SOY TAN BLANCO QUE CUANDO PALIDEZCO DESAPAREZCO
IÑAKI ECHARTE VIDARTE
Ediciones Vitrubio, 2011.

«Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco», de Iñaki Echarte Vidarte es sin duda un fascinante poemario, uno de los grandes, un conjunto inolvidable de poemas con alma y vida, pero en su lectura, en su proximidad innata presumes que tiene algo más, tiene la medida exacta y necesaria de sentimientos, hondura y genio para convertirse en una experiencia pasional y desgarrada, en una biografía de su vida: la de Iñaki, supongo, y la de muchos, adivino. Quizá ese prisma cotidiano, esa segunda lectura donde cabe lo más agudo de la vida, donde a uno [siempre] se la juegan y donde la soledad se viste de blanco todas las mañanas, sean lo que lo hace distinto a muchos otros poemarios y lo que lo convierte en puro, en personal, y a la vez en un código de sentimientos en un mundo donde ya casi ni se sabe mirar; pero sus poemas son eso: miradas, instantes, caminos, ventanas, días, son mucho de él y de [otros].
Escribir poesía es fácil, pero transmitir lo que uno tiene por dentro, hacer que el lector sienta lo que esta leyendo y se parta en pedacitos de tristeza y felicidad no es fácil. Pero Iñaki lo consigue, hace que este libro sea diferente, que te marque y se te meta por dentro y te agarre con fuerza, con la fuerza de la palabra vívida. En definitiva, eso es la poesía, la difícil.
Sus poemas son aquellos que por lo menos a mí me hubiera gustado escribir, por eso se hacen más grandes, porque sabes que por allí también hay gente que sufre como tú, que llora, que se asusta, que teme, que vive, que roza con las cosas cotidianas y escucha, más tarde, los sonidos muertos e hilarantes de la noche, donde el insomnio también quizá sea blanco o negro o no tenga color, pero sí palabras que sabes rendidas a la capacidad de transmitir lo que mutila cuerpos y corazones, almas y pecadores: los sentimientos.
Iñaki se pasea por su vida, por sus mañanas, tardes y noches. Sale en cada palabra y se desnuda en todo el verso. Compone con lentitud un mundo coral y humilde, personal también, por qué no, donde descifra aquello que nos desespera, nos angustia, aquello que cada jornada nos hace un poco víctimas de ese «Madrid»
que es una sombra que anida en mi alma
En esta obra hay vida, dolor, amor, desamor, tristeza, felicidad, idas y venidas, miradas, ausencias, presencias, soledad, hay mucho de todas aquellas cosas que solo nos atrevemos a contar con palabras, con palabras que cobran vida en cada escenario de los días de Iñaki, el mismo en el que juega con la fuerza de los ojos y el coraje de seguir adelante a pesar de tantas cosas. Iñaki, en su universo pasado y quizá futuro también, nos pasea por Alrededores, luego nos lleva a Madrid, donde Encuentra y Pierde para después dejarnos algo de [sí mismo] y despedirse con la Última carta:
Esa que dice:
A ti.
Si, a ti.
A ti, que sonríes con mis ocurrencias.
A ti, que me agarras por los hombros.
A ti, que te imagino como yo.
A ti va dedicada esta lenta misiva.
Para que me mires a los ojos
y te quedes así toda la eternidad.
Sólo para eso.
Nada más te pido.
Después podrás marcharte
como siempre ocurre
y olvidarme.
Imposible olvidar durante mucho tiempo el festival de literatura que nos deja Iñaki. Imposible olvidar cuando dice, recita:
¿He llorado, en realidad, alguna vez?
Yo sí, sí he llorado.
He llorado leyendo tus versos.
Gracias (por el talento).
De venta en:





