TAIKO, LIBRO 3

 

Para Ana Belén Molina (siempre Anako). Un día te presentaré a Taiko.

 

Conocí a Taiko en unas jornadas sobre la influencia de la cultura oriental en occidente. Yo asistía como oyente. Taiko, creo, trabajaba como responsable de documentación. Coincidí con él en casi todo el programa. Figuraba por todas partes. Ayudaba a los ponentes con los proyectores. Preparaba las salas. Abría y cerraba las pantallas. Me llamaba la atención la forma en la que aparecía siempre antes de que algo fallara. Parecía intuir los errores de los ponentes. Luego me enteré que tenía experiencia en este tipo de eventos. Cuando nos presentamos me dijo que en Tokio solía colaborar con una empresa organizadora de convenciones para grandes empresas, y que esa era su función: prevenir los desastres. En realidad Taiko era una especie de azafato con algo de magia intuitiva.

Al final de una de las mesas redondas en la que participé más de la cuenta se dirigió a mí para felicitarme por las preguntas y planteamientos que había formulado sobre la Literatura Japonesa. Le di las gracias extrañado. No me esperaba aquel acercamiento, aquella presencia repentina de un personaje al que había estado observando durante todos los días, unas veces por aburrimiento, otras porque algo me llamaba la atención. Quizá fuese esa forma tan peculiar de trabajar o que estaba siempre en escena. Recuerdo que nos miramos de hito en hito y ante mi pasividad intentó retirarse. La verdad no supe qué decir ni qué hacer pero como recordé que en las próximas horas no tenía nada entretenido que hacer justo cuando ya nos despedíamos le propuse ir a tomar algo a una taberna que conocía de mis años de universitario. Me dijo que le parecía muy buena idea pero que debería esperar unos minutos a que recogiera la sala.

Fuimos a la taberna, luego a otro bar. Hablamos, bebimos, fumamos, me contó cosas sorprendentes sobre Japón, sobre su cultura y me hizo entender las diferencias cotidianas de los dos mundos: Oriente y Occidente. Aprendí más con Taiko aquella tarde de marzo que en todas las sesiones, conferencias, mesas y demás rollos a los que asistí. Se puede decir que a partir de aquel encuentro forzado Taiko era mi amigo japonés. Comenzó una grata amistad de encuentros, comidas, cenas, paseos en los que siempre me contaba historias, anécdotas… Gracias a Taiko conocí a muchos escritores japoneses. No tardamos mucho en descubrir nuestras afinidades literarias. Haruki Murakami se hizo presente en nuestros días. A los dos nos fascinaba.

El día del maremoto me llamó por teléfono muy asustado. Hablaba mezclando el japonés con el español. Estaba muy nervioso. Intenté tranquilizarlo mientras veía las imágenes por la tele y las fotos que ya poblaban todos los medios digitales. Le dije que en cuanto pudiera iría a verlo. Me tuvo un tiempo muy preocupado. Tanto que temí por su vida. Dejó de ser la persona alegre y activa que era. Se encerró en casa y lo único que hacía era contactar con sus familiares y consumir noticias y noticias sobre el desastre.

Una semana después me llamó y me dijo que habían encontrado muerto a un familiar. Una hermana de su madre que vivía en uno de los pueblos costeros más afectados apareció muerta entre unos escombros que el mar había arrastrado a unos kilómetros de donde ella vivía. Hasta entonces no ma había contado mucho sobre su vida ni sobre su familia. Taiko era muy reservado para esas cosas. Me dijo que al día siguiente tomaría un avión para Tokio. No me pude despedir de él. Durante su estancia allí creo que me envió un email diciéndome que estaba bien aunque muy apenado por la desgracia y por todo lo que había pasado, que no me preocupara, que volvería pronto. Taiko pasó más de quince días en Japón.

De regreso, me llamó desde el aeropuerto y me dijo que quería verme lo antes posible porque tenía algo que entregarme. Nos vimos esa misma noche. Quedamos en un bar cercano a su casa. Taiko no quiso hablar demasiado sobre el maremoto. Le hice preguntas que no tuvieron respuestas, sólo miradas de suplica: no sigas más. Taiko no era muy bueno exteriorizando sus sentimientos como buen japonés que era.

-Te he traído un regalo.

-Taiko, no tenías que haberte molestado.

Sin decir nada abrió su mochila y sacó lo que parecía un libro envuelto en papel de regalo con letras japonesas. Me lo entregó.

Dijo: -Toma, para ti.

Taiko, gracias hombre, le contesté mientras tomaba su regalo.

Detrás de aquel envoltorio (que hoy todavía guardo) se encontraba el libro tercero de la obra «1Q84» de H.Murakami aún no publicado en España. Hacía un par de semanas que me acababa de terminar los dos primeros tomos que hasta el momento la editorial Tusquets nos ha traducido y publicado aquí.

-En España aún no sabéis cuándo se va a publicar el tercero y sé que tenías muchas ganas de leerlo.

-Creo que para este otoño, Taiko.

-Pues ya lo tienes, me dijo con una grata sonrisa.

-Sí, pero está escrito en japonés, amigo, y yo no lo sé leer tu idioma.

-No quiero que lo leas, me dijo.

-Te lo voy a leer yo. Yo seré quien te guie por el final de «1Q84.»

