La vecindad de la muerte.

Decía Cioran aquello de que «La muerte es la conclusión de una locura», o de la locura, o de la vida, o de uno mismo. ¿Qué sé yo? Nadie sabe en qué concluye nada, y mucho menos eso que llaman «la muerte». No sabemos, ni conocemos, ni siquiera advertimos la lógica de su desconocimiento. Está ahí, sí, pululando, suspendida, amarga, tenue, como un precepto limítrofe al que (nadie) quiere buscarle su (praxis). Hay quien llora, quien teme, quien huye, quien desea, quien decide… Hay, pero no tenemos, no tenemos fe ni prueba. No tenemos nada, aunque miremos de reojo, aunque pretendan inventarse dogmas o ciencias, creencias o rituales. Lo inexistente no se puede demostrar pero si [acotar o envolver]. Y para eso está la vida, la materia. Es posible, dice D. que sea la conclusión o, mejor dicho, la continuación de la nada. La muerte, sí.

Cada vez que D., regresa de uno de sus viajes me presta su cuaderno de notas. Ahí puedo leer sus anotaciones a lo que él llama lugares del viento. Sé, por todo aquello que leí, que le fascinan los cementerios. Sé que visita todos aquellos de las ciudades a las que acude. Sé que allí encuentra la paz que no consigue en ningún otro espacio, ni siquiera en su guarida, aquella en la que nadie ha podido entrar. Pero esta vez el cuaderno lo ha sustituido por un regalo, una revista, sí, D. me entrega el número 5 de MÁRGENES ARQUITECTURA dedicado al Camposanto y guarda en un extraño cajón su cuaderno de bitácora.

—No preguntes, me dice. Abre y lee.

No creo ni en la vida ni en la muerte, pero sí en lo que veo, en lo que puedo tocar, o en aquello, que a través de la imagen, me transporta a una realidad posible. Este soberbio y majestuoso número 5 de la revista MÁRGENES ARQUITECTURA dedicado a la arquitectura del camposanto, cementerio, necrópolis… rebosa de luz, de paz, de misterio, de vida, sí, de vida, la misma que envuelve a la muerte con la materia creativa del hombre. Si la arquitectura tiene un (preciso) lugar, ése está por encima de cualquier creencia o religión, dogma o filosofía; si la arquitectura puede dominar los sentidos y convertir el dolor en un remanso donde la seda fluye entre los espacios y donde la geometría se alía con el ser humano para relajarlo, ése lugar, esos lugares, están plasmados, fotografiados y documentados en este monográfico: la muerte construída desde la modernidad contemporánea; la muerte como una suerte de Torre de Babel (Vertical Necrópolis, Mexico DF, Bosques de Chapultepec), donde desaparecen las barreras del éxtasis y el hedonismo; la muerte como un ritual en el laberinto geométrico de la misteriosa serenidad (Casas Mortuorias de Alhandra, Portugal)… En todas estas obras, y otras más que podréis ver en la revista, la arquitectura se convierte en materia filosófica, para desafiar al tiempo y a la tristeza, al dolor y a la propia destrucción… para desencadenar en certeras dimensiones metafísicas y demostrarnos que la aventura humana no puede ser indefinida pero si placentera. [Acotar, pues].

Vertical Necrópolis, Mexico DF, Bosques de Chapultepec. Foto cedida por la dirección de la revista para este blog.

En este quinto trabajo de esta fascinante revista la existencia (vida/muerte), ese binomio impreciso y avaricioso, se construye desde la pasión para tratar de curarnos de todos esos males que ponen precio a la vida. La soledad, el orgullo y la ausencia, mediante la cual uno se vuelve algo más, culminan en una catarsis creativa donde la muerte, integrada como elemento arquitectónico, va más allá de todo desafío, donde ésta se suma como un proyecto inteligente, supremo y cosmovital; un imperio en el que la catástrofe se convierte en olvido y nos recuerda aquello que decía Cioran: «La muerte es un crimen contra la nada». Nadie sabe cómo será el fin, pero sí podemos conocer el medio, el camposanto creado como (atalaya) entre universos paralelos (Eros y Thanatos), como intermedio entre la sinfonía del Viejo y el Nuevo Mundo… el camposanto que con elegancia e inteligencia han resucitado los creadores de MÁRGENES ARQUITECTURA en un fascinante trabajo que endulza aquello que nos asusta, que revive aquello que dejamos a un lado, que recrea lo humano para recordarnos que seguimos venciendo cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo (y en cada fotografía).

Caos, orden; vida, muerte… No se la pierdan.

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D. observa perplejo mi asombro, mi éxtasis visual.

—¿Lo entiendes ahora?, me pregunta.
—Esta vez no te di el cuaderno, porque ahí tienes las imágenes que dan vida a esas palabras que tanto te gustaba leer.

 

Puntos de venta de la revista MÁRGENES ARQUITECTURA


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OPACIDAD

Hoy, temor; hoy me hiere, este día, que no acaba.

Hoy, huidizo ya, te detesto, te odio con toda mi rabia,
te maldigo y te condeno.

Y no soy nadie, pero tú sí, tú…

…hoy, el día, este tramo, jornada, o como quieras llamarte.
Desgraciado día del calendario. Impreso en falso papel, cuentas corrientes,
balances, avisos, alarmas, correos, pantallas, valores, mierda que cubre el valor
sin aval humano.

