EL SOBRE

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La tarde anterior habíamos decidido posponer la cita. Yo había tenido una jornada de trabajo, por llamarla de alguna forma agotadora, ya que mi función de espía sobre el escenario era conocida en todo el planeta sólo por 3 personas sin contarme a mí. Ella no se encontraba demasiado bien, me dijo al teléfono. Noté, por el ruido de fondo, por el estruendo del caótico tráfico, que hablaba desde una cabina de una céntrica calle de Mumbai. Sin ser del servicio secreto le habían enseñado a tomar precauciones. Sería la mañana del jueves siguiente cuando por fin nos viésemos, y ella me entregaría la documentación.

Llevaba más  de media hora esperando en la lúgubre cafetería. Me mantenía a base de espressos. El camarero iba y venía. Hora del desayuno, mucha gente, yo en alerta, pero ella no aparecía. Cuando alcé la vista sorprendido por el sonido de la puerta al abrirse con cierta parsimonia, la reconocí enseguida. Y no fue por su elegante y discreto traje, ni su pelo suelto, ni por su pañuelo que le cubría medio rostro, y que dejó caer sobre sus hombros al entrar. Buscó con la mirada y me reconoció por la edición del New York Times que habíamos fijado como clave. Me di cuenta que era ella por su rostro hinchado, por sus párpados medio adormecidos, por sus ojeras incipientes a pesar del maquillaje en el que seguro habría puesto mucho empeño. Todo su rostro delataba un pasado de ansiolíticos, somníferos, gotas, y antidepresivos, que, después, me confesó que controlaba bien con la cafeína.

Tengo lo que me pidieron, no tardó en pronunciar la frase, al verse intimidada por mi presencia y exigente mirada. Ella era la cuarta persona que sabía quién era yo. Enseguida abrió su pequeño bolso y extrajo un sobre que me entrego discretamente deslizándolo sobre la mesa de madera. Lo rasgué. Saqué el papel, lo leí y volví a mirarle. Ya nada volvería a ser lo mismo.

El mensaje decía: «Si uno quiere ser libre, lo único que tiene que hace es soltarse».

Diego Moya ©

7 de noviembre de 2015 ©

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Erika Nipkow

 

Erika me observa desde su cómoda hamaca mientras yo aprieto un botón para avanzar la imagen futura de mi videograma real.

He seleccionado este espacio porque Erika no puede sentirlo pero sí verlo. Es una condicionada.

De la playa al parque llegaremos en cuestión de 10 minutos. Le meto prisa.

Erika, me persiguen los virtuales.

Sé que estás cansada pero tenemos que avanzar. Si nos cogen (lo) perderemos ambos. Ninguno tendremos su propiedad. He intentado ayudarte con el avance de la cinta. No puedo hacer más.

En silencio me coge la mano y se deja llevar por la fuerza humana que ya no le corresponde. Erika vuela en oleadas de eléctrico magnetismo. Estática su mirada, vertiginoso su cuerpo y ni una sonrisa, ni una sola mueca de la que pueda deducir al menos una pista. Sería una estupidez perder el tiempo otra vez. En esta ocasión todo parece correcto.

Una vez en el parque se desprende de mí y se se dirige hacia un pequeño banco en el que se sienta. Se escuchan los gritos de algunos niños que juegan entre los columpios. Ella, con su nuevo instinto, los busca sin éxito. Quiero decirle que son grabaciones, pero sería un error. Tendríamos que volver a empezar esta vida silenciosa donde los gritos infantiles han ganado terreno desde hace meses a la soledad.

Ahora está de pie frente a mí. Yo sostengo una bolsa de plástico. En ella algunas compras del día. Con un gesto la invito a volver al banco pero me lo impide con su hombro, en un gesto de repulsa y rechazo.

Lo entiendo. Subimos a su apartamento no muy lejos del tiempo y follamos durante más de una hora de forma programática. Nuestros gemidos son grabados para experimentos y proyectos futuros. Los aislaran, antes, del resto de sonidos atmosféricos.

Ella tumbada en la cama me mira mientras (yo-absurdo) me paseo ansiosamente por sus habitaciones.

Me pregunto, querida Erika, si hace falta que construyamos paredes en una casa de la que más tarde huiremos y donde las mamparas son papeles en blanco en los que nos escriben el guión de nuestro existencialismo compartido.

No veo nada relacionado. Miro el interior de la bolsa. Nada interesante. La vuelco: un vestido punk de segunda mano, un par de medias nuevas, un par de flyers para un antro llamado Paraíso Desperdicio y un par de pastillas que tienen pinta de ansiolíticos. Me las meto en la boca y me las trago. Algo harán. Lo importante, me enseñaron que es: la transfiguración introspectiva in.

El efecto no tarda: entre humos y efluvios veo a Erika retorcerse de dolor mientras alguien emite histriónicas carcajadas. (Respira hondo, respira hondo, Erika).

#coños desparramados por habitaciones teñidas de colores aún por inventar.

#siluetas de cartón troqueladas en talleres del antiguo régimen.

#canciones despojadas de sus gritos.

