principios (in)activos

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Para ti, Louis, por tantas cosas.

despertar cada mañana
intuir tus miradas entre el blanco mortecino de la infidelidad de tus sábanas
la camisa sucia
los zapatos limpios
el agua contaminada
donde muere el despertador
la bañera, ahora, con restos de arena…
y el resto del día nos abrazaremos al silencio
donde agonizan las mentiras que cada noche nos sirven en bandeja
porque olvidar es una forma de mentir
y el mar hace siempre retornar nuestros cuerpos
y seguiremos muriendo en cada crucigrama de domingo
en cada rancio suplemento dominical
y seguiremos muriendo al abrazo de un puñado de cajas
llenas de principios inactivos
porque está permitido equivocarnos
y hoy, ya lunes, me he despertado pensando en tus abrazos
buscando una sonrisa inventada
para que nadie me reproche que nunca lo he intentado
que blanco es el ayer
que triste el porvenir…
…ventanas de colores
canciones virtuales
espejos de paso
demonios con bombones
globos que estallan en silencio
intercambio de horas
regalo de vidas
pasaportes sin fechas de caducidad
verdades en la cara
verdades como ojos,
y te regalo imposibles mientras te enfoco con mi cámara de la timidez,
e invento estas palabras mientras se vela una foto en blanco y negro
donde nunca nos reconoceremos, donde nadie verá la fugacidad de lo quieto,
porque somos verdad y hoy, por el tiempo y los días…
… te regalo estas falsas o quizá ciertas (¿quién sabe?) palabras entre teclados…
mientras sigo buscando la privada sustancia de nuestro amor clandestino porque apenas sé nada de la vida
y ahora que te encuentro… te pido, te grito y me pierdo en los acantilados de mi memoria ignota

Diego Moya ©

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«Poemas del manicomio de Mondragón», Leopoldo Mª Panero, Poesía Hiperión

  poemas del manicomio de mondragon

           

 LOS INMORTALES

                                      cada conciencia busca la muerte de la otra
                                                                                               HEGEL

En la lucha entre consciencias algo cayó al suelo
y el fragor de cristales alegró la reunión
Desde entonces habito entre los Inmortales
donde un rey come frente al Ángel caído
y a flores semejantes la muerte nos deshoja
y arroja en el jardín donde crecemos
temiendo que nos llegue el recuerdo de los hombres.

Poema seleccionado del poemario «Poemas del manicomio de Mondragón», publicada por poesía Hiperión.

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Soledad y memoria, Eduardo

haroibars (1)

Memoria de Bistriz

ya no surgen del suelo aquellos arcoiris de menta
y granadina que brotar solían inesperados —raudos
relámpagos de atardecer manchado y gasolina
siempre incierta— espera eterna de una caricia al
filo de la navaja/ventana abierta siempre por 
donde llegaban aullidos— no alumbra ya mano de
gloria el escenario de tropelías comunes

el autobús sin embargo conduce como entonces
a horizontes de purpurina descascarillada
y el viejo metal cromado me acompaña en mi paseos

de manicomio a cementerio
de tumba a tumba
de bar oscuro a bar aún más oscuro

como entonces las escaleras de incendio
soportan el peso de guardianes jóvenes
licántropos movidos por radio patrullan nuestras calles —paraísos

puedes encontrar todavía hechos de orina fresca sangre— vientos
huracanados en torno a las más altas torres de poder

y aunque el Viejo Asesino se haya convertido en costurera
aunque desmoronados torreones no muestren ya dientes sino encajes
aunque niños de pelo azul piel de amaranto hayan sustituido

en los alcázares de la rudeza infantil de tus cuchillos
la memoria perdura y no ha caído todavía
el paso elevado por donde circulan —como entonces

como entonces— animales plumas de sonido
dragones como entonces garras de vainilla

“se escapa el barco
y ese perro… “

Eduardo Haro Ibars, poema “Memoria de Bistriz”, «Obra poética», Huerga y Fierro editores

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Ana Santos, la Gaviera.

ana santos guapa guapa guapaDe esas tardes aburridas que te da por ordenar carpetas, por repasar lo que tienes desparramado por lo hilos de tu ordenador, de esas tardes que no pretendes nada, que tu mente ni hace ni deshace, todo o nada, el silencio o la palabra…
Y a un golpe de click, en un pantallazo, esta foto, si me lo permites, tu foto. Creo que es la primera vez que la saco a la luz, que la expongo más allá de toda abertura focal posible, si no lo hice antes fue por timidez, o por respeto, qué sé yo. No sé si lo sabrás, pero la foto tuvo una parte de casualidad y otra de intencionalidad. Corría un día de marzo de 2013, asistíamos a la conferencia sobre la vida y obra de Virginia Woolf, la ponente, todo un lujo, Silvia Querini, editora de Lumen; y tú, a su lado, ensimismada, saboreando cada palabra, cada sílaba; y en esa foto, en esa imagen que fue un click, —te lo prometo—, un instante, un milisegundo exponencial, un suspiro, si me lo permites, después de que Pedro, sentado junto a mí en el patio de butacas, me dijera: —Hazle una bonita (…) apareciste así, como ahora tengo el placer de recordarte, como lo hago todos los días. Como esa foto, que no necesita más palabras ni presentación que tu nombre porque en ella vive mi recuerdo. Humilde, pero sincero.

No te olvido, Ana. 

(Ana Santos Payán, Editora de El Gaviero Ediciones, 1973-2014)

 

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Minuto infeliz

esperar_01Esperé sentado en aquel aeropuerto desierto, sin voces ni llamadas.
Esperé a que Foster Wallace escribiera su último ensayo.
Esperé la noticia del año.
Esperé a que llenaras la nevera de manzanas podridas.
Esperé una guerra detrás del objetivo.
Esperé tu juventud, tus cartas, tus ventanas, tus fotos de cumpleaños,
tus recuerdos fragmentados en blanco y negro…

Esperé una palabra, al menos, una palabra gritada en nuestro refugio ignoto.

Esperé ese minuto que me prometiste hasta que la ley lo hizo infeliz.

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