No debemos olvidar «Vietnam»

Cubierta-ALTA--DisparaA la vista de la cantidad de publicaciones de ficción (1) sobre la guerra de Vietnam que últimamente están apareciendo de la mano de muchas editoriales, me apetece, por si alguno anda «despistao», en términos históricos, recomendar «Dispara a todo lo que se mueva», de Nick Turse (Madrid, Ed. Sexto Piso, 2014). Éste es uno de los mejores ensayos (no-ficción), que se hayan escrito sobre la estúpida e incoherente guerra de Vietnam (otra de las tantas e inacabables paranoias anticomunistas de los Yunaited Esteits), que no podemos olvidar ni dejar nunca de lado. Nick Turse no solo plantea un texto histórico de alto rigor sobre lo acaecido en aquellos años de la «mierdosa guerra», sino que también partiendo de documentos, cartas, etc. consigue relatar las atrocidades más increíbles que los soldados norteamericanos llevaron acabo contra la población civil de Vietnam del Sur, como por ejemplo el asalto a la aldea de My Lai. Un lujo de publicación escrita como elemento ensayístico de entendimiento, comprensión y denuncia de una guerra que nunca debería haber existido. Hay que leerlo, pues, sí o sí.

(1) Publicaciones destacadas de ficción sobre la guerra de Vietnam de reciente edición

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Means, David, “Histopía”, Madrid: Editorial Sexto Piso, 2017

VAUGHN, Stephanie, “Alfa, Bravo, Charlie, Delta”. Barcelona: Sajalín editores, 2017

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Nguyen,Viet Thanh, “El simpatizante”. Barcelona: Ed. Seix Barral, 2017

Y en último lugar, aunque fue publicada por Random House en 2008 no podemos olvidarnos de «Árbol de Humo», novela de culto sobre la guerra de Vietnam, donde las haya

Johnson, Denis, “Árbol de Humo”. Barcelona: Literatura Random House, 2008

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Heroína: Conspira y mata

Eduardo Haro I

“Nos matan con heroína”, clamaba Eduardo Haro Ibars en octubre de 1978 desde las páginas de la revista Ozono. El escritor con vocación de maldito, que en ese momento se hallaba en plena sintonía con el anarquismo emergente en España, y años más tarde desembocaría en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), era tajante al respecto: “La heroína está aquí, fácil de conseguir, atractiva precisamente por esa leyenda de «fruto prohibido» fomentada en torno a ella. La heroína se puede comprar sin muchas dificultades y a un precio relativamente bajo: por quinientas pesetas es fácil conseguir una dosis, y hasta dos, en cualquier plaza, en cualquier bar de las zonas underground de Madrid”. Eduardo Haro denunciaba un hostigamiento o exceso de celo policial contra los camellos y usuarios de hachís y hablaba de “ignorancia”, “confusión” y directamente “estupidez” por parte de los jóvenes drogados, pero sobre todo acusaba a “sociólogos, psiquiatras y periodistas” de ser responsables indirectos del envenenamiento masivo al “hacer creer que todas las drogas son iguales”, es decir, al no establecer distinciones entre el hachís ―“prácticamente inocuo” en su opinión― y los poderosos polvos blancos.
Unos días antes el periodista y guionista de cine Gonzalo Goicoechea Luquín, conocido por su sensibilidad ante determinados temas sociales y por su valentía a la hora de destapar aspectos oscuros de sucesos aparentemente vulgares, ya había denunciado en prensa (Triunfo, 02.09.1978 y 23.09.1978) las redadas selectivas practicadas por la policía en Madrid y la deliberada ceremonia de la confusión creada por los medios de comunicación en torno a las drogas. Pero, ¿qué sabían los jóvenes españoles sobre la heroína en aquel momento? 
En realidad, pocas cosas, y casi todas a partir de experiencias indirectas. Los que tuvieron la oportunidad de asistir al concierto de Lou Reed celebrado el 18 de marzo de 1975 en el Palacio Municipal de Deportes de Barcelona ―primera y única actuación de la gira en España― vieron cómo el icono del underground neoyorquino ―cuya adicción al opiáceo era sobradamente conocida― deambulaba por el escenario dando tumbos y casi se desvanecía sobre el piano de cola, sin apenas atinar a pulsar las teclas, mientras desafinaba con una voz quebrada. A muchos les pareció que Lou Reed iba a morirse en escena. ¿O sólo se trataba de una pose, una artimaña más del show business? Imposible saberlo, porque el uso de heroína estaba considerado como una práctica contracultural y transgresora absolutamente extrema, lo cual le confería cierto glamour. 

