«Home» Sweet, «Home»

poster_0_3_900x0 (17)

El Larry Clark de “Ken Park” + el Xavier Dolan de “Yo maté a mi madre”. Rodada en una gran variedad de formatos, Fien Troch demuestra una vez más su dominio del drama humano con esta historia inspirada en hechos reales que funciona como un demoledor reflejo de la juventud rica europea, condenada a la más absoluta miseria emocional.

Selfie de una generación de ex-adolescentes que se niegan a abandonar su condición. Unos viven su síndrome de Edipo, otros su dosis doble de autodestrucción. Y todos graban con sus desventuras con móviles para finalmente subirlo a una nube que en breve pasará. Johnny Jewell (“Drive”, “Twin Peaks”) pone la música a una obra imprescindible que tiene tanto de fiesta como de funeral.

Esta realización belga desciende a los infiernos, a la infamia, a lo desconocido, al terror de lo digital y la madurez desquiciada de padres que repugnan, a esas voces menores de edad, que sufren el nihilismo y la anarquía de su futuro, para mostrar la cara B, sin concesiones ni reparos, —todo lo contrario—, vapuleando al espectador en una suerte de lucha visual que golpea en el estómago, cuando menos te lo esperas… Pero todo tiene su final, y si el final es tierno, después de la ansiedad, la producción tiene que calificarse con un sobresaliente. Porque a pesar de todo hay un respiro. Una mirada tierna que desciende a la vez que lo hace el telón analógico del infierno digital de nuestros días. Es una película para pensar, analizar, meditar, sentir, vivir.

Una maravilla. Un portento de película. Dura. Real. Perfecta. Soberbia. Interesante. Imprevisible. Tierna. Violenta. Bella. Apacible. Una ejercicio de reflexión sobre la juventud actual. Una juventud totalmente abandonada por el sistema e hipnotizada por las redes sociales, las drogas y la violencia gratuita. Me ha encantado. Una banda sonora maravillosa y unos movimientos de cámara perfectos hacen de esta película uno de los mejores productos del cine europeo de los últimos años.

Película disponible en plataforma Filmin. Ver aquí

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email

«L´enfant terrible» del ballet londinense

bailarin ruso

Sergei Polunin (Kershon, 1989) creció en un barrio pobre de una ciudad situada al sur de Ucrania. Pocos podían creer que un niño de escasos recursos y enormes ojos verdes podría convertirse en un prodigio del ballet, pero su talento innato y la perfección de su técnica le llevó a convertirse en una superestrella, a la altura del gran Rudolf Nureyev. Sin embargo, cuando llegó a la cima, tocó fondo a nivel personal y decidió colgar las zapatillas, hastiado por la continua presión que le exigía su trabajo y el peso de la fama.

Bajo el sencillo y apropiado título de Dancer, el cineasta estadounidense Steven Cantor analiza con detalle la trayectoria personal y artística del bailarín ucraniano, desde que era un crío hasta el año 2015. El documental, que estrenará Filmin el próximo 19 de septiembre, se basa en las declaraciones en primera persona del protagonista, sus padres, abuelas, amigos y profesores junto a material fílmico íntimo grabado por él y su familia cuando empezó en el baile. De pequeño, Polunin ya apuntaba maneras. “Nació con una gran flexibilidad en las piernas”, afirma a la cámara su madre, la persona que se encargó de construirle un futuro mejor alejado de Kiev. O al menos, eso creía.

Hasta los nueve años creció rodeado del cariño de sus padres. Amaba la gimnasia, mover con libertad su cuerpo, y sus padres decidieron sacrificarse en beneficio de su hijo. Su abuela materna se fue a trabajar a Grecia y su progenitor enviaba dinero para la manutención desde Portugal. Fueron tiempos difíciles.Todo lo hicieron por brindarle una oportunidad única al pequeño Sergei, pero no se dieron cuenta de que en vez de apoyarle emocionalmente, se alejaban cada vez más de él y sus sueños de tener a la familia unida. Así, esta propuesta se convierte en una reflexión íntima sobre un joven ambicioso y carismático, a la vez que complejo y enigmático en una encrucijada vulnerable.