(joder, menudo panorama)

#me despierto en un after con Erika. En la carta solo muestran coños en todo tipo de modalidades: fritos, sazonados, amargos, cerrados, abiertos, seguros, chulos, peludos, pelados…

Nos han emitido, como entretenimiento supongo, un paisaje con (siento de nuevo ansiedad, no encuentro lo nuestro): hombres, mujeres, ratas, cloacas, vagones, campings, bodegas, sótanos, castillos, peleas, vivos, no muertos, sables, sangre, sexo, andróides, bolsas…

¿Existe la era del after (algo) o estamos ya en la del after todo?, me pregunta Erika.

Cuando quiero contestarle ha desaparecido. El camarero me dice que ninguna mujer ha llegado conmigo. Sí algo parecido a un travesti, al que se han llevado un par de golfos. Vuelvo a su casa. En el dormitorio hay una librería que remuevo y tiro al suelo desesperadamente. Una caja precintada con papel de pompas cae. Busco un cuchillo, lo rasgo, la abro y ahí está:

 

EL DISCO DE NIPKOW *

 

Construido e inventado en 1884 por Paul Gottlieb Nipkow ha venido en forma humana en el cosmos de Erika hasta nosotros. Es una de las piezas necesarias para componer el rompecabezas necesario para regresar a la vida.

 

* El disco de Nipkow es un dispositivo mecánico que permite analizar una escena de manera ordenada. Fue Paul Gottlieb Nipkow quién lo inventó y construyó en 1884.

 


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LISTA DE DESEOS PARA 2012 (toma)

 

Empezamos: Primero: a tomar por culo el 2011.

Ya va bien servido.

Y ahora con los deseos (que no propósitos) porque luego no los cumplo.

 

No sé por dónde empezar. Bueno, ahí va: (sin premeditación ni alevosía)

 

Que se traduzcan más libros de Ben Brooks.

Que Rajoy se afeite la barba.

Que la Carma Chacón aprenda a usar un kalashnikov. (Ay, Karma).

Que las llamas devoren el puto loft de la avenida.

Que el niño/niña se quite tetas.

Que la Remedios Cervantes no vaya a más concursos de TV.

Que llegue pronto el 26 de enero para empezar a leer «Fresy Cool».

Que el movimiento 15-M siga adelante.

Que Pumuki y el duende verde no hagan cochinadas.

Que se apruebe la eutanasia activa y pasiva.

Que no se compartan más lugares que no se quieren compartir.

Que Elise Plain escriba un nuevo poemario.

Que la gente se masturbe más.

Que Urdangarín o como se escriba vaya a la puta cárcel.

-A María Antonieta por mucho menos le cortaron la cabeza. Claro, eran otros tiempos en otros países.

Que vayan pensando en una III República.

Que Oscura no se ponga clara ni con aguarrás.

Que se jodan las que yo sé.

Que las buenas personas tengan mucha suerte.

Que amemos mucho.

Que se haga mejor publicidad.

Que esas pequeñas editoriales sigan haciendo grande la Literatura.

Que no me salgan más pelos en las orejas.

Que se prohiba el uso de tirantes. Lo siento, Pedro jota.

Que se declaren los antidepresivos y ansiolíticos Patrimonio Nacional y de la Humanidad.

Que no se cuelguen más carteles de se vende o se alquila.

Que igual que se pueden bloquear contactos en fesibuk se pueda hacer en los celulares.

Que se lea más.

Que nadie se suba conmigo en el ascensor.

Que nos dejen tranquilos los de la fábrica de sueños.

Que os apartéis cuando venga una ambulancia por detrás.

Que Carmen de Mairena y Sánchez Dragó hagan un programa sobre tendencias porno.

Que las hippies se quiten las faldas.

Que mi enfermera favorita consiga trabajo.

Que Ismael Serrano publique nuevo disco.

Que la Literatura siga evolucionando.

Que a los desfiles de modas lleven a muchachas que superen el medio metro.

Que no somos tontos.

Que se fijen en su mierda y no en la de los demás.

Que me pueda ir a Japón.

Que sigamos por aquí.

Que el rabbit tenga mucha suerte porque se lo merece.

Que se usen más gomas (de las de borrar). ¿Qué os pensabais?

Que no se concedan las mismas subvenciones a los mismos de siempre.

Que veáis los que no lo hayáis hecho: The Wire 1-5

Que la viuda de David Foster Wallace busque otro manuscrito, por favor.

Que quien se quiera suicidar que lo haga. La vida es tuya, hostias.

Que se grabe la Sexta temporada de The Wire.

Que en nochevieja me pueda meter en la taza del water y cerrar la tapa.

Que el duende verde reparta caramelos por las calles y le arranque los vestidos a las petardas.

Que la gente vaya más al psiquiatra.

Que no se permita que enfermeros y médicos hagan turnos de 20 horas.

Que no consintamos que no se cubran las bajas de personal sanitario.

Que a mi medico de cabecera le salgan rábanos por los pabellones auditivos.

Que no escuche más eso de que le van a poner las correas que me da susto.

(se dice electrocardiotocógrafo)

-Si lo ensayáis varias veces en casa al final sale.

-Así lo hacía la Leti cuando leía los textos.

Que viva el modernismo, el post, lo hipster y Alpha Decay.

Que Javier Calvo siga traduciendo.

Que sigáis navegando y llenando bitácoras de versos que nos hacen sentir lo imposible.

(Que os estaremos esperando aquí en puerto o cerca de vuestro faro de luz).

Que repongan La bola de cristal.

Que descanse en paz Félix Romeo.

Y que sea de lectura obligatoria en los institutos: «Amarillo», de F.R.

Y A CALLAR.

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