…a propósito de…

Quizá todo esto de:

bichear

bloggear

facebokear

kindleamazonear

tuitear

retuitear

leer

contar

imaginar

pensar

crear

escuchar

esperar

mirar

hacer listas

y pocas cosas más

sirva como terapia para que nos olvidemos un poco de la puta mierda que nos rodea y nos rodeará, si cabe, aún más.

A propósito de: muchas gracias a los que ,de cualquier manera, hacéis posible todo lo enumerado.

Sino fuera por estás pequeñas cosas (más o menos como cantaba Serrat)

¿qué sería de nosotros? (tan pequeños e inofensivos).


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navidad no, gracias

 

 

La navidad es una ficción irreverente, una estúpida ironía del capitalismo, que me provoca ansiedad. [conversaciones con Pumuki]. La navidad es una puta mierda, le responden […] Parece obligatorio ser feliz, gastar lo que no puedes, comer lo que no debes, aguantar a quien no quieres y hacer lo que no te apetece (argumentan).

Al final los que se reparten el pastel son  los mismos de siempre: los espacios de hábitat eventual (centros comerciales, grandes superficies, hipermercados) y los sicarios (grandes marcas) que nos crean, además, un compromiso ansioso de posesión que afecta a nuestro yo y lo destruye en una carrera en la que siempre gana el que más gasta, el que más tiene o el que más puede. (Parafraseando sin mala intención, sálvese quien pueda: el rebaño navideño a la orden de ¡ya!) La manipulación mental emerge de las plataformas de publicidad donde todo es una vanidad histérica provocando, de esta forma, una especie de placer virtual donde el hedonismo se convierte en guardián perecedero de nuestras acciones impulsivas. Todo es una cadena perfectamente organizada. Necesito comer, beber, comprar, estar alegre… (demasiado primario todo, dice Pumuki).

Las fiestas navideñas están  llenas de viles silencios, destructivos maniqueísmos y falsos comportamientos y/o conductas. Mi individualismo me dice que no tengo que ser feliz cuando no quiero sino cuando me dé la gana. Pero mi individualismo está destrozado cuando pertenezco a la fila abrupta de discípulos del poder [mass media].

En navidad todo es mentira. Nada se celebra. Se trata de un espejismo utópico, una inversión de valores a tenor de todo lo anterior. (sic)

Regalos rotos, perros abandonados, libros que nunca se leerán, botellas vacías, borrachos, falsas ilusiones, papeles abandonados, lazos rojos, villancicos sin letras, pavos muertos y muertas, trajes de tul, llantos, peleas, madres que sufren porque sus hijos ya no están, chimeneas apagadas, frases que no quiero escuchar, maridos sin mujeres, mujeres sin maridos, violencia doméstica, los que ya no están o los que se irán pronto, niños en los hospitales, asquerosas guerras, miradas pidiendo auxilio, ojos rogando cariño, sillas vacías, cubiertos que nadie usará, vagabundos en restaurantes de lujo, carne podrida, pasteles amargos, asquerosos caramelos, bolas rojas estrelladas contra el suelo, locos y locas encerrados en blancos cuartos de baño, tragedias y comedias, mentecatos y pazguatos, guitarras sin cuerdas, portazos, árboles que no brillan, (belenes) sin figuras, cotillas y no cotillones, maquillajes imposibles de limpiar, almohadas frías, poemas sin componer, música de trasfondo, y ni el Mesías (de Haendel por mucho que suene) ni nadie vendrá para salvarnos de esta puta mierda que es la verdadera (navidad) y que relato en este último párrafo.

 

Donde las máscaras se arrancarán a tiras.

 

Para todos los que se fueron.

 

 

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Dvd, Pasolini y el Bronx

 

rara avis.

(Loc. lat.; literalmente, ‘ave extraña’).

1. amb. coloq. Persona o cosa conceptuada como singular excepción de una regla cualquiera. U. m. en f.

Fuente: RAE.

