Entra en mí.

 

Se me olvidó.
Borrado, aniquilado, impostado…
No supe adónde.
Lo arrancaron del camino, contaba el jornalero.
Se lo llevaron atado, decían otros.
Vinieron a por él en un ataúd negro, todo negro, me contaba mi padre.

Se me olvidó el miedo.
Su paz, su fuerza, su temblor, sus manos, sus ojos, su vanidad, su textura, su atmósfera…
Alguna vez te deslizaste entre vientos lunáticos, carreteras sin salidas, pasillos sin final.
Alguna vez dormiste a mi lado, me sujetaste con fuerza… hasta yacer.
Pero no sirvió de nada. Te marchaste y te olvidé.
Cruel marino, negro y preso exclavo del destierro.

Me cambié de ciudad, de país, de camisa, pantalón y zapatos.
Cansado de esperar salí a buscarte (a ti miedo).
Visité parajes, praderas, caminos, fortalezas, castillos, cementerios, viviendas, carruajes, posadas, iglesias, campos.
Vi el exterminio pero no hallé tu presencia.

Un viejo campesino, erudito de las hormigas, me avisó del lugar.
Me acompañó hasta la vieja estación.
Adiviné lo que era entonces: un lugar imaginado, entre dos mundos.

Varios trasbordos hasta el destino indicado.
Extraños desconocidos como compañeros de viaje
Especie no humana, quizá.
Mercaderes de la memoria y los sentimientos, decían los revisores.

¿Qué es sentir? Nada, infinito.
Sentir es tener miedo.
Miedo es tener vida.
Tener (en aquel escenario) era privilegio del librero.

Me prestó un libro.¹
Y entró en mí, y volvió a mi cuerpo.
Miedo posesivo, entrañable y voluptuoso.
Escalofríos, ruidos, sábanas, noches…
Me secuestró su atmósfera y volví a notarte vivo
rondando por aquellas páginas.

Miedo infantil, de habitaciones, miedo clásico, envolvente, abrupto, enigmático…

Miedo² de todos.

El miedo ha vuelto.

Fragmento del diario de viaje de Mr. M.A.S.
Enero de 2037.

NOTAS

1 El libro al que se hace referencia es «Una edad difícil» de Anna Starobinets, publicado en España por Nevsky Prospects.

2 El miedo adquiere un nuevo concepto en los relatos de Anna Starobinets. Entre la realidad y la inconmensurable estructura palpable de la ciencia ficción esta joven autora rusa construye un diagrama narrativo perfecto en el que, de forma sublime, volvemos a sentir el placer caprichoso del miedo más real y escénico. Perfectas atmósferas, descripciones inigualables que fijan las escenas en su más estricta realidad, hacen que su lectura sea un placer que creíamos perdido, robado u olvidado. ¿Quién sabe? Su fuerza narrativa y su perfecto manejo de la técnica más pura del relato consiguen que miremos de reojo, oigamos lo inaudible e imaginemos lo sufrible. En fin, volvemos, por suerte, a palpar los escalofríos ciegos de la noche a través de la escritura neourbana de Starobinets. Su capacidad de jugar con los personajes se transmite al lector como un enigma descifrado en dosis interminables y adictivas. Imprescindible joya para los amantes del terror, la inquietud y el más complejo ritual narrativo. No desearás que termine.

Esa memoria inerte que habita en su voz se transfigura con el disfraz del recuerdo para buscar el espacio de los juegos laberínticos donde nada es lo que parece, donde todo forma parte de un pasado ficticio que luego se vuelve real (quizá) para devolvernos al confuso mundo de los mortales.

Finalmente: (Acuérdense):

Regla número uno. No hay delito si no hay intervención física. Lo único que existe es el curso natural de las cosas ligeramente corregido por nosotros. Si simplemente quiere usted matar a alguien, búsquese un asesino a sueldo. Nosotros trabajamos de otra manera. Generamos accidentes. Coincidencias.

Regla número dos. Si quieren pasar miedo lean a Anna Starobinets.

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