uno de los mejores narradores de húngaros de su generación, y genialmente traducida por Eszter Orbán.

978841667721

Devoradores de flores, László Darvasi, Sexto Piso, 2017

Escribo estas líneas mientras espero, sí, espero con emoción e impaciencia a que mi editorial de cabecera, Sexto Piso, cuyos libros, —puedo citar muchos, me han desbordado de pasión, culminado de placeres, cubierto de emociones y experiencias. Espero, como decía, —mientras escribo estas líneas—, con esa mimética, generosa y placentera ansiedad del que sabe que va a descubrir algo bello, que le insuflará puro oxígeno literario, la publicación del catálogo de novedades para el último cuatrimestre de 2017. Catálogo de placeres mayúsculos. Catálogo seguro que repleto de obras de culto. Sexto Piso nunca defrauda. Sexto Piso es magia, perfección, vitalidad, maestría y genialidad. Un grupo de editores y profesionales excelsos, encabezado por Raquel Vicedo y David M. Copé, artesanos de primera fila, con humanidad, sí, y además, lo más importante: gozan y pueden presumir, claro que sí, de un gran criterio literario para seleccionar textos y adaptarlos a sus precisos traductores consiguiendo así verdaderas obras de artesanía, verdaderas «arquitecturas» y perfectas geometrías literarias y narrativas allá donde las haya. Más allá del algoritmo de lo infinito.

En el panorama literario español, tal y como corren los tiempos, lo importantes es permanacer, estar y destacarse. La clave del éxito de una editorial de primera fila como de la talla de Sexto Piso ha sido y es, y será la elegancia y la exquisita sabiduría de conseguir lo imposible y perseverar y deslumbrar al lector con cada publicación. Sí, porque cada libro de Sexto Piso es un acontecimiento que muchos celebramos y esperamos con la mejor de nuestras sonrisas. Porque las palabras y Sexto Piso son poderosas. Y hoy, por lo menos, un servidor necesita héroes y heroínas literarias.

Supongo que a estas alturas cualquier lector que se precie tiene que conocer la editorial Sexto Piso. En caso contrario, no lo duden, palabra de lector orgullosamente enganchado: subanse al Sexto Piso, que nunca se bajarán de él. Prometido queda

Y ya que estamos con «Devoradores de flores», aquí no vale eso de una imagen vale más que mil palabras. Aquí valen las palabras para demostrar que lo que he escrito anteriormente de la novela es asaz cierto, asaz demostrable y asaz palpable.

Por aquí os dejo, hay muchos, pero este es, creo, en mi humilde opinión, uno de los mejores fragmentos. El libro, el mío, esta repleto de subrayados y anotaciones, de recuerdos. Ha sido un libro para mí muy importante, porque me concedió la capacidad de seguir adelante cuando más lo necesitaba. Por eso me devoró de emociones y fuerzas divinas. Y dicho sea de paso, es de esas piezas que nunca deseas que terminen… Cuando terminas de leer, pasas la última página, lentamente, como buscando más letras, más vida… solo te queda el placer de abrazarlo, y por qué no, releerlo. Y te das cuenta que el Sexto Piso al que me subí hace años es eterno y roza los altares de la edición en España.

No se lo pierdan.

«En cierto sentido todos vivimos exiliados, señor. La inmensa mayoría de nuestras leyendas se han acabado. Sus protagonistas serán destituidos, y los milagros diseñados y fabricados. Los prodigios se rodearán de muros. Todo fenómeno digno de admirar será objeto de apropiación, se convertirá en propiedad, como si el milagro tuviera una dimensión física. [...] Produciremos milagros que tendrán fecha de caducidad, los reproduciremos. Podría decir que Dios y sus santos son milagros nacidos del espíritu esfuerzo manufactero del espíritu. Por cierto, yo no creo en Dios, aunque si creo en el milagro de Dios. Sin embargo, lo que sigue ya no tiene que ver con el milagro de las manufacturas. Los milagros los compraremos y los tendremos en casa, como las mascotas o como los aparatos domésticos. Usted también tendrá milagros, señor Vogel. Los comprará y serán suyos como un perro o un cerdo».

