Meta[personas] #1.

Como sabemos que os ha gustado Meta[personas]3, mientras trabajamos en la cuarta entrega os volvemos a publicar las dos primeras. Gracias.

Con mucho cariño, para mi gran amiga Mª del Mar Uriarte, siempre en el corazón.

Ernesto vive solo desde hace 2 años. Ocupa un pequeño apartamento a las afueras de K. Salón, cocina, baño, dormitorio, y estudio. En éste, Ernesto, ha instalado cientos de televisiones, puede que 254. Una por canal. Le da miedo usar el mando a distancia. Odia discutir. Así puedo ver la vida en conjunto sin necesidad de esfuerzo, dice. ¿Soledad global?

Carlos escribe novelas. A sus 30 y pocos años ya ha publicado 666 títulos. Empezó a escribir a los 16. Prolífico ejercicio cuando sólo escribo la primera y última página. Lo demás es relleno, engaño, abuso, le contesta al entrevistador. No creo en la estúpida ortodoxia de la exposición, [nudo] y desenlace. Rollo de aburridos, afirma. Yo sólo voy a lo que interesa, a lo que la gente lee.

Laura es cantautora. Se anuncia por internet. Sus ingresos son bastante altos. Laura le canta a los muertos. Compone canciones para ellos y acude a los velatorios. Cuando los familiares se retiran a descansar aparece ella en escena con su guitarra y unos papeles. Compone y canta. Ellos escuchan. Tiene una página con 75.254 fans en Deathbook. Le llaman la nueva BrainDeath. ¿Fenómeno? Todo muere, como ellos.

Atzael ahora vive en Praga. Decidió mudarse allí el mismo día en que murieron sus padres. Nunca nos explicó el motivo implícito en aquel salto a lo desconocido. Todos los días, veinte minutos antes del cierre, acude al cementerio judío de la calle París y roba algunos papeles que los visitantes dejan entre las piedras. Se conecta a Facebook todas las noches y copia esos mensajes. Su lista de amigos está vacía, pero él sigue, perseverante.

Daniel es dibujante. Tiene 12 años. No se anuncia en ningún medio. Recibe cartas manuscritas. Todas con el mismo empeño: por favor acuda lo antes posible a nuestro Hotel en la Ciudad (…). Por decreto omito los datos. Cuando llega, el director le recibe en su despacho. El Hotel siempre esta situado en el centro de la Ciudad, pero la Ciudad no existe, ha sido destruída, masacrada, arrasada por el monstruoso género humano. El director se levanta: —Daniel, por favor, queremos que nos dibujes una nueva ciudad. Necesitamos sobrevivir. Él Accede. Luego Pinta. Pero Nada es Tangible.

Layla fue nadadora olímpica. Ganó 2 medallas de oro y 3 de plata. Por razones de edad está retirada. No tiene domicilio conocido ni registros de entrada o salida en la red. Los veraneantes dicen que todas las mañanas nada playa adentro y rescata un cadáver. Por los testimonios recogidos en el estudio preliminar, siempre es el mismo cuerpo, con el mismo código genético y en distintos lugares. Hombre. Layla acude cada semana a un centro de Control y Planificación Familiar. El miedo le impide entrar. ¿El resultado?

Sven trabajó como broker. Se forró. Fue listo y se largó a tiempo. Su mujer alega enajenación mental transitoria. Quiere pasta y divorcio. Le explica al juez que la labor de Sven es viajar de lugar en lugar por todo el mundo (sub) y buscar a las ancianas y pobres vendedoras de flores. Les paga desproporcionadas sumas de dinero por las mismas. Después, llorando durante todo el camino, regresa al hotel, las pone en un jarrón y en mitad de la madrugada se va sin pagar. Él lo llama: Altruista Reparto Voluntario del Poder en Mis Manos. El juez rechaza la demanda y añade: Es una gran labor. Aprendizaje meta, meta, no sé qué, pero lo es. Martillazo.

En fin, historias de cuerdos en este mundo de locos.

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Pues Feliz 2012

 

Feliz año, locos.

Feliz año, libreros, editores, escritores, poetas, creadores y lectores.

 

UNO DE LOS MEJORES ANUNCIOS DE LA HISTORIA DE LA TV

Loterías, aprended a hacer publicidad.

Scarlett, bonita, no convences ni con el glamour.

Bueno, esto es algo más que un spot.

Pinchad en el play y disfrutad un ratito.

Y este año que leáis mucho.