Heroina

Heroína. Conspiración. Corazón. MkUltra. Los 80. Los 90. Eduardo Haro Ibars. Planificación. Control Mental. Maldad. Poder. CIA. KGB. Stasi. Muros. Vergüenza. Anagrama. Ensayos. Frialdad. El ángel caído. Sus poemas. Contracultura. Hierro. El pico. La aguja. Sangre. Frío. Elena. Los transeúntes. Los commuters. Evening Standard. Jóvenes. Jóvenes Zombies. Comando contra. Ismael. Metrocard. Tube. UnderGround. Té. Movida Madrileña. Aeropuertos. Gays. Sexo. Refugio. Frío. Antártida. Lugar. Creación. Sida. Aids. Made in Lab. Muerte. Eduardo. Robar. Vivir. Consumir. Consumidos. Accidentes. Engaños. Muertos. Talentos. Canciones. Nacho. Tú. Volveré. Espérame. Vuelve a tocar esa guitarra. Ironía. Ser o no ser. Londres es luto. Llueve, Héctor, llueve, justo cuando te apagaste, Londres se encendió en lágrimas. No sé cómo tengo fuerzas para escribir esto, pero te lo mereces. Tristeza. Rabia. Dolor. Ira. Lluvia en los zapatos. En medio de la nada. Locura. Poemas. Canciones. Sangre. Cuando esté cerca de los aviones le pondré un mensaje al cielo para estar más cerca de ti. Héctor, descansa, que ya no merece luchar más. Deja de sufrir. Recuerdo cuando te encontré. Recuerdo cuando te miré. Pero esta vida es una mierda. No tenemos nada. Nada nos pertenece. Ni siquiera la eternidad. Voy a cambiar mis respuestas. Te quedaba más de media vida. Pero la vida es una ladrona. Siempre se lleva el lado bueno de las cosas. Ahora iré a buscarte a Hyde Park… Mi cama esta noche estará más fría que nunca. Tu cuerpo. Tus manos. Tu rostro. Y ya nadie abrirá esas puertas. Y bajo la lluvia todos somos igual de pequeños, de diminutos, de insignificantes. Tengo el alma rota y el fantasma del miedo en mis ojos. Y no tengo nada. Nada. Porque ya no estás.

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Construcción de una teoría conspirativa

La denominada “contrarrevolución del caballo”, que ya había sido esbozada en algunos textos, como Capitalism plus dope equals genocide (1970), de Michael “Cetewayo” Tabor, y Los hombres se drogan, el Estado se fortalece (1977), de Jules Henry y Leon Léger, fue uno de los temas troncales tratados en un seminario del movimiento autónomo italiano, celebrado en la primavera de 1979 en la ciudad de Bolonia. Allí se denunció una situación que supuestamente había venido repitiéndose durante los últimos años: la utilización estratégica de la heroína por parte del Estado para desactivar la amenaza potencial de las vanguardias contestatarias. Tanto en el caso de contracultura californiana en general y del Free Speech Movement de Berkeley en particular, como en el caso del Black Panther Party, de los provos holandeses, del mayo francés, del Autunno Caldo italiano… el ciclo había sido el mismo:

1º) Escasean el hachís y la marihuana; 
2º) Prolifera la circulación de heroína; 
3º) Se producen continuas detenciones de pequeños camellos, así como se acosa social y policialmente a los consumidores de drogas “blandas” y 
4º) Aparecen “nuevos” camellos especialmente en círculos contestatarios.