No encontré palabras ni en toda la riqueza del español ni en lo poco que hablaba de japonés para agradecerle aquel, para mí, gesto de héroe. Era el regalo más bonito que me habían hecho nunca. Concretamos, en principio, tres días a la semana. No eran fijos, a veces nos veíamos cuatro o más. Taiko empezó a leerme la tercera parte de «1Q84» una tarde muy lluviosa. Me gustaba su entonación, su forma de llevar los dos mundos paralelos como sí fueran el mismo, como sí todo tuviera un punto de conexión, que lo había, por supuesto, pero él con su enigmática lectura lo anticipaba de forma extraordinaria convirtiéndolo todo en algo más misterioso todavía. Leía lentamente, caracterizando a los personajes, dándoles vida, parecía haber estado ensayando aquella lectura toda una vida. Pero Taiko era así: las cosas le salían bien de forma natural.

Nos veíamos en su casa. Era una pequeña estancia de unos siete tatamis con una cocina diminuta y un salón que hacía las veces de estudio, living y dormitorio. En la entrada tenía un gran Buda de madera al que nunca le faltaba su barrita de incienso. Cada vez que llegaba me hacía encender una y tocarle la barriga al Buda. Es buena suerte, me decía.

Preparaba una jarra de té que siempre nos bebíamos antes de acabar con la lectura. Las paredes estaban llenas de tapices rectangulares con textos en japonés. En aquel momento me sabía todos de memoria, ahora ya no. He querido olvidar. Había una mesa de color negro con un par de sillas alojando su portátil y libros en ambos idiomas. Taiko dormía sobre un futón que en relación con todos los elementos de la aséptica estancia estaba coordinado para hacer su particular Feng Shui, según me contaba. Taiko avanzaba en la lectura y yo me dejaba atraer por algo que nunca nadie había hecho por mí: leerme un libro.

Íbamos por la mitad cuando por motivos familiares tuve que dejar las audiciones durante una semana. Justo antes de ausentarme empecé a notar en Taiko un comportamiento diferente. Estaba más cansado de lo habitual. Se equivocaba al leer, cosa que nunca le había pasado. No le di más importancia. Él me aseguró que todo iba bien, por lo que dejé de preocuparme. Le dije que en unos siete u ocho días volvería. Como siempre no hizo preguntas, asintió y me aseguró esperar mi vuelta con mucho entusiasmo.

La tarde que llegué a su casa después de haber atendido las responsabilidades familiares Taiko no abrió la puerta. Tuve la intuición de que en realidad estaba dentro pero no quiso abrir. Al día siguiente me llamó y aseguró no encontrarse bien. Tenía la voz algo ronca, me comentó algo de una alergia que desarrollaba en su país y con la que hasta ahora no había tenido problemas en España pero que según los médicos podía molestarle en cualquier momento.

Nuestras lecturas del tercer tomo de «1Q84» quedaron pendientes de nuevo aviso por su parte.

-Cuando esté bien, amigo, te llamo. Así se despidió Taiko.

A los pocos días su nombre aparecía en la pantalla de mi teléfono. Contesté pero no era Taiko quien habló al otro lado. Una voz desconocida se presentó como Inspector de Policía. Me dijo que un coche patrulla iría a recogerme donde estuviera y que me trasladaría hasta la casa de Taiko.

Se me hizo un nudo en la garganta. Algo se aferró en mi interior. Algo que quizá hoy todavía no haya salido o quizá esté desahogando en este relato. No lo sé.

Me recogieron y me llevaron a su casa. Dos agentes custodiaban la puerta junto con los vecinos que curioseaban haciendo las estúpidas conjeturas que hace la gente en estos casos. El mismo Inspector con el que hablé por teléfono salió a recibirme.

Después de comprobar mi documentación y que yo era quien era, me informó que Taiko se había suicidado la noche anterior. Tuve que identificar su cuerpo en el mismo sitio donde instintivamente lo primero que hice al entrar fue buscar nuestro libro. No sé si por miedo a mirar a otro sitio o por la necesidad de proteger algo que era nuestro. Pero no estaba. Después de ver su rostro pálido y frío (Sí, es él), el Inspector me dijo que esperara fuera.

A los pocos minutos salió de la casa y me entregó un sobre con una carta que Taiko había dejado escrita donde contaba todo lo que habíamos estado haciendo. Él no quería implicarme en nada, pero sí que yo fuera quien se hiciera cargo de todo.

-A mí también me gusta mucho Murakami. Con su permiso he estado hojeando esto, me dijo el Inspector mientras me entregaba un sobre mucho más gordo que el primero.

Aquello que recibía de manos del policía era la traducción del japonés al español de todo lo que nos había quedado por leer.

Taiko, antes de quitarse la vida, por motivos que quizá hoy en día ya entienda, se preocupó de traducirme lo que no me había podido leer del tercer libro de «1Q84.»

Fue su forma de decir adiós. Su forma de descubrir el truco mágico que nos había mantenido unidos.

Taiko sabía que yo lo leería, igual que sabía que él iba a morir.

Hace unos días terminé su lectura. Hoy termino este relato en honor a Taiko y a su legado.

 

(Nota: La obra «1Q84» de Haruki Murakami se compone de tres libros. En España ya tenemos traducidos y publicados por Tusquets Editores los libros 1 y 2. Proximamente, se especula que en otoño de 2011, se publicará el tercer libro).

 

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