 

No me gustan las siestas de más de una hora. Me despierto con la cabeza embotada, como sonámbulo y encima de malaleche. Pero la disimulo bien, la malaleche, supongo. Me quedé dormido escuchando una tertulia de Radio Clásica. Una chica con voz muy de radio, pero que no trabaja en el medio hablaba sobre la necesidad de hacer más conciertos familiares, conciertos para todos, de 8 a 99, ha dicho, creo que se refería a los años. Un oyente ha dejado un mensaje diciendo que le gustan las óperas sencillas. No te jode. A mí también. Prefiero La Traviatta a una de Wagner de 4 horas (infumable). Entre toda esta sarta de mensajes subliminales me he dormido, pero él que me ha producido el estado catatónico ha sido un padre que ha dicho:

cuando voy con mi hijo pequeño a la ópera este me pregunta siempre, papá, papá, ¿cuántos movimientos hay? yo le contesto: hijo, cuatro movimientos, y él me dice entonces hoy sólo tengo para tres toses.

Tres hostias le daba yo al niño como se le ocurriera toser entre movimiento y movimiento. Se me ocurren otras cosas mejores entre ambos, pero me callo, mi padre me dice que debo escribir historias de amor, que soy muy brusco, que a los lectores les gustan las historias románticas, y yo le digo que para eso ya hay otros, que a mí es que me salen así las cosas.

Embotado me desperté. Me asustó la luz de la tele. No veo la tele. La uso para escuchar la radio. Le tengo enchufado un descodificador de señal de TDT y escucho las emisoras en HD. Pero siempre se queda un logo fijo con la marca del aparato y esa luz que emite es la que me asusta. Creo que es japonés o chino o taiwanés, bueno qué más da. Creo que lo robé de alguna casa de alquiler. Seguro que se lo merecían los putos caseros. Los caseros, por lo menos en mi caso suelen ser unos hijos de puta, y cuando llega la hora de irte, siempre, entre unas cosas y otras se acaba como el rosario de la aurora. En mi útimo caso fue puta y puto. Mi hermana vivió en Madrid durante diez años y pasó por unos cuantos pisos y en todos tuvo problemas menos en uno, pero porque el dueño era primo lejano de alguien de la familia real. No sé si hago bien escribiendo familia real en minúsculas, pero me trae al fresco.

En la siesta creo que soñé con algo de facebook. No me acuerdo del puto sueño, pero sí de que en el maldito facebook, a veces, te das cuenta de que además de escribir cosas que no sabemos para qué las colgamos, sirve para ver quién es buena gente y quién dice que tiene perros y ama a los animales y en realidad es falso, todo mentira como toda ella, su vida y su rollo deambulante modernista, qué digo modernista, eso quisiera ella ser: moderna, mierdista diría yo, así me queda mejor. Los modernos nacen, los hiper(modernos) también, los post creo que no. Pero ella no nació moderna, nació, sólo eso. Pobre desgraciada. También te das cuenta de la buena gente que hay y que se presta a ayudar cuando tienes un problema, por ejemplo que te has encontrado (mi hermana), un perro, te lo has llevado a casa, lo alimentas, lo cuidas, llamas a las protectoras y pasan del animal, lo cuelgas en facebook y la gente responde, otros y otras huyen. Oye bonita que los mordidos virtuales todavía no se inventaron, ¿o sí?

Por aquí creo que tengo un libro de Passolini (Nueva York, otra delicia de Errata Naturae), voy a empezar a leerlo. En el prólogo dice:

“Me gustaría tener dieciocho años para vivir una vida en Nueva York.” (Pier Paolo Pasolini)


Joder y a mí. Me gusta Pasolini porque me hace pensar y sentirme joven. Me gusta Pasolini porque me recuerda que un día también estuve en Nueva York y aunque no tenía dieciocho tampoco tenía treinta y seis. Me gusta también porque me encantaría volver a Nueva York a no sé qué, la verdad, pero no estaría mal.

esta foto es del Bronx, me gusta el Bronx, los negros, los perros, la gente (1), pero odio a las falsas, a las gafapasta y arribistas de la moda empernida que no saben dónde dejaron su último traje.

En Nueva York estuve con mi hermana, en el año 2004, con la misma que se ha encontrado al perro y  lo guarda en casa, con la misma que guardo secretos, virtudes y defectos.

(1) No me gusta toda la gente, la gente que tiene animales sí, aunque ya no todos. A veces los compran porque está de moda y parece que comprar un perro es como de ricos, pasearlos les da poder y prestigio, cuanto más grandes y negros mejor.

