«Anatomia de una epidemia», por Robert Whitaker, Capitán Swing libros

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«Anatomía de una epidemia. Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales».

Ésta es la historia de un enigma médico. Un enigma de lo más extraño y, sin embargo, uno que nosotros como sociedad necesitamos resolver con urgencia, pues describe una epidemia no declarada que está mermando la vida de millones de estadounidenses y españoles (sic), incluido un número creciente de niños. La magnitud y el alcance de la epidemia han aumentado en los últimos cinco decenios y discapacita ya a 850 adultos al día y 250 niños al día. Y estas cifras tan alarmantes solo nos permiten entrever las verdaderas dimensiones de esta plaga moderna, pues sólo con el cómputo de los que están tan enfermos que sus familias o cuidadores son ya nuevos candidatos a recibir del gobierno federal una prestación por discapacidad.
Y el enigma es éste.
Hemos llegado a pensar, como sociedad, que la psiquiatría ha conseguido hacer en los últimos cincuenta años grandes progresos en el tratamiento de la enfermedad mental, que los científicos están descubriendo las causa biológicas de los trastornos mentales y que las empresas farmacéuticas han desarrollado una serie de medicamentos eficaces para tratarlos. Ésa es la historia que han contado periódicos, revistas y libros y nuestros hábitos de consumo confirman nuestra creencia social en ella. En 2007, gastamos 25.000 millones de dólares en antidepresivos y antipsicóticos, y si queremos considerar esa cifra en perspectiva, pensemos que superó el producto nacional bruto de Camerún, una nación de dieciocho millones de habitantes.
(…) ¿Por qué tantos estadounidenses y españoles hoy (sic), aunque no estén discapacitados por enfermedades mentales, se ven asediados por problemas mentales crónicos: depresión recurrente, síntomas bipolares y ansiedad discapacitadora? Si disponemos de tratamientos eficaces para estos trastornos, ¿por qué se han convertido las enfermedades mentales en un problema cada vez más grave en el país?

Fragmento seleccionado del ensayo «Anatomía de una epidemia. Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales», por Robert Whitaker, Capitán Swing Libros

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EL SOBRE

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La tarde anterior habíamos decidido posponer la cita. Yo había tenido una jornada de trabajo, por llamarla de alguna forma agotadora, ya que mi función de espía sobre el escenario era conocida en todo el planeta sólo por 3 personas sin contarme a mí. Ella no se encontraba demasiado bien, me dijo al teléfono. Noté, por el ruido de fondo, por el estruendo del caótico tráfico, que hablaba desde una cabina de una céntrica calle de Mumbai. Sin ser del servicio secreto le habían enseñado a tomar precauciones. Sería la mañana del jueves siguiente cuando por fin nos viésemos, y ella me entregaría la documentación.

Llevaba más  de media hora esperando en la lúgubre cafetería. Me mantenía a base de espressos. El camarero iba y venía. Hora del desayuno, mucha gente, yo en alerta, pero ella no aparecía. Cuando alcé la vista sorprendido por el sonido de la puerta al abrirse con cierta parsimonia, la reconocí enseguida. Y no fue por su elegante y discreto traje, ni su pelo suelto, ni por su pañuelo que le cubría medio rostro, y que dejó caer sobre sus hombros al entrar. Buscó con la mirada y me reconoció por la edición del New York Times que habíamos fijado como clave. Me di cuenta que era ella por su rostro hinchado, por sus párpados medio adormecidos, por sus ojeras incipientes a pesar del maquillaje en el que seguro habría puesto mucho empeño. Todo su rostro delataba un pasado de ansiolíticos, somníferos, gotas, y antidepresivos, que, después, me confesó que controlaba bien con la cafeína.

Tengo lo que me pidieron, no tardó en pronunciar la frase, al verse intimidada por mi presencia y exigente mirada. Ella era la cuarta persona que sabía quién era yo. Enseguida abrió su pequeño bolso y extrajo un sobre que me entrego discretamente deslizándolo sobre la mesa de madera. Lo rasgué. Saqué el papel, lo leí y volví a mirarle. Ya nada volvería a ser lo mismo.

El mensaje decía: «Si uno quiere ser libre, lo único que tiene que hace es soltarse».