Has sido infiel, inclemente, violento, abismal, me has vuelto la cara,
me has odiado. Te pido permiso para odiarte, yo, que soy pieza de arena, vetusta cerámica, débil sonido del vértigo.

Lo escuché, iba impreso en tus palabras, en la sordera de tus cifras,
en la angustia, ese milimétrico hilo de sinfónicas y rítmicas turbulencias…

Quiero desaparecer de ti, de tus horas, de tu espacio, de todas tus dimensiones.
Arrancar mi rabia como una araña maléfica y arrebatarte el calendario.

Hoy quiero morir, destruir, gritar, correr, mirar, vivir, amar, soñar.
Todo esto no es posible. Lo sé. Todo en sí es un agujero, negro, opaco…

Me consume la fiebre que invade el intruso culpable que es mi ser.
El vapor de nuestros cuerpos es un incendio que se ocupa de mis paseos…
Me da la mano, que arde y estalla y me deja la angustia,
que corroe este enfermo de invierno, esta muerte de verano,
esta rabia corrompida, este temblor que es mi carne ensangrentada.

Nadie conoce cuchillos.
Nadie naufraga.

Sé que tienes rostro de madrugada, de blanco anacrónico.

Calor, muerte, no vida, sábanas, luz de amanecer, persianas atascadas, sueño sin imágenes… Opacidad.

Me consuelo con esperar a mañana. Pero si después, la realidad es algo parecido al abismo, quizá soñemos con poder ver la luz.

Hoy.

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Maravilloso (Infierno) Sostenido.

 

Hoy más que nunca, Gavieros.

 

LA VIE… C´EST UNE BONNE IDÉE

Siempre queda un viaje por hacer,
besarte en un espejo,
pasear bajo la lluvia sin paraguas,
esconderme con un libro en ningún sitio,
tomar una caña y un verano,
dormir despierto y no soñarme,
cazar un instante con los dedos,
leer un cuento a Paola,
fingir que soy quien soy,
dejar la sombra con resaca,
tragar un lunes descosido,
esperar un gol en el último segundo,
asaltar el banco del olvido.

Siempre queda algo por hacer:
prender fuego a la miseria
y fumar sus cenizas.

La vida… Es una buena idea.

 

Óscar Santos Payán: «Infierno sostenido», El Gaviero.

 

Hoy más que nunca:

Ana, Pedro, Luna, Lua, Óscar, David…

vida

Vida

Vida

Vida

Vida

Vida


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SUPLEMENTOS

Foto: Mar Martínez Roldán

 

despertar cada mañana
intuir tus miradas
donde descansa la misma camisa sucia
los zapatos limpios
el agua contaminada
que llega por las vías respiratorias
a esta vieja bañera con restos de arena

nos abrazaremos al silencio
en el que viven las mentiras
que cada noche cenamos y compartimos
tan cerca de la distancia que nos separa

distancia es amor
amor es falso

y en los crucigramas de domingo
nunca aparece esa palabra
que no es miedo
ni tampoco amor
esa palabra
capricho de la mudez

 

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BLANCO

Dejadme entrar, apestáis. ¿Nadie me indica el camino? No puedo ver entre tanta gente. Si os apartáis mejor. Yo por lo menos puedo hablar. Vosotros, ocultos detrás de un cigarro y una copa, no tenéis nada que decirme.
Llevo toda la noche detrás de ti. Al fin te encuentro. Me dijeron que quizá estarías en este lugar. Hoy no tienes a nadie que te pague la cuenta. Solo yo. Pero no pienso pagar. No he venido a eso. Estoy aquí porque soy tú.
¿Qué haces? Dibujada entre el humo y el calor ficticio. Abarrotada de palabras. Emergida de las sábanas de algún mortal recluido en el olvido. Sola entre tantas mujeres. ¿Quién te ha dado esta mierda?
Veo que te has quedado sin guardián y buscas refugio entre los malditos. No puedes abrir los ojos que te estallan. Veo que has vuelto a encontrarte con ellos. Con los dueños del amanecer y enfermeros de las desgracias ajenas.
Llevo toda la noche detrás de ti. Es difícil reptar por estos laberintos. Me dijeron que me darías la mano. Pero primero tenía que encontrarte. ¿Me la das?
Estás oculta, has perdido la sonrisa y pareces un mimo sin calle en la que detenerte. Aquí hay demasiado humo para que nos miremos a la cara, para que me cuentes que crueles son los baños en los que descansas y buscas el papel y las mentiras que te prometen silencio. No te escondas, te he visto salir. La puerta ha gritado, te ha vomitado de aquel baño repleto de falsa vanidad, del baño donde la felicidad es un trozo de papel pintado de blanco.
Llevo toda la noche detrás de ti. Alguien me dijo que no tenías dinero para saldar la cuenta de tus lamentos.
¿Cuántos días llevas aquí? No me importa. Ya he vuelto. Ahora necesito que te olvides de los suicidas de ilusiones, de los fabricantes de saldo, y de los infames valientes que te consumen en el blanco de un baño a cambio de nada.
Malditos, dejadla. Dejadla que vuelva a ser el blanco de otras miradas. Esta noche se viene conmigo. Necesita descansar. Me la llevo a pesar de vuestras plegarias olvidadas. Me la llevo para siempre. Si mañana vuelve no la conoceréis. Irá toda vestida de blanco (quizá a juego con la muerte, o con la vida)
No existirán planetas desolados ni conspiraciones estelares.
Dejadme salir.

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