DERRUMBANDO PALACIOS

caminando la haya

La noche es muy bella cuando apagamos la luz de lectura y decidimos dormir. Sin embargo, el insomnio lo arroja todo por la ventana y nos propone otro plan… Por un instante, al contemplar las estrellas y escuchar el sonido del mar, toda preocupación parece olvidarse. Los cuadernos a medio terminar, los argumentos guardados en el cajón, la miseria posible y la grandeza, el fulgor de tiempos remotos, la simple existencia merecida de un porvenir. Todo. Absolutamente todo. La vida es una y una es la respuesta. Esta noche Louis y yo, caminaremos por estas calles mojadas de La Haya, mientras inventamos canciones, cogidos de la mano, por si el frío nos asalta, sin miedos, con coraje, a tu lado, porque ya no hay nada que esconder, ya no hay nada clandestino y el amor no se elige, te arropa. Ya nos hemos desnudado de vergüenza, de temores y miradas furtivas. Ya sé que te voy a amar, porque aunque mi corazón esté de vuelta, necesita una transfusión de urgencia, aunque no me preguntes mi grupo sanguíneo, porque no me lo sé. No creo que haga falta. Seguimos paseando mientras se apagan las bombillas y el blanco y negro se vuelve color, y ya probarte ni vernos, es un acto suicida. Todo nos espera, al otro lado del tablero… Y es que no puedo cambiar lo que siento. Ya me hirieron en el pasado efímero. ¿Y qué? ¿Y qué si te quiero? Pero ya empiezo a notar que te tengo y vuelvo a sentir el miedo de navegar en tus brazos. ¿Qué le voy a hacer? Soy humano, tan imperfecto o más, que cuando nací, creo. Mantén, Loius, tu alma así, pegada a mi pecho, mientras nos quedamos quietos y alardeamos del amor. Hoy ya he perdido la cuenta de tus caricias. Nos hemos dejado llevar por la ternura. La piel, nuestras pieles, poco a poco cumplirán esos deseos manuscritos en bancos, árboles, paredes y aquellos cuadernos que dejé a buen recaudo en mi habitación de hotel, ahora deshabitada, partida por el frío, rota por los sabores de nuestra sal. Ahora que te encuentro, ya no dormiré de un tirón, y el insomnio será un rumor. Pero, ahora que te tengo, ya me he sacado muchas astillas. Aunque sé que te debo muchas palabras. Y aunque ya no tengo edad, grito tu nombre en la calle, y noto como la mentira se vuelve verdad y se derrumban los palacios, porque haces que este invierno ilumine mi oscuridad y el reloj vuelva a marchar para quitarme, ya por fin, la armadura del miedo. Empieza el kilómetro cero y eso que no estamos en Madrid, pero ahora rezo por quedarme atrapado contigo buscando tantas cosas que dejé atrás, por eso lo llamo kilómetro cero. Y ya no habrá rincón en que tu nombre no se pronuncie. Y si hay una despedida, nos partiremos en dos, para hacerlo, si cabe, más bello, todavía, porque ahora todo empieza y acaba en ti, y ya, aunque algunos no sepan del amor, no tenemos que pedir perdón ni escondernos detrás de los visillos.

Foto y texto: Diego Moya. Modelo: Louis Burckhardt ©
(Todos los derechos quedan reservados)

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