Diego Moya ©

7 de noviembre de 2015 ©

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LISTA DE DESEOS PARA 2012 (toma)

 

Empezamos: Primero: a tomar por culo el 2011.

Ya va bien servido.

Y ahora con los deseos (que no propósitos) porque luego no los cumplo.

 

No sé por dónde empezar. Bueno, ahí va: (sin premeditación ni alevosía)

 

Que se traduzcan más libros de Ben Brooks.

Que Rajoy se afeite la barba.

Que la Carma Chacón aprenda a usar un kalashnikov. (Ay, Karma).

Que las llamas devoren el puto loft de la avenida.

Que el niño/niña se quite tetas.

Que la Remedios Cervantes no vaya a más concursos de TV.

Que llegue pronto el 26 de enero para empezar a leer «Fresy Cool».

Que el movimiento 15-M siga adelante.

Que Pumuki y el duende verde no hagan cochinadas.

Que se apruebe la eutanasia activa y pasiva.

Que no se compartan más lugares que no se quieren compartir.

Que Elise Plain escriba un nuevo poemario.

Que la gente se masturbe más.

Que Urdangarín o como se escriba vaya a la puta cárcel.

-A María Antonieta por mucho menos le cortaron la cabeza. Claro, eran otros tiempos en otros países.

Que vayan pensando en una III República.

Que Oscura no se ponga clara ni con aguarrás.

Que se jodan las que yo sé.

Que las buenas personas tengan mucha suerte.

Que amemos mucho.

Que se haga mejor publicidad.

Que esas pequeñas editoriales sigan haciendo grande la Literatura.

Que no me salgan más pelos en las orejas.

Que se prohiba el uso de tirantes. Lo siento, Pedro jota.

Que se declaren los antidepresivos y ansiolíticos Patrimonio Nacional y de la Humanidad.

Que no se cuelguen más carteles de se vende o se alquila.

Que igual que se pueden bloquear contactos en fesibuk se pueda hacer en los celulares.

Que se lea más.

Que nadie se suba conmigo en el ascensor.

Que nos dejen tranquilos los de la fábrica de sueños.

Que os apartéis cuando venga una ambulancia por detrás.

Que Carmen de Mairena y Sánchez Dragó hagan un programa sobre tendencias porno.

Que las hippies se quiten las faldas.

Que mi enfermera favorita consiga trabajo.

Que Ismael Serrano publique nuevo disco.

Que la Literatura siga evolucionando.

Que a los desfiles de modas lleven a muchachas que superen el medio metro.

Que no somos tontos.

Que se fijen en su mierda y no en la de los demás.

Que me pueda ir a Japón.

Que sigamos por aquí.

Que el rabbit tenga mucha suerte porque se lo merece.

Que se usen más gomas (de las de borrar). ¿Qué os pensabais?

Que no se concedan las mismas subvenciones a los mismos de siempre.

Que veáis los que no lo hayáis hecho: The Wire 1-5

Que la viuda de David Foster Wallace busque otro manuscrito, por favor.

Que quien se quiera suicidar que lo haga. La vida es tuya, hostias.

Que se grabe la Sexta temporada de The Wire.

Que en nochevieja me pueda meter en la taza del water y cerrar la tapa.

Que el duende verde reparta caramelos por las calles y le arranque los vestidos a las petardas.

Que la gente vaya más al psiquiatra.

Que no se permita que enfermeros y médicos hagan turnos de 20 horas.

Que no consintamos que no se cubran las bajas de personal sanitario.

Que a mi medico de cabecera le salgan rábanos por los pabellones auditivos.

Que no escuche más eso de que le van a poner las correas que me da susto.

(se dice electrocardiotocógrafo)

-Si lo ensayáis varias veces en casa al final sale.

-Así lo hacía la Leti cuando leía los textos.

Que viva el modernismo, el post, lo hipster y Alpha Decay.

Que Javier Calvo siga traduciendo.

Que sigáis navegando y llenando bitácoras de versos que nos hacen sentir lo imposible.

(Que os estaremos esperando aquí en puerto o cerca de vuestro faro de luz).

Que repongan La bola de cristal.

Que descanse en paz Félix Romeo.

Y que sea de lectura obligatoria en los institutos: «Amarillo», de F.R.

Y A CALLAR.

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