Meta[personas]#5 (número especial)

Infanta cristinaVeo en uno de estos programas de cotilleo mañanero como la Infanta Cristina abandona a eso de las nueve de la mañana su domicilio en la ciudad suiza de Ginebra. Sale tranquila, con la cabeza gacha, un gorro verde le cubre la cabeza, como abrigo, lleva un pluma burdeos, muy a juego con el verde caza de su sombrero. Hace frío, cae nieve, no de la que se esnifa, nieve de la natural, del cielo. Ella no da pie a mucha foto ni a que nadie se acerque. Sus escoltas la protegen. En Suiza parece que todo vale porque esta señora, como ajena a todo, atiborrada de sedantes, se dirige a su «trabajo» en la Fundación La Caixa. Eso dice el locutor del vídeo. Veo ahora, no en foto ni en imagen, sino en una suerte de retrato a una Infanta destronada por una República, la tercera, reclamada, con nieve o sin ella, porque ya no hay olas en Palma y en Ginebra el frío se deshace en el calor de su vergüenza, mientras España arde en un jeroglífico que ni el mejor de los genios puede descifrar a golpe de nieve, pero en este caso de la que sí se esnifa. Infanta, Cristina, ¿quién eres? ¿Colgarán en el Museo del Prado ese retrato abstracto, brutal, picassiano, retorcido, de una Infanta perdida entre los bancos pobres de la República? ¿Quién sabe? En fin, un pueblo, el tuyo, con tantas preguntas sin respuesta… Mientras me canso, me canso de «realitis», de Chapos, de rastas, de Nicoláses, o Franes, me canso de darle a todo una segunda lectura y no encontrar nada que pretenda volver a la normalidad, nada que sea humilde, como la sencillez de la lectura o el placer de la mirada de un ser humano o meta-humano al que amamos. Esas miradas son un sublime y dulce estado de la materia más pura y misteriosa. Son obras de arte que van más allá de la desnudez de los ojos. Son eso: un aprendizaje de la mirada en todas sus forma posibles…

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email