Dancer refleja la ambición personal de una madre que tomó una decisión importante y viajó hasta Londres sin hablar inglés para que su hijo se formara en la elitista British Royal Ballet School. Allí fue donde el chico explotó todo su potencial desde los 13 años y acabó con 19 erigiéndose en el primer bailarín más joven de la compañía. La disciplina férrea, las reglas de la danza y una vida dedicada completamente al baile estaba dando sus frutos. Los perfectos saltos de Polunin hipnotizaban al público, la pasión con la que interpretaba sus personajes dejaba a todo el mundo sin habla, incluso la gente compraba entradas para verle a dos años vista. Todos se rendían ante el poder de seducción de esa ‘bestia elegante’, como le apodaban sus compañeros en Londres.

img_astrid_20170425-172632_imagenes_lv_terceros_sergei2-kSn--656x369@LaVanguardia-Web

Mientras tanto, la cara más oscura de la fama iba haciendo acto de presencia. Primero fue el shock por el divorcio de sus padres. Luego, la bebida, el consumo de cocaína y los malos hábitos le jugaron una mala pasada. Polunin llegó a utilizar las redes sociales para dejar constancia de sus juergas nocturnas y su fibrado cuerpo se llenó de tatuajes. En su brazo izquierdo tiene dibujado el rostro de Heath Ledger como Joker. Actuó ‘colocado’ y la prensa se llenó de titulares sobre el ‘chico malo’ del ballet.

Corría el año 2012 cuando el joven de solo 22 años anunció que abandonaba el Royal Ballet. Llegó a declarar que se sentía tan desgraciado que “el artista que llevo dentro estaba muriendo”. Y lo cierto es que en él hizo mella la depresión y la autodestrucción, tal y como recuerda para el documental. No solo Polunin desnuda su alma y deja que el público sea testigo de esa dura etapa de su vida, los ojos llorosos de su madre y la mirada silenciosa de su padre son una clara evidencia de la culpabilidad que sienten por no haber sabido manejar mejor la situación.

La cámara de Cantor se detiene entonces en la nueva etapa que se le abría al bailarín en Rusia, donde tuvo que intervenir en programas de televisión y empezar de cero hasta que conoció al popular director artístico Igor Zelensky, que le convirtió en bailarín principal en el Teatro Musical Académico de Stanislavski y Nemiróvich-Dánchenko de Moscú y en el Teatro de Ópera y Ballet de Novosibirsk. Pero de alguna forma la relación de amor y odio con el ballet no le dejaba recuperar el esplendor de antaño y decide entonces cerrar página con una actuación muy especial con la ayuda de un amigo en la coreografía, la dirección de David LaChapelle y el tema Take me to church, de Hozier, sonando de fondo.

El resultado es un vídeo clip espectacular grabado en Hawái que se hizo viral de inmediato en 2015, con más de diez millones de visitas en Youtube y miles de niños inspirándose en los extraordinarios pasos de baile de Sergei. Unas imágenes que nos ofrecen a un bailarín desatado, expresándose en todo su esplendor, saltando hacia la libertad y buscando la paz que tanto anhela en un momento de sobrecogimiento. Sin duda, cuando una ve sus expresivos ojos en la gran pantalla, no puede evitar notar el dolor de su mirada, la de una niñez y una adolescencia que pasó demasiado deprisa entre escuelas y profesores, con pocos juguetes, escasos amigos y alejado de sus seres queridos. Una opción, la de ser el mejor bailarín, que le vino impuesta disfrazada como vía de escape hacia un mundo con más oportunidades en la que él se volcó, pero que jamás fue su elección… y al final ese talento se convirtió en una carga demasiado pesada, tanto que solo deseaba lesionarse para tener una excusa para abandonar.