 

http://www.youtube.com/watch?v=tn2HAEWdq4s

 

Gila, hostias, ¿Por qué te fuiste?


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navidad no, gracias

 

 

La navidad es una ficción irreverente, una estúpida ironía del capitalismo, que me provoca ansiedad. [conversaciones con Pumuki]. La navidad es una puta mierda, le responden […] Parece obligatorio ser feliz, gastar lo que no puedes, comer lo que no debes, aguantar a quien no quieres y hacer lo que no te apetece (argumentan).

Al final los que se reparten el pastel son  los mismos de siempre: los espacios de hábitat eventual (centros comerciales, grandes superficies, hipermercados) y los sicarios (grandes marcas) que nos crean, además, un compromiso ansioso de posesión que afecta a nuestro yo y lo destruye en una carrera en la que siempre gana el que más gasta, el que más tiene o el que más puede. (Parafraseando sin mala intención, sálvese quien pueda: el rebaño navideño a la orden de ¡ya!) La manipulación mental emerge de las plataformas de publicidad donde todo es una vanidad histérica provocando, de esta forma, una especie de placer virtual donde el hedonismo se convierte en guardián perecedero de nuestras acciones impulsivas. Todo es una cadena perfectamente organizada. Necesito comer, beber, comprar, estar alegre… (demasiado primario todo, dice Pumuki).

Las fiestas navideñas están  llenas de viles silencios, destructivos maniqueísmos y falsos comportamientos y/o conductas. Mi individualismo me dice que no tengo que ser feliz cuando no quiero sino cuando me dé la gana. Pero mi individualismo está destrozado cuando pertenezco a la fila abrupta de discípulos del poder [mass media].

En navidad todo es mentira. Nada se celebra. Se trata de un espejismo utópico, una inversión de valores a tenor de todo lo anterior. (sic)

Regalos rotos, perros abandonados, libros que nunca se leerán, botellas vacías, borrachos, falsas ilusiones, papeles abandonados, lazos rojos, villancicos sin letras, pavos muertos y muertas, trajes de tul, llantos, peleas, madres que sufren porque sus hijos ya no están, chimeneas apagadas, frases que no quiero escuchar, maridos sin mujeres, mujeres sin maridos, violencia doméstica, los que ya no están o los que se irán pronto, niños en los hospitales, asquerosas guerras, miradas pidiendo auxilio, ojos rogando cariño, sillas vacías, cubiertos que nadie usará, vagabundos en restaurantes de lujo, carne podrida, pasteles amargos, asquerosos caramelos, bolas rojas estrelladas contra el suelo, locos y locas encerrados en blancos cuartos de baño, tragedias y comedias, mentecatos y pazguatos, guitarras sin cuerdas, portazos, árboles que no brillan, (belenes) sin figuras, cotillas y no cotillones, maquillajes imposibles de limpiar, almohadas frías, poemas sin componer, música de trasfondo, y ni el Mesías (de Haendel por mucho que suene) ni nadie vendrá para salvarnos de esta puta mierda que es la verdadera (navidad) y que relato en este último párrafo.

 

Donde las máscaras se arrancarán a tiras.

 

Para todos los que se fueron.

 

 

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ES ELLA

Para todos los enfermos mentales que sufren en silencio, y en especial para Alberto, quien me enseñó la belleza de su locura.

 —Por favor que me traigan una nueva grabadora. Esta no funciona. Mi sargento, el botón rojo, solo tiene que pulsar el botón… De acuerdo, pero que traigan otra.

Voy a documentar la grabación:

—¿Se escucha? Uno, dos tres… bien…sí, uno, dos, tres.
Comenzamos: Uno de enero de 2009. En presencia del brigada Antonio Martínez y como encargado de la investigación del asesinato de la súbdita inglesa Mary Quant, yo, como sargento de la unidad de operaciones especiales del Cuerpo Nacional de Policía doy cuenta de los presentes añadiendo además al detenido Antonio Ventana Podrido. Grabación, uno, barra dos-mil-nueve. ¿O ésto tenía que haberlo dicho al principio? Da igual.