A la memoria de mi madre, María Engracia Álamo Klattenhoff (17 de agosto de 1951 – 11 de junio 2017), quien no pudo terminar de leer «Devoradores de flores». 

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Locura de «Loco»

LOCO SEXTO PISOPerdonen que no me levante, pero voy a desplazar, que no menospreciar, con todo el respeto, las siempre listas de turno, que aparecen todos los años sobre si la novela tal y cual es la mejor leída. Están muy bien, oiga. Su trabajo cuesta. Yo en su momento también las hice, y por lo tanto, estoy libre de pecado. Pero seamos coherentes, sinceros y buenos lectores. Si este, pasado año, 2016, hubo una novela que rompió con todo lo establecido y traducido / publicado en España, narrativamente hablando, esa novela es «Loco», de Rainald Goetz (Sexto Piso, 2016).

¿Por qué?

Por muchas razones: —por su originalidad, por su magistral arquitectura, por sus voces dispares y elocuentes, por su compromiso, por su lirismo, por la naturalidad desmedida ante la locura, y la denuncia social contra la cordura. Sí, por todo esto, —sé de lo que hablo—, porque «Loco», es una novela, pero también es un manual de psiquiatría, un libro de culto, una novela punk, un manifiesto, unas memorias, una suerte de meta-creación como nunca se había publicado en España.
Es un libro comprometido, revolucionario, acido, irreverente, original, voraz, destructivo, colosal. Un imaginario / fragmentario de ideas, que solo una mente (cuerdamente) atormentada puede creer, leer y crear. Una suerte de libro de cabecera. Una suerte de retrato de la desquiciada sociedad en la que vivimos. En fin, pasen y lean. No se lo pierdan. Ésta es mi lista del 2016. Con un poco de retraso, pero apasionadamente desquiciado por colgarla, porque como lector, humilde lector, me ha dolido, y mucho, no haber visto a «Loco» en casi ninguna de esas listas que tanto cuestan confeccionar, oiga. Y, lo dicho, perdonen que no me levante. Estamos, pues, ante un alegato contra el post-modernismo, contra una sociedad bipolarmente desquiciada, contra el yo universal desolado y el nihilismo más explícito entre la fe y lo daimónico. Son los días nuestras prisiones. Son las palabras nuestros espacios. Son las horas nuestra ansiedad. Las mañanas nuestros vértigos. Son los psicofármacos nuestros salvadores, los amigos que nunca nos abandonan. Esta sociedad, la de antes, la que nos acecha, está abocada al manifiesto de «Loco», con todas sus consecuencias epistemológicas, allá dónde las haya. La denuncia y el compromiso social están de moda. Pero hay que hacerse notar. Y la nota, o mejor dicho: la letra, con sangre y locura, entra filosóficamente y psiquiatramente hablando. Porque el concepto de super-yo que Goetz, psiquiatra de profesión, pone de manifiesto en su novela, es una suerte de héroe necesario para irrumpir en nuestras oxidadas mentes, y pelarlas, capa a capa, como si pelaras una cebolla, descifrando así el concepto neurocientífico que nos acecha, el psicoanálisis que nunca nos hicieron; y, por tanto, consiguiendo esa psicopatología de la vida cotidiana que tanto nos hace falta para seguir existiendo en estas ciudades despobladas, deshumanizadas y ahogadas de hormigón.

Ah, qué se me olvidaba. «Loco» fue publicada originalmente en Alemania en el año 1983. Corrían otros tiempos, no nos vamos a engañar. Pero la denuncia, el compromiso social, la agonía mental y corrosiva con la que está construida está de manifiesto hoy en día. El texto no ha perdido valor, todo lo contrario, lo ha ganado en sí mismo. Y la editorial Sexto Piso, ha acertado con su traducción, acierto inmejorable, acierto de sobresaliente, porque los lectores (locos, cuerdos, medio locos, trastornados, dichosos, revolucionarios y / o caprichosos) necesitábamos un texto como «Loco», nunca mejor dicho, en estos momentos sociales y morales al borde del precipicio o qué sé yo. Y queda en singular.