En la actualidad, Polunin continúa ejerciendo de bailarín y está felizmente comprometido con la bailarina rusa Natalia Osipova, una relación que no llega a mostrar el documental y que ha transformado la vida de este James Dean de la danza , como ha sido catalogado por algunos medios.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email

Manchester by the sea

16422551_10206507377483297_8172229163270569700_o

 

Good morning. Ayer fui al cine. En London ya proyectan la última película, protagonizada por Casey Affleck. La vi en el cinema «Empire», de Leicester Square. Me encanta este cine porque es un antiguo teatro remodelado y convertido, ahora, en una acogedora sala de proyecciones. La peli que vi se titula «Manchester by the sea», traducida al español quedaría como «Manchester frente al mar». No sé qué traducción le habrá dado la productora en España. Bueno, a lo que voy: Sencillamente magistral. Una de las películas más profundas y emocionantes que he visto en muchos años. Casey Affleck está que se sale. Perfecto. Soberbio. Encantador. Emotivo. Qué manera de comerse la cámara en cada plano. «Manchester by the sea» es una película que va creciendo poco a poco, sin prisas, con la pausa medida del buen cine y de los grandes realizadoras, exponiendo sus virtudes en una suerte de relato perfecto y soñado. La cinta se reinventa en cada fotograma, se hace un placer confortable, una excelente muestra de lo que somos y fuimos, de nuestros miedos, de los recuerdos, los rencores, la culpa, el error, los precipicios… Un trabajo 100% recomendable. Kenneth Lonergan, el director y guionista de la misma nos introduce en los terrenos pantanosos de la culpa y la pérdida hasta estallar, cuando menos te lo esperas, en una catarsis perfecta de rabia sorda, rabia que explota, convirtiendo de esta forma a Casey Affleck en uno de los gigantes de la nueva hornada de interpretes. Y como, ya me conocéis, pues no os voy a engañar, pero me pase como media hora llorando después de verla. Insuperable. Fascinante. Una verdadera masterpiece que se merece más de un premio, pues.

La historia en resumen es esta: Lee Chandler (Casey Affleck) es un fontanero que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció.

El argumento da para mucho. Da para contar, narrar, expresar, sentir, vibrar, emocionarse, reír. Está nominada a unos cuantos premios Oscar, entre ellos el de Mejor Película y Director (Kenneth Lonergan).

No sé si ha llegado ya a los cines de España. Si lo ha hecho, no os la perdáis.

Crítica / Reseña de la película «Manchester frente al mar»

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email

Velocidad, Jardines, Eloy, el cuento, el relato, la vida…

14852802419788483932124_04_hNo lo voy a negar. Tengo desde hace muchos años la edición de Anagrama de «Velocidad de los jardines» de Eloy Tizón, en concreto la edición de bolsillo en Compactos de septiembre de 2008. Es un libro inolvidable. Un tesoro que uno guarda como oro en paño. Allá donde voy, me acompaña porque es una composición de relatos a la que muchas veces acudo, en momentos de desesperación, para buscar esa velocidad de la paz, de lo balsámico, esa pureza cierta y enigmática que tienen los cuentos de Eloy Tizón, y que tantas veces habré leído. Pero, reitero, tengo la edición de Anagrama, ya descatalogada. Pero no me he podido resistir a esta nueva edición en Páginas de espuma, con esa preciosa portada, con un prólogo de Eloy Tizón. Acabo de hacer la reserva del mismo, que sale a la venta el próximo 8 de febrero. Su belleza y la emoción de saber que el libro sigue vivo, y poder transmitir / compartir por aquí su existencia y recomendación es un motivo de felicidad para este humilde lector. Gracias, maestro y enhorabuena. No se pierdan esta maravilla de la narrativa española. En la historia del relato español hay un antes y un después de «Velocidad de los jardines». 25 años hacen ya de su creación. Feliz aniversario. Amigos: Lean y verán que estoy en lo cierto.

«En verdad os digo que la vida era perfecta, y existía sólo para que ellos dos la consumieran, y ella era Sonia y él era Víctor, vírgenes ambos, qué nervios, y nada de lo que existe puede ser más perfecto de lo que es en este momento en que lo digo: si soy más feliz me desintegro».

