InstaDiego#4

el-lado-oscuro-max

—¿Qué opinas acerca de los engramas? —la puse a prueba.
—¿Se refiere a los pacientes con lesiones cerebrales?
—Sí —dije intentando ocultar que estaba sorprendido.
—Interesante —dijo—. Usted contradice las teorías acerca de modo en que el cerebro se ocupa de la memoria.
—¿Tienes alguna reflexión al respecto?
—Sí, creo que debería profundizar en la investigación de la sinapsis y concentrarse en la amígdala.
Sin  embargo, luego pensé que el grupo de hipnotismo podía desestabilizarse si ella se incorporaba a la terapia (empecé a pensar que por una vez Pumuki podía estar equivocado). Había reunido a un pequeño grupo de personas formado por hombres y mujeres cuyos problemas, historial de enfermedades y procedencia eran totalmente diferentes. No había considerado si se les podía hipnotizar o no fácilmente. Mi objetivo era que se estableciera una comunicación, un contacto dentro del grupo, que los pacientes se relacionaran consigo mismos y también con los demás. Muchos de ellos arrastraban una pesada carga de culpabilidad que les impedía relacionarse con otras personas, desenvolverse en sociedad. Se culpaban a sí mismos por haber sido violados o maltratados, habían perdido el control de sus vidas y toda fe en el mundo.

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Meta[personas] #3.

Pumuki se ha empeñado en recuperar un proyecto que empezamos y, no sé muy bien por qué, decidimos abandonar. Se trata de los episodios de meta[personas], de los que tan sólo publicamos dos entregas. Hoy, después de muchos meses, la tercera:

machine_stare_0Comenzaré 2016 caminando, igual que tú, me echaré a la calle para calmar mi ansiedad, esa que nos mece por todas partes, para encontrarme con todas esas formas, donde la energía se eleva a 2016 nanosegundos: inteligencias artificiales de las que me puedo enamorar, robots analógicos, autómatas que legislan, robots digitales, robots sucios, un trajeado empleado de banca empapado de Xanax, un camarero con mandil de librero, un librero con hojas en blanco, un motero componiendo canciones, bebedores de aloe, cantores del futuro, inmortales desesperados por morir, cabezas rapadas besándose por las avenidas, avenidas sin coches, mirones del Ministerio, genios del Deber, amantes de la Esperanza, votantes del Exilio, cocheras inundadas, un suicida que me explica que lo suyo ha sido un asesinato que ha salido mal, por eso hay tantos muertos en el parque, me dice; drones sin pilotos, cucharas volantes, mesones vacíos, matones en mi casa, velas incendiando salas de cine, mujeres azuladas, traumatismos, aneurismas, ansiedades, universos paralelos, un loco que defiende la teoría de cuerdas, el chico lumpen, que me observa con la mirada perdida por el efecto del éxtasis. Y al final de la calle, un colega, dormido. Me acerco sigilosamente. Lo observo, lo miro, lo palpo. A su lado, posado sobre la calle, un bote de Ambien. La tribu tecnológicamente superior siempre gana, me dijo uno de los mirones. Pero él duerme, le contesto. Duerme en los dos universos, le digo. ¿Y por qué estás tan seguro?, me pregunta.

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Reflexiones y/o fragmentos y/o frases desde el monasterio 02

9788420410784

Día 10: —> 06:26 a.m. Ya os comenté que la única lectura que me traje al monasterio de Santo Domingo de Silos había sido la novela «No está solo», de Sandrone Dazieri. La escogí un poco por el título en sí, un poco también por el gran éxito que había cosechado entre la crítica literaria italiana más exquisita y por la trama, supongo. Pero a lo que voy: La mayoría de las tardes las paso leyendo en la biblioteca del monasterio, cuál fue mi sorpresa cuando en la página 271, con el silencio más sepulcral del respeto y algunos casi inaudibles cánticos que venían de la sala de oración, me encuentro con el siguiente párrafo: «A pesar de que sus padres habían sido fervientes católicos, Rovere había crecido con la duda, la misma constante y la misma voluntad de comprender que lo habían ayudado a crecer en su carrera de policía. Aunque, ¿cómo se puede aplicar el pensamiento racional a lo incognoscible, a lo trascendente? Demasiado escéptico para creer y demasiado ligado a la tradición para rechazar la idea de Dios, Rovere se había quedado en vilo. No iba a misa, pero no se definía como ateo, ni tampoco como agnóstico. Dios probablemente existía, pero estaba tan lejos del mundo y de los hombres que creer en Él o no creer daba lo mismo». (fin del fragmento). Cerré el libro, me levanté, puse la silla en su sitio, y dejando todas mis cosas allí, sin preocuparme por más, salí al exterior a buscar qué, ¿una respuesta? Ni siquiera yo lo sé. Espero que mis vecinas tampoco.
—Conexión via Skype con Pumuki… [Ey, Pumuki, ¿cómo va todo? Antes de cortar la conexión, ¿tú leíste la edición original en italiano de esta novela «Uccidi il padre»? Cierto. Eres un crack. ¿No crees que Dante toma demasiado Xanax*? Qué va, el Xanax es maravilloso, sobre todo si lo mezclas con alcohol. Joder, tío, tú que entiendes tanto de paz interior y me preguntas estas cosas] (…) Fin de la conexión.

