«Sociedad y barbarie», por Ignacio Castro Rey. Melusina

Pues bien, ¿hay que esperar a la muerte, cuando la persona ya no es nada, para «desclasarla», para desclasificarla y entender su radical desclasamiento? ¿Sólo entonces el desclasamiento puede ser algo no negativo, no nebuloso ni místico? Y el dolor, el placer, el humor, la sexualidad, la lujuria: ¿tienen un núcleo de clase? ¿En qué se parecen los hombres cuando lloran? Desde Freud y Durkheim, la generalidad de las ciencias sociales ha tenido que vencer un escollo burdamente «materialista», este a priori decimonónico. Tal vez lo que en el fondo quería decir esta insularización del hombre a través del concepto de clase es que la sociedad entera es una metaclase, sin afuera. Como dice Debord, «todo lo que era absoluto se ha tornado histórico». Dios se ha transmutado en la transparencia de la Historia, en la inmanencia de su contradicción, y sólo se trata ahora de averiguar cuál es su mecanismo para lograr poseer la vida de los hombres, el minutero de sus desvelos. De esta manera, incluso la muerte sería sólo un accidente, un resto arcaico que de vez en cuando ocurrirá en los bordes. ¿Es también la muerte susceptible de Aufhebung? Este más que probable sueño totalizador, esta hipótesis vuelve a emparentar íntimamente los socialismos de izquierda y de derecha, el marxismo y el capitalismo. La existencia no tiene clase, por eso nuestro marxismo se aleja de ella. La muerte no tiene clase, por eso la sociología tiende a evitarla o a convertirla en espectáculo. Verdad es que, para un sociólogo, la sociedad es en cierto modo un sustento.

Fragmento de «Sociedad y barbarie», por Ignacio Castro Rey, Ed. Melusina, 2012.

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We have to fight!!! (…)

… (fight) -> contra el poder, el orden, los métodos, la buro(publi)cracia, el monstruo financiero, el caos (presuntamente ordenado), las palabras fantasmas, la hipocresía, la Iglesia (reducto de…) rellena con lo que te salga de los cojones, los puntos suspensivos claro… las mafias, los altivos, los cautos, los incautos, la mentira, la censura, los censores… ¿Sigo? Me da igual lo que pienses. Sí: el capitalismo, los capitalistas, los Wall, los bordes, los que manejan, los que nos manejan, los que no leen, los que te tachan en una lista, los que te marcan con un número, los que te señalan con el dedo, los que conspiran. Lucha, fight contra todo y no te creas que lo que pintan como belleza es verdad. Nos engañan, sí. Todo lo manifactubello es un puto fake (mainstreams incluidos).

¿En qué piensas?

¿Tienes miedo? Sí. Yo también. Ya somos muchos millones.

Si me pongo a enumerar me pierdo, con los putos miedos, claro.

No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo.

Foto: Facebook de Gio McCluskey

Si quieres empezar por algo (de lucha, claro) afíliate a «El Sindicato».

Nos vamos viendo.

Borregos, sí. Todos.

el sindicato megustaescribir

¿Qué?

Tal vez nos convirtamos en leyenda, tal vez no.

«No», digo, pero aún así, espera.

(Chuck Palahniuk, claro).

PERO USA LA PALABRA, DE MOMENTO. LOS PUÑOS, NO.

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