La mirada de «La chica danesa»

La_chica_danesa-635017188-largeAnoche fui al cine, sigo en La Haya. Necesitaba un paseo, aire fresco, respirar… Deambulaba por sus calles, ya casi desiertas, observando escaparates, mirando a los transeúntes, seguro ya de vuelta a sus casas después de la monotonía de la jornada, sintiendo el frío en mi cara, aguantando la pequeña llovizna que caía, mientras intentaba frenar el miedo, calmar la ansiedad, buscar una luz, un banco donde sentarme, un pequeño restaurante, una voz desconocida, quizá… cuando me topé con un cine a pie de calle, un cine modesto, sí, como los que había antes en todas las ciudades de provincia, un cine pequeño, con el encanto de su aroma a butaca, a tabaco, a celuloide… Un cine como los que destronaron los puñeteros centros comerciales. En fin, como solo tenían una sala, no tuve que molestarme en qué película ver. Ponían en V.O. «La chica danesa». Compré mi ticket y entré, claro. Estaba medio vacío. Pero me sentí feliz, sentado en aquellas butacas como las de antaño, incómodas, pero de verdad. Sólo puedo decir, que al salir de aquel cine, aquella sala, que me trajo tantos recuerdos del pasado, que ya creía perdidos en algún compartimento estanco de mi memoria, donde vi una película majestuosa, seguí deambulando por las calles de La Haya, más desiertas todavía que antes de entrar al cine, sólo que ahora me acompañaban las lágrimas provocadas, exaltadas por los personajes, la trama, las imágenes, la belleza, la sensualidad, el erotismo, el colorido, las palabras y la elegancia de «La chica danesa». Es una película inolvidable. Una lección de amor. No se la pierdan. Yo mientras, seguiré caminando al encuentro de tantos lugares…

(Reseña de la película «La chica danesa»)

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