Según los autónomos italianos reunidos en el seminario, las consecuencias inevitables habían sido las siguientes:

a) La falta de hachís y marihuana contribuye a extender el hábito de la heroína; 
b) Dado el precio, mucho más caro de la heroína, muchos adictos se ven abocados a “hacer de todo” para costearse sus tomas; 
c) “Cualquier cosa” para conseguir dinero es, por ejemplo, traficar o cobrar por delatar, como confidentes sociopolíticos (en ocasiones se combinan ambos “trabajos”, implicando a organizaciones contestatarias y cuyo desprestigio se encargan de orquestar los medios de comunicación de masas) y 
d) La adicción a la droga heroína margina e inhibe.

Cabía preguntarse por qué no se había producido un intento de rechazo en los colectivos más afectados, ni por qué en países como Chile, Uruguay y Argentina se había apostado por soluciones militares, y no por la introducción de heroína, para frenar la subversión, pero a esas alturas nadie parecía dispuesto a cuestionar la lógica de una explicación que resultaba bastante más congruente y verosímil que el discurso establecido. De tal manera, aquellos que estaban dispuestos a creer en el objetivo por parte de los poderes públicos de promover la abulia, el desinterés, el sopor, el distanciamiento, la desconfianza, etc., incentivando la renuncia de las vanguardias contestatarias a participar en el proceso transicional en España, contaban con un marco teórico atractivo, bastante desarrollado y con un gran potencial dramático.

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La versión ácrata del asunto

Sea como sea, lo cierto es que la teoría conspirativa serviría para explicar el impacto de la heroína en el pujante movimiento libertario surgido tras la muerte de Franco en Barcelona y su área de influencia inmediata, que aspiró a renovar el viejo anarcosindicalismo desde los ateneos de los barrios, atrayendo a personas de distintas generaciones con el denominador común del espíritu crítico. Efectivamente, su labor cultural, lúdica y social, que ―según Pepe Ribas― “suscitaba temor al Ayuntamiento y al President Tarradellas”, se fue diluyendo a medida que muchos jóvenes militantes libertarios se apartaban de la causa, hundiéndose en una especie de autoinmolación calculada. En poco tiempo, el censo de heroinómanos en Cataluña elevó hasta 10.000-12.000 el número de afectados, y para conservar memoria de aquella amarga lección que supuso la sensación de inutilidad de la revuelta colectiva, combinada con el fracaso de la experiencia individual, contamos con la conmovedora novela de David Castillo El cel de l’infern (1999).
José Ribas siempre se ha mostrado contundente a la hora de explicar el fenómeno: “Desde el poder se aniquiló aquella posibilidad. No fue difícil acabar con la fiesta barcelonesa ácrata y alternativa, solidaria con España, faro cultural de toda la península. Barcelona entró en una crisis profunda y se encerró en sí misma. Las Ramblas y el [Barrio] Chino se llenaron de partidos fantasmas que incendiaban autobuses y rompían escaparates. Se cerró el Saló Diana y Zeleste se impregnó de disseny” (Ajoblanco, 00.04.1993). “Hubo un complot para acabar con el movimiento libertario y dejar Barcelona preparada para la oligarquía de los partidos y la falsa democracia que actualmente tenemos. Ahí se fraguó la generación sumisa que pronto será barrida […] a los libertarios ya no hay quien los resucite: los mató la policía infiltrándose en los ateneos y repartiendo heroína” (El País, 15.04.1994). En su citada crónica personal de los 70, Pepe Ribas se hace eco de un comentario que hizo “alguien del Ateneo de Sants” durante la celebración de las Jornadas Libertarias de julio de 1977 en el sentido de que “alguien estaba pasando heroína de mala calidad”, aunque entonces, en plena euforia ácrata, no se le dio importancia. “Nueve meses más tarde, la epidemia orquestada era masiva”, y pudo comprobarse cómo “el viejo sueño de la libertad, hilvanado ahora con la droga dura, promovía pasividad y muerte”, apostilla Ribas. En el mismo libro da crédito a la historia que le contó un “joven gitano” en 1978 para explicar la introducción de la heroína en Barcelona: “Años atrás, cuadrillas de poca monta que trapicheaban con hachís merodeaban los domingos por el campo del Barça y robaban los radiocasetes de algunos de los miles de coches aparcados. Muchos de ellos acabaron en reformatorios o en la cárcel. Otros intimaron con carceleros y policías. Convenientemente formados, los soltaron en plena ola libertaria a cambio de cumplir ciertos servicios. Un día les llegó el encargo de cambiar de mercancía y dirigirla a determinados ambientes. Aquellos camellos de poca monta que trapicheaban con chocolate, polen, marihuana y ácidos adulterados se pasaron a la nueva sustancia. Las primeras partidas no fueron grandes y tampoco tenían precio”. No deja de ser significativo que este testigo excepcional de la época también se apunte a la plot theory. “Eran las mismas tácticas que habían patentado los servicios secretos norteamericanos como arma de destrucción contra los Black Panthers y demás grupos radicales. Luego las extendieron por todo occidente”, asegura Ribas. Por lo que respecta a la respuesta de los usuarios ante la supuesta trama tóxica, es decir, a la demanda, Pepe Ribas se limita a reconocer que había muchos “alternativos pasados de revoluciones” que “se apuntaban a la heroína y otras drogas sin ton ni son”.