*Xanax: principio activo de la familia de las benzodiazepinas conocido como Alprazolam. En nuestro país se comercializa como Trankimazin.

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EsPuMuKi de Navidad

psiq loco

Pumuki ha vuelto.

Me cuenta que ha estado interno en un centro de Planificación y Control Mental. Creo que es Nochebuena o algo parecido. Nos aburrimos. Entre mis papeles tengo una invitación a una conferencia sobre la figura de DFW.

Pumuki no accede a la propuesta.

Esto es como un salto en el tiempo. Me presenta a su amigo imaginario. Una suerte de artefacto prototipo de una inteligencia artificial con la que no sé qué pretende.

Tocan al timbre. Un aburrido bohemio nos trae la comida. Nos damos las manos. Saludos de cortesía. Montamos la mesa… Bla, bla, bla, comemos, bebemos, hablamos. Pumuki me pasa una nota en la que dice haberse masturbado encima de un libro de BIZ.

Me asegura guardar en sus cajones libros prohibidos de Bukowski que intercambió a hurtadillas con alguien en el centro. — [¿Contrabando de loqueros?]

—Necesito ver tu evaluación—, le digo. Abre su maleta, saca una carpeta y me la entrega.

Tratamiento: se le informa que siguiendo instrucciones de su psiquiatra virtual se le aplicará el mismo protocolo que a la persona deprimida, mujer deprimida del cuento de DFW. Leo.

Una suerte de magnetófono manejado por Pumuki emite ahora mensajes subliminales mezclados con luces estroboscópicas. —¡Apaga ya, demonio!—, le grito.

—No estoy loco—, me dice.

—¿Y por qué razón?—, le pregunto.

—Simplemente porque la enfermedad mental no existe. No es un padecimiento cuya naturaleza sea elucidada por la ciencia sino más bien un mito inventado por psiquiatras con aspiraciones de ascenso profesional y respaldado por la sociedad, pues valida soluciones cómodas respecto a personas problemáticas. (sic)

En su informe de evaluación expedido por el CPCM leo:

Ha mejorado en: Comprensión lectora, habilidad motora, capacidad de escupir, arrogancia, estupidez, comer caramelos, convulsiones endógenas, introspección, falsos trabajos, follar mentes y leer a poetas malditos… Malditos poetas…

Aburrido de leer verborrea megalómana me levanto del sillón, voy hasta la ventana del salón y veo que ya han colgado por las calles las luces de navidad.

Idea y acción: Busco mi rifle de largo alcance y desde la ventana empiezo a dispararle a las bombillas. Todos rien a carcajada suelta. ¿Existe la violencia artificial? Disfruto con las microexplosiones de colores. Quizá esta mierda tenga algo de espíritu navideño. No lo sé. Pero hay una catarsis espontánea que me sorprende.

Esto es como un salto en el tiempo. #En caso de duda consulte con su académico. Si no lo tiene se lo asignaremos sin recargo alguno#.

El bohemio ha tomado asiento. Nos pide que nos acerquemos. (Villancicos no, por favor).

—¿Somos ficciones?

En aquel momento, un niño pequeño que se encontraba en algún lugar de mi interior chilló a pleno pulmón, pero cuando abrí la boca no salió de mis labios ni el eco de aquel grito. Tenía miedo. Tenía pánico. No había tenido tanto miedo en toda mi vida. Pero era un miedo empaquetado, instalado en el estómago y me estaba corroyendo.

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¿Incienso(maníaco)?

sillón Pumuki

 

Pumuki, cómodamente sentado en su sillón orejero, después de llevar varias horas hojeando el nuevo DSM-V en su versión abreviada —el completo sale en octubre— me observa mientras apura una calada a un viejo habano. Su postura, algo sobreactuada, se pretende hacia lo histriónico, pues en el lapso de cuatro segundos deja el manual en el suelo y expulsa:

—¿Por qué en esta nueva revisión de los trastornos y enfermedades mentales no incluyen “el acto de esnifar incienso” como un trastorno relacionado con sustancias y trastornos adictivos?

—Seamos cautos, amigo, y de paso cerremos las ventanas.

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