—Según relata usted, y me mira a la cara cuando le hablo, la noche de autos, conoció a la chica en el bar donde ella trabajaba.
—Sí. Fui allí a tomar una copa.
—¿Iba solo?
—Al principio entré con un amigo que me encontré de camino, pero luego se marchó.
—¿Adónde?
—No lo sé. Supongo que de copas o de putas. Y yo qué sé.
—Entonces usted se quedó allí.
—¿Dónde?
…en el bar, en el puto bar al que me dejan ir. Pero ella fue la trampa. No quieren que siga con mis cosas.
—¿Cuándo viene mi abogado?
—Está de camino.
—¿Por qué se quedó usted y no se fue con su colega?
—Ya se lo dije al otro madero.
—Cuidado con lo que habla.
—Al otro policía, joder, ya se lo dije: La camarera esa, la inglesa, no hacía más que mirarme e insinuarse. Me puso un poco burro y pensé que podíamos tomar algo. Le pregunté a qué hora salía. Me dijo que en un par de horas terminaba el turno, pero que si no había faena saldría antes. La muy cabrona no paraba de reírse y de pasarse por mi mesa. A veces se sentaba a mi lado hasta que su jefe le pegaba un grito desde la barra. Y ésta saltaba como un resorte mecánico. Me cargó mucho de alcohol, me ponía las copas gratis la inglesa esa.
—¿Le preguntó su edad?
—No me acuerdo.
—Hemos comprobado su versión con la de otros testigos. Según nos han dicho usted llegó solo y luego se fue con la camarera a eso de las tres de la madrugada. La persona a la que describe como su amigo y que supuestamente le acompañaba en ese momento, dice que no le conoce de nada y que tampoco entró con usted en el bar. Lleva un par de días en la ciudad y no ha tenido tiempo de hacer amistades.
—Eso es mentira.
—¿Por qué nos miente?

—Yo no miento. Es la voz la que dice mentiras.

—¿Qué voz?
—¿No la oye? Es él. Escuchen lo que dice. ¿No lo están grabando?
—No necesitamos nada más. Tenemos su declaración firmada de que asesinó a la chica inglesa de catorce puñaladas en su domicilio.
—La muy cerda no quería follar. Me pillé cinco gramos y me puse hasta arriba, yo estaba que reventaba. Me desnudó y luego me dijo que tenía mal cuerpo y que no quería follar, así que la relajé a golpes. Estábamos los tres solos. Yo tenía miedo y lloré, pero él me dijo esas cosas.

—¿Han llamado a mi madre? Ella me escucha. Ella sabe la verdad.

………………………………………….

—Ahora vamos a pasar a una rueda de reconocimientos. Cuando se abran las cortinas, detrás del cristal verá un grupo de personas mirándole de frente. Ellos no pueden verle. Cada uno lleva un número sujeto. Tómese el tiempo que necesite para observarlos. Queremos que nos diga si conoce a alguno de ellos. Sólo tiene que decir el número de la persona de la que esté seguro conocer.
—¿Entendido?

No contesta. Se pregunta quién será. Los lamentos regresan. Se tapa la cara. Suda. El policia le dice que mire, que se fije, que abra bien los ojos…
Tiene la mirada fija. Ahora las voces llegan como notas musicales impactantes. Alguien le canta la canción de los marineros…la canción del disco roto.
La cortina abierta. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis.
Rubio, moreno, atlético, yonqui, policía camuflado, ella.

—¿Reconoce a alguien?

—Sí, la número seis. La número seis.

—¿Qué pasa con la número seis?

—Esa es la mujer a la que maté.

—¿Cómo ha dicho?

—Esa maldita zorra me rompió mi disco de canciones. Por eso la maté. Es ella. Rompió mi disco y él ya no me puede cantar por las noches.

—Por favor, la número seis que dé un paso al frente.

++++++++++++++++++++++++++++++

Antonio Ventana Podrido. Deje sobre la bandeja todas sus pertenencias.
Tiene asignada la celda 24509.
Bienvenido.

Voces, voces, voces, siempre voces, las mismas. Y nadie me escucha.

Nota: El protagonista real de esta historia, que mezcla ficción con apuntes de lucidez, permanece hoy en día ingresado por voluntad propia en un centro de salud mental de Alicante. Lo que acabo de relatar me lo contó una tarde que fui a visitarlo mientras dábamos un paseo por el jardín. No se llama ni Alberto ni Antonio y en realidad a nadie le importa cómo, porque si decidió ingresarse fue por el rechazo de la sociedad, sus amigos, sus familiares, su novia y otros muchos, que atrincherados en la ignorancia lo estigmatizaron para siempre. Ahora recibe cuidados especiales. No es un enfermo peligroso. De vez en cuando voy a visitarlo y seguimos paseando por el jardín.

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