Muchas veces las conspiraciones se ocultan bajo problemas sociales y son difíciles de detectar. Pero no para visionarios como Eduardo Haro Ibars. A finales de los setenta, este periodista comenzó a ver algo más allá del simple aumento de heroinómanos en España. Él vio una correlación directa entre la droga, la manipulación y el poder. Para Haro Ibars, la conspiración de la Heroína tenía un objetivo claro: facilitar el conformismo y la disolución de las revueltas sociales

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AnsioProtagonista

AnxietyPor razones profesionales, y de ocio también, suelo leer al año unas 150 novelas más o menos, narrativa de no ficción, quiero decir. Pero que nadie se asuste. Cuento esto porque desde el año 2014 observo como los personajes de las tramas que leo (la mayoría novela negra y ciencia ficción), lo que decía, observo, como los personajes dueños de sus autores o no, personajes y meta-personajes de todo tipo: humanos, fiscales, ladrones, hombres, mujeres, policías, investigadores, amantes, criminales, gente normal que camina, etc., cada vez más, aparecen, dependiendo de las benzodiazepinas. Éstas son medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes (Xanax, Valium, Trankimazin, Ambien, Orfidal, Ativan… por citar algunos). Por ello se usan las benzodiazepinas en medicina, para la terapia de la ansiedad, insomnio y otros estados afectivos, así como las epilepsias, abstinencia alcohólica y espasmos musculares. 

ANSIOL-1El equipo de redacción del blog el cuento del loco está realizando un exhaustivo trabajo de re-lectura y documentación que quedará reflejado en un artículo analítico sobre este elemento narrativo que no nos sorprende pero sí nos llama la atención, porque la ficción siempre es el alma espejo de esta sociedad. Y la ficción, sea negra o rosa o amarilla siempre es el fiel reflejo del realismo social. Y el que no haya tenido que recurrir alguna vez a un ansiolítico o somnífero, o acudir al terapeuta, que levante la primera piedra, pues. También dejamos este post abierto para que quien quiera pueda aportar el nombre de una novela que haya leído y se haya encontrado algún personaje como los que hemos descrito. Muchas gracias. Todas las aportaciones se tendrán en cuenta y se incluirán en el artículo.