Así que la mejor standing ovation para la editorial Sexto Piso. Por su artesanal y admirable trabajo de publicación.

Reseña de la novela «Loco», de Rainald Goetz, Madrid: Ed. Sexto Piso, 2016

Más información, fragmento de cortesía de la novela y opción de compra haciendo click sobre esta frase

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«Brújula», por Mathias Enard, Literatura Random House

«Brújula» es una novela diferente. Es una novela de amor, de sentimientos, de viajes, de personajes variopintos, de la búsqueda del placer y del hedonismo. «Brújula», de Mathias Enard, publicada en España por Literatura Random House, es un viaje hipnótico y balsámico; una experiencia tan bella como apacible, tan intensa como enigmática. «Brújula» está plagada de rincones llenos de maravillas. Sus personajes occidentales que aman y viven el placer de oriente, desbordan sus experiencias entre los dos mundos que juegan a la suerte de fusionarse como una catarsis de experiencias ya pasadas, que ahora, la retina de la memoria, devuelve en forma de cánticos, sinfonías, vivencias, desiertos, veladas, madrugadas y noches de insomnio plagadas de papeles y manuscritos. Mathias Enard ha creado un texto insuperable, una novela de culto, para disfrutar y experimentar los placeres sensoriales que por ella van deslizándose con la maestría singular de su pluma. Los personajes, las criaturas humanas de «Brújula» se desnudan, se desgarran poco a poco, para con la maestría del lenguaje y la oración, describirnos un paraíso narrativo en el que el lector se sentirá cómodo, en paz, necesitando mirar por esa ventana en un intento de encontrar el espacio lírico de oriente que irá percibiendo en aromas y vivencias. «Brújula» es un camino inolvidable entre dos mundos, Oriente y Occidente, que pretenden unirse con la paz de la poesía, la música, el amor, los sueños, y los recuerdos, porque «Brújula», también es Sarah, ese amor platónico de Franz que abre y cierra ventanas, que te lleva de un lugar a otro, cada vez más armónico y bello, cada vez más perfecto, porque con la elegancia de Enard todo es posible, maravilloso, y soñador. Mil y una veces. Mil y un día. Mil y una noche más volvería a leer esta novela, que me dio la paz que necesitaba mi espíritu, que me dio vida, que me hizo sentir el amor y las miradas, y la nostalgia como si fuera mía, como si pudiera robársela a los personajes, para luego devolvérsela como un deseo pasional. Esta novela también es locura, la locura del desafío, la locura del nómada, del sabio, del hombre. Detrás de cada mirada, detrás de cada palabra, detrás de cada lágrima, detrás de cada ausencia, detrás de cada vida, cada muerte, cada minuto y silencio hay una historia que contar, una imagen retórica que ofrecer, una mano que salva, un destello de poesía, un personaje diferente a todos los demás que te hará pensar, sentir y llorar. Brillante. Perfecta. Rotunda. «Brújula» es una recreación de los sentimientos más profundos del ser humano, sobre la condición de la mujer en sus situaciones más límites, sobre la profundidad y el poder de la palabra escrita y hablada.  «Brújula» es una obra maestra ganadora del premio Goncourt en Francia, que nadie debería perderse.

Reseña de la novela «Brújula», de Mathias Enard, Literatura Random House, 2016

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Fragmento escogido:

