AnsioProtagonista

AnxietyPor razones profesionales, y de ocio también, suelo leer al año unas 150 novelas más o menos, narrativa de no ficción, quiero decir. Pero que nadie se asuste. Cuento esto porque desde el año 2014 observo como los personajes de las tramas que leo (la mayoría novela negra y ciencia ficción), lo que decía, observo, como los personajes dueños de sus autores o no, personajes y meta-personajes de todo tipo: humanos, fiscales, ladrones, hombres, mujeres, policías, investigadores, amantes, criminales, gente normal que camina, etc., cada vez más, aparecen, dependiendo de las benzodiazepinas. Éstas son medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes (Xanax, Valium, Trankimazin, Ambien, Orfidal, Ativan… por citar algunos). Por ello se usan las benzodiazepinas en medicina, para la terapia de la ansiedad, insomnio y otros estados afectivos, así como las epilepsias, abstinencia alcohólica y espasmos musculares. 

ANSIOL-1El equipo de redacción del blog el cuento del loco está realizando un exhaustivo trabajo de re-lectura y documentación que quedará reflejado en un artículo analítico sobre este elemento narrativo que no nos sorprende pero sí nos llama la atención, porque la ficción siempre es el alma espejo de esta sociedad. Y la ficción, sea negra o rosa o amarilla siempre es el fiel reflejo del realismo social. Y el que no haya tenido que recurrir alguna vez a un ansiolítico o somnífero, o acudir al terapeuta, que levante la primera piedra, pues. También dejamos este post abierto para que quien quiera pueda aportar el nombre de una novela que haya leído y se haya encontrado algún personaje como los que hemos descrito. Muchas gracias. Todas las aportaciones se tendrán en cuenta y se incluirán en el artículo.

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«La casa de hojas», de Mark Z. Danielewski, Alpha Decay, Pálido Fuego.

la casa de hojas

 

—Si una novela comienza así, sólo puede ser una obra maestra.

Todavía tengo pesadillas. De hecho, las tengo tan a menudo que ya debería haberme acostumbrado. Pero no. La verdad es que nadie se acostumbra a las pesadillas.

Durante una temporada probé todas las pastillas imaginables. Cualquier cosa con tal de refrenar el miedo. Excedrin PM, melatonina, L-Triptófano, Valium, Vicodin y bastantes miembros de la familia del barbital. Una lista bastante extensa, frecuentemente mezclada —y a menudo ahogada— con tragos cortos de bourbon, unas cuantas caladas a la pipa de agua de esas que te escuecen en los pulmones y a veces el efímero subidón de confianza de la cocaína. Nada me sirvió. Creo que puedo dar por sentado sin miedo a equivocarme que todavía no existe ningún laboratorio lo bastante sofisticado como para sintetizar la clase de fármacos que yo necesito. Premio Nobel para el que invente a esa criatura.

Fragmento de la novela «La casa de hojas», de Mark Z. Danielewski, Publican Alpha Decay y Pálido Fuego.

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