RECUERDO IMAGINARIO

«Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco.» (Sigmund Freud)

Lo intenté con todo: psicólogos, psiquiatras, terapia (de grupo y choque), pastillas, somníferos, visitas al Ikea indiscriminadas, recolocación de muebles, compra compulsiva de estúpidos objetos aún sin desempaquetar, hipnósis, hipnóticos, sexo, sexo en grupo, lecturas entreveradas con mortíferos clásicos, estudio de nuevos idiomas, chillouts… y nada de esto me sirvió. (Apunto la posibilidad de electroshock controlado y facultado para futuros neuropsicoencuentros).

Rubén no salía de mi cabeza. Después de la última vez que nos vimos vagó por mi fantástica vida como alma en pena. Me eché a la noche y a los malos tragos. Lo busqué por tabernas, bares, putiferios, antros, ciberantros, cibertiendas, barracas, poblados, supermercados de unas cosas y otras…y ni rastro de él. Me obsesioné con la idea de su ausencia. Apareció en mí un sentimiento autodestructivo de culpa que no acabaría hasta que lo encontrara. Él no es una de esas personas que necesitan escuhar oye tío lo siento, perdóname. Menuda gilipollez. No se trataba de eso. Mi rollo neurótico era un comportamiento obsesivo compulsivo que se autoalimentaba de mis actos para convertir lo que ya no era vida en un cementerio de su desaparición (aún por determinar). Yo sabía que no estaba muerto porque él representaba la supervivencia de la materia moderna, la creación más matemática y exacta de lo que yo siempre quise ser: un ser diferente. (Pero en realidad era una mierda y por una vez que había encontrado mi reflejo lo había perdido). Soñé con espejos, espejos rotos, negros, sin reflejos, con reflejos, de los que manaba sangre, espejos dentro y fuera de mi casa, en medio de la calle, espejos de donde salían hombres vestidos con túnicas negras… Espejo de terror, sin más. Pero lo dejé huir.

Paciencia, busca otras actividades, sal con amigos, haz nuevas amistades, cómprate una mascota…venga ya: sólo les faltó decirme: Tío mátate a pajas. Harto de oir siempre la misma historia en todos los gabinetes de terapia a los que asistí decidí dejar toda la mierda que me tomaba (miligramos de vómito) y volver como oyente a las clases de la Facultad. Allí conocí a Tina una repetidora histórica que decía haberse follado a Rubén en un after de la carretera META 34 hacía un par de meses. Joder tío, yo iba hasta las trancas, el Rubén este también, me costó mucho ponérsela dura, no folla mal el hijoputa, una vez me la metió tenía ritmo, pero al final me dio mal rollo colega, cuando se corrió, antes de sacarla va y grita el muy cabrón: ¡CAPITÁAAAAAN AMÉRICA!, SOY EL PUTO CAPITÁAAAAAAAN AMÉRIIIIIIIICAAAAAAAAA. Se me cortó el rollo tío, hasta se me bajó todo el colocón. Luego el muy sádico sacó unas cuartillas con dibujos (no sé qué mierda son) se limpió con ellas y me las regaló. Mira, mira. No, le dije. Mejor déjalo, otro día me las enseñas. De todas formas si lo ves, dile que lo estoy buscando. Vaaaaale, colegaaa. ¿Oye?, ¿no te habrá “molestao” lo que te he “contao”?, me preguntó justo cuando le daba la espalda. No, no te preocupes, no pasa nada. Tío, a mí me van los látigos y cueros y toda la mierda esa pero tu amigo está un poco colgao, si me hubiera “avisao yo entro en el papel”, pero así a palo seco…

Dejé a Tina haciéndose un porro y volví a casa. No había nadie. Intenté relajarme un poco pero no hubo forma. Quería dormir, pero sin pastillas iba a ser imposible. Me tomé un Orfidal y al rato desperté en casa de Rubén:

Una especie de personaje visionario/catódico. Un “Neuromante” complicado. L llevaba su barba recién afeitada, vestía un pantalón gris, la camisa muy suelta, cuatro tallas más grande, como las que usaban aquellos negros del pasado. En ese año (indeterminado según mis datos) de la era inferior trabajaba como asesor de producto en un neuromercado. Serían las cinco horas del terciodía cuando me lo encontré entre los pasillos 13 y 14. Me esperaba con el deuvedé en la mano. Hazte cargo, me dijo. Despareció. Allí encontraría todas las instrucciones… En mi cápsula recordé a L en un pasado interruptus cuando era humano y reconocía mis gestos y emociones con solo mirarme. Ahora, cuando necesitaba de las máquinas para comunicarse me producía cierta angustia. Él no sabía que era un experimento de la antigua escuela de psiquiatría para desarrollar parametralmente los nuevos formatos de soledad, angustia y ansiedad en los ámbitos extrasensoriales de los paraísos artificiales traídos desde el siglo XX. Ya he ordenado los medicamentos por colores. En el armario tienes los cuatro que te hacen falta. L vendrá mañana cuando sienta la necesidad de ser lo que era: humano compartido. (Cuaderno R34 de la era postmoderna anterior).

************* blanco **************

#Doctor, en la sala de espera hay cierto alboroto, alguien pregunta por usted. Dice que necesita verle. No encuentra su identidad.#

Gracias Tina, después de Rubén me lo pasas.

La vecina seguía observando detrás de la puerta, mientras yo sigo buscándome en los espejos. Camino, miro, observo, callo, memorizo, fotografío, recuerdo (interrupción), convulsiones…

Enciendo el PC y pido cita para consulta. Es una pena que nunca coincidamos en las salas de espera. (Ni él, ni ella, ni yo, ni ellos).

#¢¢#4qw*******@@@@@@@@@!!!!!!!!!!¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿¿¿¿¿ (compulsive, apparel… I neeeeeeed).

Del diario: (sin clasificar), manuscrito: cualquiera puede existir pero no todos pueden soñar… (memoria sin control).

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