Menuda maldición el insomnio ¿Qué hora es? Ya no recuerdo muy bien las teorías de Schopenhauer sobre el amor. Creo que separa el amor entre la ilusión ligada al deseo sexual por una parte, y el amor universal, la compasión por otra. Me pregunto qué pensaba Wagner al respecto. Debe de haber cientos de páginas escritas sobre Schopenhauer y Wagner y yo no he leído ninguna. A veces la vida es desesperante.
Filtro de amor, poción de muerte, muerto por amor.
Voy a prepararme una infusión, venga.
Adiós al sueño.
Un día compondré una ópera que se titulará El perro de Schopenhauer, sobre amor y compasión, sobre la India védica, el budismo y la gastronomía vegetariana. El perro en cuestión será un labrador melómano al que su dueño lleva a la ópera, un perro wagneriano. ¿Cómo se llamará ese perro? ¿Atma? Günter. He ahí un nombre bonito, Günter. El perro será testigo del fin de Europa, de la ruina de la cultura y del regreso a la barbarie; en el último acto el fantasma de Schopenhauer surgirá de entre las llamas para salvar al perro (solo al perro) de la destrucción. La segunda parte llevará por título «Günter, perro alemán» y contará el viaje del perro a Ibiza y su emoción al descubrir el Mediterráneo. El perro hablará de Chopin, de George Sand y de Walter Benjamin, de todos los exiliados que encontraron el amor o la paz en las Baleares; Günter acabará su vida feliz bajo un olivo en compañía de un poeta al que inspirará hermosos sonetos sobre la naturaleza y la amistad.
Ahí lo tienes, te estás volviendo loco. Te estás volviendo completamente loco. Ve a prepararte una infusión, una bolsita de muselina que te recordará a las flores secas de Damasco y de Alepo, a las rosas de Irán.

Fragmento de la novela «Brújula», de Mathias Enard, Literatura Random House

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«Strangeland» o el placer de ser uno mismo

big_185A la inversa de los místicos, que hacían de su cuerpo el instrumento de salvación de su alma, los libertinos, insumisos y rebeldes, ambicionaban vivir como dioses y en consecuencia liberarse de la ley religiosa, tanto a través de la blasfemia como de las prácticas voluptuosas de la sexualidad. Oponían al orden divino el poder soberano de un orden natural de las cosas. Según esta teoría individualista, la experiencia puede, quizá, prevalecer sobre el dogma y la pasión sobre la razón.

Si he decidido empezar la reseña de la novela autobiográfica «Strangeland», de la escritora y artista Tracey Emin, publicada en España por la editorial Alpha Decay en su colección “Héroes Modernos”, con el primer párrafo arriba citado, no ha sido por capricho, ni mucho menos. Es un párrafo bienintencionado porque en él se resume un poco la trayectoria que vamos a leer en las páginas del libro, y porque de todo lo que cuento en él, hay mucho en el texto / vida / obra / experiencia de Tracey Emin.

Bienintencionado porque en la novela hay mística (Tracey super—yo), hay instrumentos (…), salvación (su escalada hacia ella), hay libertinos, insumisos, rebeldes (personajes secundarios). También hay dioses, o mejor dicho el dios de Tracey, un dios personal, creado como un icono sintomático y necesario, como una vela que ella apaga y enciende cuando lo necesita o lo presume. Hay blasfemia (…). Y, por supuesto, hay, y mucha: práctica de sexualidad. El adjetivo voluptuoso, quizá no sea el más adecuado. En la novela, en la vida de Tracey el sexo es un deseo errático, a veces, hasta destructivo, es una fantasía de lo rocambolesco, una proyección de su yo herido, tan herido de soledad, que busca —en un intento de consumar, a la vez, sus fantasías— un sexo tan compulsivo que roza la adicción, lo visceral, pero también lo dulce y lo vaporoso.

El orden natural de las cosas, escribo en el primer párrafo. Sí, por qué no. Tracey Emin hace de cirujana de sí misma, y sin miedo a contar pero sí con miedo a vivir, se abre en canal con una precisión que roza lo milimétrico para confesar su vida, sus días, sus temores, sus borracheras, sus depresiones, su naturaleza autodestructiva, su fe, sus perdidas, sus hadas, sus musas, sus amantes. Y por eso el orden, porque aunque parezca que Emin es una promiscua, cuando lean la novela verán que no tiene nada que ver con esa calificación. Tracey Emin es una persona, persona / herida, que necesita desnudarse ante el lector como terapia, y es en esa desnudez donde se desarrollan las autoterapias que durante su vida, ella, se inflige, en una suerte de autoflagelación, para buscar la compañía, el amor, la maternidad, la música, los lugares, la vida y la muerte. Las metáforas del hombre mayor como padre / amante. Los desafíos de la mente que la inducen a continuos altibajos y momentos de bipolaridad son una verdadera genialidad, no solo por la forma de contarlos, sin tapujos, sin escondrijos, sin juegos de palabras, sino también por la rectitud enérgica que transmite la fuerza de su feminismo. Tracey Emin niña / mujer / adulta se autoflagela durante el recorrido de su particular via crucis como una búsqueda de lo robado, una búsqueda de la identidad proyectada en la pantalla de su creación, en la dicotomía del doble yo, o quizá el super-yo.