Tizón, Eloy, “Velocidad de los jardines». Madrid: Páginas de espuma, 2017

Más información aquí: «Velocidad de los jardines», Eloy Tizón, Páginas de Espuma, 2017

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email

El hombre, el padre y el hijo

mesterenposterenTuve ciertos reparos antes de verla, pero, finalmente, después de pensarlo un rato, decidí hacerlo. Y la verdad que fue una hora y media muy buena. The man (Mesteren) sorprende. Sorprende como el arte más abstracto. No puedo dar más detalles en cuanto a esto porque no quiero fastidiarle a nadie el visionado en cuanto a la sorpresa (oculta), que se va desarrollando en la trama como una suerte de segunda lectura, y que al final estallará de la forma más imprevisible, generando así una mezcla de pasión, rabia, necesidad y creación… La película podríamos calificarla como una suerte de meta-arte-ficción. Los componentes visuales de la misma así como la decoración y la dirección artística son impecables, perfectos. Cada objeto está ahí para hablarnos y decirnos algo, algo visual o no, que va más allá de toda metáfora razonable. La fotografía y los planos de la ciudad de Copenhagen son maravillosos. Esta cinta es un ejercicio visual implacable, pero también y lo más importante, es el tratamiento narrativo / existencial / artístico de la relación entre padre e hijo, las rivalidades absurdas en un mundo, el del arte contemporáneo, tan incomprendido como exhibicionista y narcisista. La necesidad de existir a través de la composición haciendo de lo artístico un modus vivendi impersonal y atípico, como refleja la figura del padre contrastada con la del hijo que aparece en una suerte de halo misterioso, que trastorna, educa, realza, observa y ama… Y, además, es bella, encantadora, dura. Y es una verdadera delicia, porque Mesteren es de esas pequeñas joyas que solo la sensibilidad y maestría del cine europeo puede fabricar / crear / componer / rodar.

Es, también, sin duda una manifestación de la rebeldía o la indiferencia a través de la creación. En sí esta gran realización de Charlotte Sieling es un puzzle visual encantador y poético, crudo, a veces, limpio, otras. Destacar las brillantes interpretaciones y originales interpretaciones de Jakob Oftebro (hijo) y Søren Malling (padre) creando una atmósfera que exhala tensión, ternura, complicidad y muchas sorpresas incandescentes a la luz de las velas o en un fragmento de otro medio: el de los espejos, las miradas, la luminosidad, la rabia, la miseria del ser humano, como animal destronado: una suerte de persona solitaria que no tiene claro su lugar en este complicado y angustiado mundo.

Esta película es brillante. No se la pierdan. Seguro que a Houellebecq le encantaría. Por eso de lo del arte y la incomprensión. Lo del genio y su tormento. Lo del artista y su mundo desquiciado, inhumano, inmaduro, patético…

Sinopsis:
Simon, un hombre de mediana edad en pijama de diseñador y con las gafas tintadas, es reputado artista mundial. Aún tiene la atención de las damas más jóvenes y vive y trabaja en un enorme estudio en Copenhagen, con muchísimos asistentes que le ayudan en su trabajo pictórico. Es un lugar donde la vida privada y el trabajo se unen. Esto queda mucho más claro cuando su hijo, Casper, se muda con él. Padre e hijo no se conocías. Y para desgracia de Simon, Casper no es solo atractivo, si no que también es artista, y talentoso. Simon está escéptico. ¿Cuáles son las intenciones de Casper? ¿Atención, amor paternal o venganza? Charlotte Sieling hábilmente engrandece el clásico drama padre e hijo añadiéndole suspense y una hilarante crónica del mundo del arte actual. El arte puede ser una puerta al alma, pero también un espejo de confrontación. Y para crear, debes realizar sacrificios.

Fuente: Filmin

Reseña de la película danesa Mesteren (The Man), dirigida por Charlotte Sieling

Puedes ver la película en Filmin. Haz click en este enlace.

Disponible en VOSE solo hasta el 5 de febrero

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email