(Sub)titulado.

Suciedad, dinero, mentiras, vanidad, corrupción, cadáveres, anarquía, notas de suicidio, viandas, pobreza, caminos, finales, caos, autodestrucción, ideación, acción…odio, miedo, y miedo, y miedo, y terror, y recuerdos… (todo explota, tarde o temprano, todo tiene un final).

Recuerdo, como una película desfragmentada, aquellas oscuras habitaciones, espacios microcósmicos invadidos por seres prisioneros, que éramos (y somos). Queríamos escapar, salir, pero cuando la vida te ha estallado en las manos sólo puedes ser una expiación de ti mismo. Y eso es un regalo y, a la vez un castigo, un látigo serigrafiado en tu espalda aunque no tengas cuerpo y tus miembros hayan perdido toda sensibilidad. No somos.

En aquel lugar, en este momento, en aquella memoria, en el pasado, en el presente, en lo que llaman futuro, en todo esto, en el ya imposible ejercicio de vivir, alguien ha cortado las correas de las persianas y las ha utilizado para atarnos a su antojo, y ya no hay luz y todo es odio, y nada es azul (los colores de la trilogía se disuelven), y su perfume, que se cuela por algún resquicio desconocido de esta celda le da asco, porque le devuelve a su falsa infancia, a circos con payasos de luto, equilibristas desnucados y elefantes moribundos; a salones con ceniceros rotos, sillas de tres patas, donde todo es impar y la lógica es un algoritmo de fantásticos números primos (13).

Pero ya es tarde, la premura, el abismo; él, ahora herido de muerte, fantasea con conocer a su propio yo, al muerto que no ignora.

Dibuja acantilados, precipicios y también principes, principes imaginarios que recuperan algo de vida en esos antiguos cuadernos robados donde también dibuja fractales y combinaciones aleatorias de números y anagramas. Dibuja el caos para colorear la vida.

Papeles blancos para notas, amarillos para divorcios, negros para curar, verdes para mentir, azules para hacer poemas.

Papel blanco para el llanto, rojo para los culpables, sepia para los mentirosos, azul añil para los verdugos y morado para el penitente, porque la muerte es violeta.

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BLANCO

Dejadme entrar, apestáis. ¿Nadie me indica el camino? No puedo ver entre tanta gente. Si os apartáis mejor. Yo por lo menos puedo hablar. Vosotros, ocultos detrás de un cigarro y una copa, no tenéis nada que decirme.
Llevo toda la noche detrás de ti. Al fin te encuentro. Me dijeron que quizá estarías en este lugar. Hoy no tienes a nadie que te pague la cuenta. Solo yo. Pero no pienso pagar. No he venido a eso. Estoy aquí porque soy tú.
¿Qué haces? Dibujada entre el humo y el calor ficticio. Abarrotada de palabras. Emergida de las sábanas de algún mortal recluido en el olvido. Sola entre tantas mujeres. ¿Quién te ha dado esta mierda?
Veo que te has quedado sin guardián y buscas refugio entre los malditos. No puedes abrir los ojos que te estallan. Veo que has vuelto a encontrarte con ellos. Con los dueños del amanecer y enfermeros de las desgracias ajenas.
Llevo toda la noche detrás de ti. Es difícil reptar por estos laberintos. Me dijeron que me darías la mano. Pero primero tenía que encontrarte. ¿Me la das?
Estás oculta, has perdido la sonrisa y pareces un mimo sin calle en la que detenerte. Aquí hay demasiado humo para que nos miremos a la cara, para que me cuentes que crueles son los baños en los que descansas y buscas el papel y las mentiras que te prometen silencio. No te escondas, te he visto salir. La puerta ha gritado, te ha vomitado de aquel baño repleto de falsa vanidad, del baño donde la felicidad es un trozo de papel pintado de blanco.
Llevo toda la noche detrás de ti. Alguien me dijo que no tenías dinero para saldar la cuenta de tus lamentos.
¿Cuántos días llevas aquí? No me importa. Ya he vuelto. Ahora necesito que te olvides de los suicidas de ilusiones, de los fabricantes de saldo, y de los infames valientes que te consumen en el blanco de un baño a cambio de nada.
Malditos, dejadla. Dejadla que vuelva a ser el blanco de otras miradas. Esta noche se viene conmigo. Necesita descansar. Me la llevo a pesar de vuestras plegarias olvidadas. Me la llevo para siempre. Si mañana vuelve no la conoceréis. Irá toda vestida de blanco (quizá a juego con la muerte, o con la vida)
No existirán planetas desolados ni conspiraciones estelares.
Dejadme salir.

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