«Fantasma» o la nueva concepción del cine español

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«Fantasma», del director español David Navarro, es una de las mejores películas españolas de los últimos 20 años. Todo un descubrimiento. Brutal, desgarradora, increíble, buena, sí, buena pero con mayúsculas. La película que todo cinéfilo debería soñar. Un trabajo excelente. Una historia que te agarra por dentro, te coge desde las entrañas y no te suelta hasta el final. Una película inteligente y perfecta. Una trama que juega con tu mente, te vapulea, te deja sin respiración. Una experiencia única y sobrecogedora.

Tenía ganas de ver algo diferente, una película que conceptualmente me aportara algo nuevo y «Fantasma», en su condición de obra rotunda y portentosa, rebosando maestría en cada plano, lo ha conseguido. Uuuuuuf. Termina y respiras. Es un cine que nos mantiene a salvo porque es diferente y culto en esencia. En este trabajo impecable del realizador David Navarro, podemos descubrir a través de la imagen un tratamiento correcto de la violencia y/o el mal a través de sus límites simbólicos, es decir, los que forman la propia identidad del personaje.

Uno se desidentifica totalmente, se olvida de sí mismo, prescinde del entorno, cada personaje es un ente independiente y propio que desarrolla su personalidad en un espacio tiempo en el que llega a abolir al otro, en un universo codificado en una serie de segundas lecturas visuales, que se consagra en un mimetismo visual integral aboliendo así todos los límites, tanto espaciales como temporales. Son también límites físicos y mentales los de los personajes de «Fantasma»: la capacidad de aguante del cuerpo, de la mente, su posibilidad de alcanzar y traspasar nuestro umbral de tolerancia y generar una suerte de secuencias sorprendentes, catársicas.

La protagonista principal de la película, Cristina Soria, en el papel de Marta (cuyo trabajo le valió para obtener el premio a la mejor actriz en el festival Abycine de Albacete), consigue un nivel exponencial de interpretación soberbio. Su especial «via crucis», su desgarradora mirada frente a la adversidad en ese tablero de ajedrez incomprensible en el que se encuentra, y sus palabras, son una perfecta comunión creadora de un personaje difícil, no apto para cualquier actriz. No la conocía, sinceramente y me ha sorprendido. Sorprendido y convencido porque Cristina Soria se adentra en el objetivo de tu mente, te sostiene firmemente en cada secuencia y comparte con el espectador esa angustia, ese dolor, ese deambular perdida por la ciudad como un fantasma de verdad, no de los que aparecen de noche en tu dormitorio (que son un poco, bastante, de mentira), éste, el fantasma de la mujer herida es de carne y hueso y da miedo de verdad. La elegancia de su saber estar delante de la cámara consigue una perfecta simbiosis entre director, guión y actriz como pocas veces he visto. Su ausencia implícita es su presencia explícita, y su presencia es su particular y soberbio arte para interpretar un papel complicado consiguiendo así una complicidad con el espectador única.

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Y es que hay algo en los fotogramas de esta película, no voy a decir qué, claro, —para eso hay que verla—, capaz de perturbar a cualquiera. Algo que va más allá de la locura: una iconostasis imparable e incomparable. La vida y la muerte, son, aunque estemos hartos de verlos los dos elementos más difíciles de tratar con la imagen. Una cosa es exponerlos de forma gratuita (como suele hacer el cine comercial yankee de serie), que no es el caso de «Fantasma», ni de la maestría de David Navarro, pero, otra, la complicada, como antes decía es TRATARLOS, de forma que en la trama, todo (la vida / la muerte) estén sucediendo constantemente creando un universo cósmico donde convergen con precisión milimétrica: sujeto, objeto, artista, arte e imagen en continua retrocomunicación con el espectador espectante… Y esto es lo que hace de «Fantasma» una obra maestra, un nuevo concepto de hacer cine en España.

El arte de contar, a través de la imagen, llevado a su extremo nos hace pasar a un estado de descontrol, que da un sentimiento de omnipotencia, de superación de lo contingente, y establece una familiaridad con el accidente que nos acerca más a la salida fatal que al control del riesgo, estableciendo así un pacto simbólico / metafórico con la muerte que se puede romper en cualquier momento siendo éste, el riesgo de muerte, el medio para darle forma a los actores, una manera, magistral, pues, de de conjurar el miedo y la tensión al porvenir, simulando de esta forma otro miedo, el miedo a la catástrofe, que es lo mismo que el miedo de volver a la vida. La fascinación ejercida por esta película tiene un efecto doble: uno, el orden de lo sintagmático en cuanto al relato, y otra la segunda; la emoción / realidad del sujeto / actor que fascina porque va más allá de todo límite del contexto de producción del acontecimiento: amor, sexo, muerte, azar, tiempo, finalidad

Ver aquí película Fantasma on line en plataforma Filmin

Reseña de la película «Fantasma», dirigida por David Navarro

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