«Ciudad en llamas», por Garth Risk Hallberg, Literatura Random House

9788439731160

«Cuando su madre se marchó, pasó un año hundida, tras el cual más o menos tuvo que reconstruirse desde cero. Lo hizo en secreto, en los confines de su cuarto, a base exclusivamente de revistas y una radio AM y el pegamento que constituía la necesidad de que no volvieran a herirla. El yo que construyó venía a ser una Minerva de barrio residencial: fiera, cosmopolita, independiente. Su cuerpo estaba cambiando —lo ayudó sobreviviendo seis meses a fuerza de Marlboros y nada más, expulsando el humo por el ventilador de la ventana— y cuando emergió, su madre apenas la habría reconocido. Se libró de la virginidad a los catorce años, el primer curso en la escuela privada de la ciudad, con uno de tercero, el máximo anotador del equipo de lacrase y el segundo chico más rico de su clase. Sus padres no estaban nunca en casa y aquel piso vacío de la séptima planta donde podían hacer lo que les apeteciera tenía algo de emocionante y peligroso. Durante un mes pasaron por allí después de clase a drogarse, a mirar las revistas de desnudos del padre de él, que Sam calificó de ordinarias, y a follar. Aquel chico sabía lo que se hacía, pensó entonces Sam. en cualquier caso había aprendido un montón. Había aprendido a comportarse sexualmente, como alguien que sabía lo que hacía.

Y había aprendido que, en realidad, no puedes hacer acopio de nada que importara. Sentimientos, personas, canciones, sexo, fuegos artificiales: existían solo en un tiempo concreto y, cuando este concluía, se acababan. En el instante presente las ramas desnudas de los árboles parecían nudillos, como la letra nudosa de un niño sobre el suave papel vitela púrpura del cielo, y la nieve le calaba los vaqueros y el agua se le pegaba en el rabillo de los ojos, helada, negándose a caer, y el portero se paseaba frente al reducto de piedra caliza, pero en el momento en que acabara esta espera interminable, todo comenzaría a precipitarse hacia el pasado, a devenir irreal. La necesidad de hablar con Keith era algo físico, como si las células de su cuerpo gritaran auxilio, a pesar de que Sam había abierto solo una rendija minúscula la puerta de su interior. Pero aguantaría un minuto más, y otro, porque podía».

Fragmento de la novela «Ciudad en llamas», de Garth Risk Hallberg, Literatura Random House

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