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Meta[personas]#6

Debilidad-económica1-e1428595913285Nacido en 1978. Soltero sin hijos. Entrevistas (de terapia) centradas en experiencias traumáticas durante la infancia. Primera infancia: hija única de B. T., entre otras cosas inspector de la agencia de Seguridad Nacional para el Control Mental y la Cooperación Internacional, y de su madre, L. P., ama de casa. Anoto que sus primeros recuerdos son el olor de la transpiración del padre y los veranos en Alicante.
Infancia: se cría en D. Expediente muy brillante (conservo copia manuscrita). Clases particulares a partir de los 9 años. Empezó la escuela con un año de adelanto y en el colegio, se saltó segundo de secundaria. Viajó muchos con sus padres. Víctima desde muy joven de abusos sexuales (¿el padre?, ¿otros hombres?). Anoto con bolígrafo rojo en mi cuaderno: Recuerdos fragmentarios, explicados mediante acciones incoherentes.
Adolescencia: comportamientos de riesgos, ideación autolítica (¿desde los catorce o quince años?). Describe sus primeros años de adolescencia como «débiles». En ese caso, también, recuerdos fragmentarios. Bachillerato en un internado Suizo. No se especifica el nombre del mismo. Actos autodestructivos reiterados.
Vida adulta: los éxitos profesionales se describen como «sin importancia». Vida social limitada. Pocos centros de interés.
Tema central/preguntas: el trauma. ¿Qué le ocurrió a P.? ¿Qué relación tuvo con el padre? Recuerdos fragmentarios. ¿Problemática disociativa?

¿Qué significa la debilidad?

Quizá: Dormir sin soñar y sin descansar verdaderamente. Una interrupción en el movimiento sin fin. Un respiro en ese perpetuo desplazamiento de su cuerpo.

Sísifo, pensó.

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COMUNICADO BENZODIAZEPÍNICO

benzodiazepinas

Después del revuelo que se montó ayer con la noticia publicada por el diario El mundo acerca de que los estudiantes toman ansiolíticos en época de exámenes ESTE BLOG EMITE UN COMUNICADO aclarando ciertos términos, conceptos y conductas. Entedemos que no es para escandalizarse, ni mucho menos, que un estudiante en situaciones de presión pueda tomar ocasionalmente una benzodiazepina para calmar y llevar mejor el estrés al que se ven sometidos.

LEER NOTICIA DE EL MUNDO EN ESTE ENLACE

Pues anda que con una buena dosis de Orfidal (lorazepam), no sé cómo el personal va a leer dos frases seguidas en los apuntes, porque este principio activo pertenece a las benzopiazepinas hipnótico-sedantes, y producen, sobre todo, mucha somnolencia, entre otros efectos. Actúa, además, como ansiolítico, amnésico, anticonvulsivo y relajante muscular. Normalmente se suele tomar por la noche, pero vamos que cada uno le dé el uso que quiera. Aunque estos fármacos, sin un control médico rutinario, pueden ser un arma de doble filo. Vamos que pueden confundir en un examen El Quijote con Mujercitas. Lo mejor, un par de ‪#‎Xanax‬ deporte y follar mucho. Estos remedios caseros nunca fallan. Además en caso de necesidad, y hablo por facultad, si un estudiante necesita algo de estímulo, prefiero que tome un complejo vitamínico antes que una raya de coca, y si necesita templar los nervios, las benzodiazepinas, a las que les podemos llamar drogas, pero legales y de venta en farmacias, siempre que no se abuse de ellas, les pueden venir bien, aunque no recomendaría el lorazepam, que puede provocar amnesia ni tampoco alprazolam (Trankimazin), sino un Lexatin, que es más suave y no tiene tantos efectos secundarios. Eso sí, no tomar nunca hipnóticos para conciliar el sueño en época de exámenes. Y, a ser posible, siempre bajo la supervisión del médico de cabecera.

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