Tracey Emin nos demuestra que la felicidad como tal, esa absurda y malsonante palabra, no existe. Quizá haya algo cósmico o místico o sexual, que se le aproxime. Pero en cualquier caso serían millonésimas partes de un segundo que casi ni apreciamos, como tampoco apreciamos los microseísmos que son nuestras vidas, nuestras macromiserias, nuestros oscuros y libertinos lugares de la memoria que pocos nos atrevemos a contar por aquello del qué dirán. Pero Emin, va más allá de toda serenidad, y en el movimiento tectónico de sus yoes, de de su persona/s, se desgarra para conseguir un minuto de paz, mientras su Strange(land) tiembla, mientras tú estás tranquilamente echando un polvo fingido con alguien que te asquea o aguantando las estupideces banales que la gente, esa gente de la letra y la ignorancia, escupen por sus operadas y asquerosas bocas.

En la novela de Tracey Emin hay drogas, sexo, alcohol, promiscuidad, inocencia, paz y locura. Sus desnudos, su sexo se transforma en el poder de la palabra, en el mimetismo extremo del coraje de contar su vida. Emin transmite armonía y paz. Lo hace, a través, de su infierno particular. Un infierno que muchas veces ha podido ser el de nosotros mismos, hombre o mujer, sí, aquí no se salva nadie. El infierno es para todos por mucho dios que quieras o inventes…

La forma de narrar de Tracey Emin es de un realismo, que va directo al estómago; de un realismo visceral. nos convierte en testigos de la muralla inexpugnable de nuestra mente, de nuestra memoria, de la vida y la muerte… Terminas el libro, cierras los ojos y tu corazón sigue latiendo, y entonces te das cuenta, sí, caes en la cuenta de que los dioses se desentienden de la cosa humana, y es este regalo de Tracey Emin el que nos hace sentirnos dentro de todo… Todos llevamos Fantasmas a nuestras espaldas, y sin ellos andamos perdidos, ciegos… Por eso leer a Emin es luz. Y es, por encima de todas las cosas, un perfecto aprendizaje de la mirada, de esa mirada al pasado que casi nunca nos atrevemos a echar.

El mayor miedo de Tracey, y como el resto de todos los mortales, es la soledad. Pero por no saber controlarla y dejarla que respire por ella, en una suerte de desdoblamiento, busca refugio en lo sórdido, lo peligroso, y a la vez, bello. Rozando siempre los límites entre la vida y la muerte. Pero siempre deseando vivir, a su manera, sí, pero con el deseo vestido de arte manufacturado. El miedo, los temores de la autora son los pilares fundamentales de esta desgarradora autobiografía.

Veremos toda una vida. Veremos amor, belleza, sangre, sentimientos, pudor, arrepentimiento, errores, aciertos, virtudes, defectos, anhelos, miedos, temores, ansiedad, felicidad… ¿Y qué es la vida? Todo esto y algo más. Ese algo más lo dejo en la incógnita que se despejará cuando lean semejante maravilla. Una novela que muchos hombres deberían leer.

Tracey Emin es ella, a pesar de sí misma. Es ella. Es un ejemplo.

No tienes que nacer con huevos para tener huevos. Los cojones te pueden colgar entre las piernas pero también puedes demostrar que los tienes con tu actitud; es esto último lo que me ayuda a levantarme por las mañanas, lo que me inspira a cambiar mi vida, lo que mueve el mundo.

                                                                                     Tracey Emin

Reseña de la novela «Strangeland», de Tracey Emin, publicada por Alpha Decay

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