Mi antigua (vecina), una rara avis, estuvo a punto de ser atacada por un animal. En realidad mi antigua vecina, primero fue vecino (niño) y luego (niña) mujer o eso parece, me hago un lío. El caso es que los perros (como el que intentó morderle) tienen el olfato muy desarrollado y huelen el miedo y todo lo que está putrefacto. Mi antigua vecina/o está podrida/o porque los coños de mentira huelen mal y si no se lubrican naturalmente (2) pues acaban pudriéndose. Vivía en la puerta de enfrente y os aseguro que olía mal. Y os prometo que el perro se le tiró para morderle el coño. Sabia naturaleza.

(2) Se refiere a la lubricación natural femenina y no a la artificial envasada.

Yo tenía que llenar toda la casa de inciensos y aromas para esconder el mísero aroma. Demasiada hormona embotellada. Pobre de mí.

Taconazos lejanos ya.

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TE BESARÉ EN LA BOCA

 

Ser puta es algo muy digno,  me dijo alguien una vez, tan digno como usar un bisturí, para las dos cosas hay que tener el mismo estómago.

Estoy sentado en la misma habitación de siempre. Me la prestaron para estos días que me quedan. No llevo más de una hora aquí. Lo suficiente para haber anulado mis recuerdos. Destellos blancos y amarillos se reflejan amorfos y angustiados en una pared imaginaria. Nadie me dijo que existías más allá de estos papeles emborronados.  Nadie, nadie me avisó. Las voces se pasean por el contorno de mi sombra. Suena un tic-tac lejano en algún reloj. En mi casa nunca hubo relojes de pared, ni pájaros de cartón que salían cada hora a desgañitarse para recordarme el tiempo de la memoria y de mi asquerosa existencia. ¿Hay alguna forma de medir este instante que intento componer?

Veo como las llamas de la chimeneas que antes me daba calor ahora se difuminan regalándome el rojo frío de mi vida. Me alimento del fuego incandescente de infinitas barras de incienso que poco a poco se van consumiendo cómplices de mis sentimientos ahogados en la renta de la vida. Me gusta quedarme sentado, inmóvil en esta silla que alguien vendrá mañana a llevarse, mientras observo como se consume el stick incendiario. Me gusta fijarme en sus formas, en como el humo se desvanece hacia la nada en mil figuras, en arabescos volátiles que se diseminan por este lugar que todavía no sé si es real o ficción.
Imagino que es el humo que fumaron tantas mujeres a las que amé después de apagar sus cigarrillos más ardientes que ellas. Ellas me miran de reojo, mientras consumen las últimas llamas, las últimas caladas, sentadas a un lado de la cama, desde donde yo quiero mirarlas y atraparlas en un vaso de cristal.
Imagino que soy yo desapareciendo a la nada mortal una vez me quemen, imagino cientos de vidas que no son nada, volátiles como el día, la puta noche y el hielo.

Los zapatos de tacón negro resuenan en el asfalto derretido. Las baldosas desaparecen como víctimas aniquiladas de sus pasos desgarrados. El pintalabios color carmín tiñe sus sábanas manchadas de rojo sangre. Líneas rectas. dividen nuestra casa como meridianos imposibles y asimétricos.

—Éste será el tuyo. Lo dejo en la estantería con los otros, me dice.

Mientras tú vienes, alejándote de los cañones encendidos yo permanezco casi inmóvil en este rincón de mi vida improvisado, esperando a oír el ruido de tus pasos amenazantes en el pasado e inocentes en el presente que vivo, evitando que una legión de ingenuos que todavía no cerraron sus cuentas nos quieran arrebatar nuestros besos. ¿Hoy? ¿Cuántas mentiras sobre el papel? ¿Cuántos números habré marcado para llenar y anular esta vida vacía?
Oigo el timbre, será Angelina. Hoy es rubia, mañana morena, será Amalia, Amarantine, Basilia, Carla…serán ellas…

—Te he dicho que me no me beses en la boca, en la boca no maldito.

—Soy puta, pero no beso.

Los números están emborronados. ¿Cuánto es? Bajaré al quiosco a comprar besos de goma.

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