Erika Nipkow

 

Erika me observa desde su cómoda hamaca mientras yo aprieto un botón para avanzar la imagen futura de mi videograma real.

He seleccionado este espacio porque Erika no puede sentirlo pero sí verlo. Es una condicionada.

De la playa al parque llegaremos en cuestión de 10 minutos. Le meto prisa.

Erika, me persiguen los virtuales.

Sé que estás cansada pero tenemos que avanzar. Si nos cogen (lo) perderemos ambos. Ninguno tendremos su propiedad. He intentado ayudarte con el avance de la cinta. No puedo hacer más.

En silencio me coge la mano y se deja llevar por la fuerza humana que ya no le corresponde. Erika vuela en oleadas de eléctrico magnetismo. Estática su mirada, vertiginoso su cuerpo y ni una sonrisa, ni una sola mueca de la que pueda deducir al menos una pista. Sería una estupidez perder el tiempo otra vez. En esta ocasión todo parece correcto.

Una vez en el parque se desprende de mí y se se dirige hacia un pequeño banco en el que se sienta. Se escuchan los gritos de algunos niños que juegan entre los columpios. Ella, con su nuevo instinto, los busca sin éxito. Quiero decirle que son grabaciones, pero sería un error. Tendríamos que volver a empezar esta vida silenciosa donde los gritos infantiles han ganado terreno desde hace meses a la soledad.

Ahora está de pie frente a mí. Yo sostengo una bolsa de plástico. En ella algunas compras del día. Con un gesto la invito a volver al banco pero me lo impide con su hombro, en un gesto de repulsa y rechazo.

Lo entiendo. Subimos a su apartamento no muy lejos del tiempo y follamos durante más de una hora de forma programática. Nuestros gemidos son grabados para experimentos y proyectos futuros. Los aislaran, antes, del resto de sonidos atmosféricos.

Ella tumbada en la cama me mira mientras (yo-absurdo) me paseo ansiosamente por sus habitaciones.

Me pregunto, querida Erika, si hace falta que construyamos paredes en una casa de la que más tarde huiremos y donde las mamparas son papeles en blanco en los que nos escriben el guión de nuestro existencialismo compartido.

No veo nada relacionado. Miro el interior de la bolsa. Nada interesante. La vuelco: un vestido punk de segunda mano, un par de medias nuevas, un par de flyers para un antro llamado Paraíso Desperdicio y un par de pastillas que tienen pinta de ansiolíticos. Me las meto en la boca y me las trago. Algo harán. Lo importante, me enseñaron que es: la transfiguración introspectiva in.

El efecto no tarda: entre humos y efluvios veo a Erika retorcerse de dolor mientras alguien emite histriónicas carcajadas. (Respira hondo, respira hondo, Erika).

#coños desparramados por habitaciones teñidas de colores aún por inventar.

#siluetas de cartón troqueladas en talleres del antiguo régimen.

#canciones despojadas de sus gritos.

(joder, menudo panorama)

#me despierto en un after con Erika. En la carta solo muestran coños en todo tipo de modalidades: fritos, sazonados, amargos, cerrados, abiertos, seguros, chulos, peludos, pelados…

Nos han emitido, como entretenimiento supongo, un paisaje con (siento de nuevo ansiedad, no encuentro lo nuestro): hombres, mujeres, ratas, cloacas, vagones, campings, bodegas, sótanos, castillos, peleas, vivos, no muertos, sables, sangre, sexo, andróides, bolsas…

¿Existe la era del after (algo) o estamos ya en la del after todo?, me pregunta Erika.

Cuando quiero contestarle ha desaparecido. El camarero me dice que ninguna mujer ha llegado conmigo. Sí algo parecido a un travesti, al que se han llevado un par de golfos. Vuelvo a su casa. En el dormitorio hay una librería que remuevo y tiro al suelo desesperadamente. Una caja precintada con papel de pompas cae. Busco un cuchillo, lo rasgo, la abro y ahí está:

 

EL DISCO DE NIPKOW *

 

Construido e inventado en 1884 por Paul Gottlieb Nipkow ha venido en forma humana en el cosmos de Erika hasta nosotros. Es una de las piezas necesarias para componer el rompecabezas necesario para regresar a la vida.

 

* El disco de Nipkow es un dispositivo mecánico que permite analizar una escena de manera ordenada. Fue Paul Gottlieb Nipkow quién lo inventó y construyó en 1884.

 


Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Email